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Archive for the ‘INVASORES’ Category

Primer culo en Magia Critica: el simbolo de ummo en MisaYo no sé cuántos lectores habrán oído hablar del planeta Ummo.
Me cuesta resumir un caso al que sigo embrujado desde 1981. Mi amigo, el abogado José Juan Montejo, cuenta la historia con detalle. Ahora, si yo tuviese que escribir la entrada respectiva para un diccionario, sintetizaría el llamado affaire Ummo como la historia de las relaciones entre unos supuestos seres que afirmaron haber llegado desde ese astro, en órbita alrededor de la estrella Iumma (identificada con nuestra Wolf 424), y sus corresponsales terrestres, en su mayoría ufólogos españoles (sin contar seis argentinos, varios franceses y un italiano).
Según cuentan ellos mismos, la avanzada ummita descendió cerca de la población de La Javie, Francia, el 28 de marzo de 1950, dispersándose luego hacia diversos puntos estratégicos de la Tierra. El grupo expedicionario recién estuvo listo para entrar en contacto con la Humanidad quince años más tarde, cuando un grupo de aficionados a la ufología y las ciencias ocultas, reunidos semanalmente en el madrileño Café Lion alrededor del contactado Fernando Sesma, empezó a atender las llamadas telefónicas y luego a recibir decenas y decenas de informes técnicos donde los embajadores de esta raza extraterrestre (ya que era una entre varias) exponía su historia, ciencia, filosofía y daba una increíble serie de instrucciones a los ufólogos, ya puestos al servicio de la causa ummita.

San José de Valderas, 1967“NO NOS CREAN”. El sello de autenticación de cada carta era el símbolo Ж, enmarcado en una especie de huella digital, acaso un gesto de sacrificio: la yema de los dedos de los ummitas era tan sensible que dictaban las cartas a un mecanógrafo terrestre. Su lema, reiterado hasta el hastío, era: “No nos crean”. Y a veces seguían: “Acojan con desconfianza estos conceptos y muéstrense incluso escépticos ante los oemii (hombres) no familiarizados con su ciencia, pero no destruyan estas hojas impresas”, dado que éstas constituían “el precedente histórico de las relaciones primigenias entre nuestras dos redes homínidas”.
Pronto, una sorprendente secuencia de pruebas reforzaría la credibilidad de los corresponsales invisibles. En febrero de 1966, un diario español dio cuenta del aterrizaje de un ovni en Aluche, en las afueras de Madrid, que dejó marcas en el suelo y exhibió la insignia que estaría indeleblemente asociada al misterio: el testigo, un tal José Luis Jordán, había descrito que el aparato poseía en su panza un símbolo similar al de Ummo. En el Café Lion revivió la pasión: los ummitas habían anticipado el avistamiento. El 1 de junio de 1967 fue el acabóse: otro platillo ilustrado con el icono ummita sobrevoló el barrio madrileño de San José de Valderas y sus evoluciones fueron profusamente fotografiadas (por testigos tan anónimos como los ummitas, pero aquí lo dejo: prometí no entrar en detalles). En suma, el fervor por Ummo se expresó en una pila de libros del veterano escritor Antonio Ribera, autor del célebre Un caso perfecto (centrado en las postales de Valderas), y en varios encuentros alentados por los propios ummitas, el más espectacular de los cuales fue el celebrado en 1980 en Alicante bajo el título “Jornadas Conmemorativas y de Estudio del Planeta UMMO”.

Jose Luis Jordan PenaUMMO CONFUNDE A LA TIERRA. Algunos consideran que la intromisión de Ummo en los asuntos terrestres concluyó en 1993, cuando José Luis Jordán Peña (izquierda), aquel testigo en Aluche, contertulio en el Café Lion y luego cofundador de la Sociedad Española de Parapsicología, confesó haber sido autor del fraude.
Pero la odisea ha continuado. Las declaraciones en las que Jordán Peña se atribuye el embrollo cósmico sufrió algunas contramarchas (“cuidado, soy un sofista profesional”, me dijo una vez). Pero años antes de que su verborragia explotara sobraban indicios (expuestos por Félix Ares de Blas, Carles Berche, Javier Sierra y el propio Montejo) que lo dejaban con el culo al aire.
Hay versiones más escabrosas, pero Jordán Peña suele contar que decidió reivindicar sus derechos intelectuales de la saga cuando supo que la influencia de su creación había llegado muy lejos. Me dijo que se escandalizó cuando, a mediados de los ochenta, supo que Eduardo Eddie González Arenas, líder del grupo Edelweiss, tatuaba el símbolo ummita con una yerra al rojo vivo y abusaba sexualmente a sus jóvenes seguidores (Eddie acabó degollado por una de sus presuntas víctimas en 1998). También me contó que afectó a su sensibilidad saber que el ufólogo catalán emigrado a la Argentina y ex piloto de guerra durante la Segunda Guerra Mundial de la Real Air Force, Luis Anglada Font, murmuró sus últimas palabras en ummita. Había sido uno de los receptores de las maquiavélicas cartas.

Sesma en La Ballena Alegre, Cafe Lion (documento de Hilde Menzel)CÁLLATE, BENÍTEZ. Pese a la confesión de Jordán Peña, las ilusiones de los ummoadictos nunca se disiparon por completo: a muchos entusiastas les cuesta aceptar que una sola persona fuese capaz de construir, casi con la única ayuda de los promotores del mito, un “experimento” que estuvo a pasos de constituirse en culto. Es que Jordán Peña, con escasa voluntad para demostrar sus afirmaciones y muy dado a jugar con sus entrevistadores, siempre podía ser “el hombre de confianza” de los visitantes. Algo así insinúa Juan José Benítez, en El hombre que susurraba a los “ummitas”, título inspirado en las experiencias de aquella hermosa persona que fue Rafael Farriols. En ese libro, tal vez el peor de los cincuenta que lleva publicados, Benitez concluye: “Aunque no acierto a comprender la intencionalidad, después de lo averiguado, hay algo seguro (para mí): los manipuladores del asunto ‘Ummo’ han sido, a su vez, manipulados. Los humanos han movido los hilos de los humanos sin saber que ellos eran marionetas de los ‘NO HUMANOS’” (he respetado la pavorosa redacción del original).
Luis R. González pulveriza en 19 páginas escritas en letra pequeña las aniñadas falacias del escritor navarro. Sospecho que no era para tomarselo a la tremenda: si yo fuera un tenaz creyente en la realidad alienígena de los ummitas, le hubiese suplicado a Benítez que jamás publicara semejante bodrio.
Sin embargo, lo más fabuloso de Ummo no es si somos realmente manipulados por extraterrestres, si fue un fraude elaborado por Jordán Peña o por interpósitas personas, sino que -alrededor del símbolo y cuarenta y cuatro años después- los seguidores del asunto aún debaten la cuestión con sincero apasionamiento.
Es decir: Ummo sigue entre nosotros.

Agostinelli y Adal Ujvari, 1982DE 2001 A CAÑUELAS. Entre nosotros los argentinos, por ejemplo, los ummitas se expresaron en el entusiasmo de un joven investigador, Adalberto Ujvari, un estudiante de Ciencias de la Comunicación residente en la bonaerense localidad de Florida que, a comienzos de los ochenta, recorrió Europa en pos de verificar el contenido de los informes. Durante su aventura, me dice, no aprendió tanto sobre Ummo. Pero sí sobre asombrosos aspectos de la sociología, la geografía y la naturaleza humanas que, sin Ummo, jamás hubiese aprendido. 2001, periodismo de anticipación, una revista preciosa (publicada entre fines de los sesenta y comienzos de los setenta por Enrique Llanas, Alejandro Vignati y Eduardo Azcuy, entre otras plumas de la época), dedicó a los ummitas una portada gloriosa y no una, sino varias notas. Tal vez algún ejemplar de 2001 fue a parar a manos de Carlos Eduardo Jerez, un curandero que erigió en la localidad de Cañuelas, provincia de Buenos Aires, un enorme platillo volador estacionado frente a un caserío que llamó “planta de investigaciones”. Allí, Jerez recibió a miles de enfermos terminales a quienes prometía una “cura milagrosa” gracias a una tecnología médica importada de Ummo.
Los rastros de Ummo en la Tierra no terminan aquí. Sigo.

Herikberto Muela. Fuente: diario El MundoINTENSIDAD. Durante veinte años, en el más puro silencio, el artista plástico gallego Herikberto Muela Quesada escribió un ensayo de 500 páginas donde ha desarrollado una “teoría de los diseños coincidentes o de la convergencia adaptativa”, ha derivado de ella una novela titulada El hombre del traje blanco, y ha concebido un frondoso catálogo conformado por seiscientas especies alienígenas que bocetó con precisión extrahumana. Antes había trabajado con expertos en FX de La guerra de las galaxias y de Alien, el octavo pasajero, y luego su búsqueda estética derivó al comic. Pero su interés por otros mundos surgió a partir de una fijación de su padre, Franco Muela, por los seres de Wolf 424.
Allá por 1995, Herikberto fue invitado a un selecto cónclave de ummólogos donde estuvo Jordán Peña. Tras disculparse por la interrupción, se puso un antifaz de El Zorro y leyó una carta en homenaje a su finado padre, artista como él y violinista. “Algunos textos sólo podrían haber sido escritos por un sádico”, aseguró. Sólo así se explicaría que las cartas hablasen de “una dictadora ummita adolescente que disfrutaba con el sufrimiento de sus víctimas”. La emperatriz ummita ordenó viviseccionar a Ummowoa, profeta asimilable a la figura de Cristo.
El antropólogo Néstor García Canclini define a estos cruces, interculturales o intergeneracionales, culturas híbridas.
Para mí son ejemplos de intensidad.

Ummo en LostDE LOST AL CULO DE MISA. Otros rastros de Ummo en la Tierra hablan de una mitología que tiñe la cultura popular como una mancha de tinta en un delantal. Allí está el logotipo ummita grabado en un árbol en el episodio 16 de la tercera temporada de Lost. Juliet Burke, parte de la cofradía de Los Otros, también luce un tatuaje ummita en la piel (aunque otros lo ven más parecido al emblema de Cienciología).
¿Quieren ejemplos más cercanos? Durante años funcionó en Palermo y San Isidro la cadena de restaurantes Ummo. Su huella persiste como Ummus (aunque sólo en San Isidro). Sigue llamándose Ummo en Santiago de Chile, en el barrio Providencia, pese a que el cheff haya emigrado a San Juan de Puerto Rico, donde prepara sus banquetes galácticos en el Ummo Argentinian Grill. No sorprende, pero causa gracia, escuchar en la web un tema del Gotan Project, con la locución de Fabio Zerpa.
Ummo también vive entre telas, dedales y tijeras: el diseñador de indumentarias argentino Marcelo Ortega identificó a sus productos con la marca UNMO. Si bien cambió la primera consonante, explica que su marca tiene que ver con “la fuerte influencia literaria de ciencia ficción, y obsesión por el futuro, sobre ovnis y alienígenas”. Además, aclara que Ummo es “un lugar que está en el límite entre la literatura fantástica y la investigación”. Perfecta capacidad de síntesis la del modisto.
MisaMatías Morey Ripoll descubrió otro morboso rastro ummita. Se advierte en la nalga izquierda derecha de la Pampita canadiense, la modelo Misa Campo. “Ya me explico por qué nunca he descubierto a ningún extraterrestre. Yo me fijaba en el meñique”, acotó el ingeniero en Telecomunicaciones Manuel Borraz Aymerich.

Un problema de los ufólogos, que alcanza incluso a los escépticos, es que no ven más allá. Les cuesta ver fuera del alcance de los ojos.

Agradecimientos: A Juan José Montejo, Juan Pablo González, Enrique Márquez y Matías Morey Ripoll (Lista Anomalist).

Enlaces

UMMO-Ciencias. Sitio en español dedicado al asunto UMMO

Benítez, J.J.: El hombre que susurraba a los “ummitas” (Planeta, 2007). Leer la crítica de Luis R. González, en la web de la Fundación Anomalía.

Dos imperdibles intervenciones de Herikberto: una en Youtube y otra con Buenafuente.

Aconsejo ignorar (o corregir, si alguien sabe cómo hacerlo) la desastrosa entrada de Ummo en Wikipedia.

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Francisco García, el contactado que en 1973 predijo un aluvión de ovnis en Chascomús (atrás, Javier Alfonsín, hijo de don Raúl).Una de las historias que investigué con más entusiasmo para Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Sudamericana, 2009) fue la profecía de Francisco García, un contactado que decía ser “comandante de las fuerzas de Marte en la Tierra y marciano por parte de madre a nivel de la tercera reencarnación”. En 1973, García revolucionó a la localidad de Chascomús, provincia de Buenos Aires, y a la audiencia de Canal 13, cuando anunció que el contacto con los marcianos era inminente. “El próximo sábado, cincuenta platos voladores van a descender sobre la Laguna de Chascomús. No serán cuarenta y nueve ni cincuenta y uno, sino exactamente cincuenta platos”, dijo García el 16 de agosto de 1973 a Víctor Sueiro en Teleshow, un programa de entrevistas que compartía con José de Zer, entre otros.

La profecía de García falló y la historia hubiese podido terminar ahí. De hecho, don Alfredo D’Alessandro, por entonces socio del Club de Pesca y Náutica de Chascomús, despachó el asunto en poco más de dos minutos:

Ese capítulo de la ufología argentina, titulado Mi marciano favorito, iba a quedar inédito: ante la imposibilidad de dar con indicios de Francisco García, me propuse reencontrar y visualizar los archivos de las diferentes emisiones de Teleshow, que se ocupó del tema durante una semana, antes de poner manos a la obra; pero ni Canal 13 ni los principales documentalistas porteños sabían nada de aquel rodaje. Una luz de esperanza asomó cuando Sueiro me dijo que guardaba algunas cintas y podía mostrármelas. Lamentablemente, el periodista falleció antes de reunirnos y su familia no tuvo suerte cuando buscó el preciado material.
Casi sin darme cuenta, la reconstrucción de la odisea marciana había comenzado. Aparte del propio Víctor Sueiro, entrevisté a varios protagonistas secundarios (Adalberto Ujvari, José Eduardo Bonavita, Luis Urruti, Alfredo D’Alessandro, Abelardo Tejo y Juan José Castro, entre otros) y visité Chascomús para imaginar lo que menos posible lo que debió ser “la escena del contacto”. Luego logré hallar al legendiario Normando Anuar Busefi, otro profeta de extracción peronista –hoy internado en un neuropsiquiátrico- que respaldó el vaticinio de García y cuyo derrotero y destino merecieron un amplio despliegue en el libro.

También intenté reflejar el clima de la época: poco antes había vuelto a la Argentina el general Juan Domingo Perón, se produjo la masacre de Ezeiza, Estados Unidos huía de Vietnam del Sur, en Chile crecía el fantasma del general Augusto Pinochet, las sondas Pioneer partían al espacio profundo con un mensaje a posibles extraterrestres, la revista 2001, periodismo de anticipación era rebautizada “periodismo de liberación” y el diario Clarín comenzaba a publicar El regreso de Osiris, una novela gráfica de Alberto Contreras que mezclaba ciencia ficción, ufología y religión.
En Mi marciano favorito intenté poner en perspectiva a los profetas que prometen grandes revelaciones sobre realidades extraterrestres. Pero, también, quise mostrar cómo actúan los diversos actores antes, durante y después de la instancia de agitación social que causan estos pronósticos. Y que -cuando la profecía falla- poco se gana “apaleando” al profeta: el ensañamiento supone ignorar que siempre hay visionarios rondando por ahí y que, si tienen alguna influencia, es gracias a los periodistas, ufólogos, aficionados y, por supuesto, empresas periodísticas a las que “tanto les interesa” mantener al público bien informado. Ironía ésta que captará el buen lector de Invasores.

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“No podemos ser tan egocéntricos para creer que somos los únicos seres inteligentes en el universo”. Cuando alguien dice esta frase simula improvisar una genialidad única. Pero la oí trillones de veces. “No podemos ser tan egocéntricos para creer que, si existieran otras inteligencias allá afuera, les interesará conocer a una especie tan egoísta, belicosa y poco inteligente como la nuestra”. Esta otra idea es menos frecuente. Pero ya es un lugar común entre escépticos, herejes y bienpensantes. Tanto se ha extendido que quizás inhibe a formular hipótesis imaginativas pero plausibles. Un par de ejemplos rápidos; si una civilización de otro sistema solar detectara signos de tecnología en la Tierra, ¿cómo llegarían hasta aquí? Y si llegasen, ¿cómo se verían ellos? ¿Serán humanoides, por una inconcebible carambola evolutiva, o acaso es más probable esperar robots o ciborgs  (por aquello de que el viaje interestelar prefiere cuerpos perdurables)? Éstos conceptos son muy terrestres, claro, pero por ahora no queda más remedio que tomarlos, dado lo poco que sabemos del razonamiento y la ciencia de hipotéticos  visitantes alienígenas.
Obama The Truth

LA CASA BLANCA Y FUNES LO SABEN. Gracias a la amplia diseminación de conjeturas científicas -provistas por la ciencia ficción y la ciencia popular-, hay un imaginario compartido donde parecen cuajar especulaciones que en otros tiempos hubieran sido consideradas imposibles. Trece millones de espectadores pendientes del estreno del primer capítulo de la remake de V, o la receptividad pública de golpes de marketing como The Fourth Kind, prueban que los alienígenas aún fascinan a las masas. Por otro lado, la red ha masificado la vertiente milenarista de la promesa exobiológica, y millones de almas -que tomaron al pie de la letra rumores de Internet- aguardan impacientes la conferencia donde Barack Obama revelará la verdad de los ovnis; o que el padre jesuita cordobés José Gabriel Funes, el astrónomo del Vaticano, hará patria y desclasificará los archivos secretos sobre los extraterrestres -que bien podrían tener a su propio Cristo high-tech.
Quienes esperábamos un siglo XXI despejado de una exagerada ilusión de la venida E.T. nos llevamos un chasco: la expectativa social se ha desbordado. El clima de invasión no cede.

alien ciborgSONDAS AUTOREPLICANTES. Algunos canales de televisión capitalizan ese entusiasmo persistente a través de documentales muy recomendables. Un ejemplo de ello es el que doy arriba, la serie Sci-Trek (Discovery Channel, 2009). Los herederos de Carl Sagan (Michio Kaku, Seth Shostak y Douglas Vokoch, entre otros) abordan la posibilidad de las visitas extraterrestres a partir de una conjetura del genial físico John von Neumann: “¿No deberíamos esperar que una multitud de sondas inteligentes autoreplicantes estuvieran propagándose por el cosmos?”. Kaku, en sintonía con el espíritu de los reptiles enfundados en piel humana, pregunta: “¿Acaso las señales que enviamos al cosmos no alertarán a criaturas hostiles?”.
Archivos desclasificados del padre Segundo Benito ReynaROSETTA UFOLÓGICA. Los telescopios espaciales buscan cuerpos celestes semejantes a la Tierra y analizan miles de millones de píxeles de exoplanetas probablemente desolados. Pese a la fe que le tengo a la ciencia y a la tecnología, sigo preguntándome si la verdadera piedra de Rosetta cósmica no estará en algún oscuro repliegue de la subcultura ufológica. No, no me refiero al ingente dossier de videos o fotos de mala muerte que pueden mostrar cualquier cosa, sino a ornamentos culturales de más compleja comprensión. Por ejemplo, el por qué de una versión del Martín Fierro en varkulets, elaborada por Eustaquio Zagorski, un sastre de Avellaneda que, allá por los sesenta, tradujo la obra cumbre de la tradición gauchesca a un idioma ganimediano a pedido del padre Benito Segundo Reyna -jesuita y cordobés como Funes, el astrónomo del Papa.
CONSPIRE MACHINE. ¿Tiene forzosamente algún significado todo esto? Si alguien cree que las superpotencias económicas o religiosas celan evidencias vedadas para el resto de los mortales, entiendo que vamos a esperar sentados. Pero muchos aceptan que Obama ya conoce La Gran Respuesta. Si llegara a revelar algún Alto Secreto (algo Altísimamente Improbable), ¿por qué lo haría? ¿Por su indómita vocación por la paz mundial? ¿Porque -¡chán!- Mr. President es uno de ellos? Si a alguien sugiere alguna idea, la leeré con atención. Porque -cualquier cosa que diga o calle Obama- la máquina conspiranoica es perfecta. Se encarga de explicar hasta el silencio.

Enlaces

Sci-Trek. Primer contacto alien. (Dividido en 5 partes).

Encuesta de Invasores: ” ¿Cómo imaginarías un extraterrestre creíble”.

José Gabriel Funes “El cristianismo no debe temer la posible existencia de vida extraterrestre”.

“V” (2009) Visualizar serie desde aquí.

Primero fue el varkulets. Primer capítulo de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Sudam,ericana, 2009).

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aliens-trabajando“Yo quiero que el señor (Hermes) Binner (gobernador de Santa Fe) sea el próximo presidente”, dijo Fabio Zerpa al diario La Caspital. Ya que estaba, el actor expuso su deseo de conocer a la ministra de Educación provincial, Elida Rasino, porque “se interesa por cuestiones como la metafísica”. Marcela Isaías, cronista de La Caspital y responsable del panegírico, presenta a Zerpa como “profesor en historia y conocer de antropología y psicología” y adelanta, con flemático rigor informativo, que el ufólogo visita la ciudad de Rosario para dictar una conferencia a los docentes titulada “El saber ser en la educación del siglo XXI”, invitado por el Centro de Estudios y Formación para la Excelencia (Ceyfe), dirigido por Norma L. Demo y Elbio N. Massitti y coordinado por Liliana B. Moretto.
CONTRAPESO. Gracias al cielo, en San Marcos Sierra, Córdoba, filman Pájaros volando, la película protagonizada por Diego Capusotto. Argumento: una comunidad jipona es elegida para viajar en plato volador. Habrá mucho rock, mucha ciencia ficción, mucho cannabis y “hasta una cosa urbana naturalista”, explica el director, Néstor Montalbano. El libro -a cargo de Damián Dreizik- promete la Che ovni del siglo XXI.
El toque de comedia, por ahora, es aportado por la realidad. Mientras Binner y Rasino intentan deshacerse del yunque que Zerpa les ató al cuello, hay poco más qué decir: los lectores de La Caspital –en la sabrosa sección comentarios– editorializaron para usted.

Zerpa, Binner, Demo: vamos bien. La Argentina necesita héroes.

Enlaces

Fabio Zerpa: “Quiero que el señor Binner sea el próximo presidente de la Argentina”.

Ceyfe, el centro que auspicia el “curso educativo” de Zerpa a los docentes rosarinos.

“Che ovni”, en el blog de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina.

Gracias a Luis Eduardo Pacheco, de StratoCat, por facilitar las noticias comentadas.

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credo fsm1. Anoche estuve en una clase práctica con alumnos de Taller Escuela Agencia (TEA). Uno está ahí, tosiendo al micrófono, y los estudiantes preguntan, como en una conferencia de prensa. Bien por ellos. Por los pibes y las pibas, digo. Yo, mal. Lo de siempre: hablo, las palabras trepan por las ramas, y después ya ni me acuerdo de lo que dije. Mi cerebro debe tener algún defecto. Grave: me preguntan y un ictus amnésico se adueña de mis neuronas. ¿Será pánico escénico? Algo de eso debe haber. Y eso que pongo lo mejor de mí. La charla termina y nunca sé qué contesté. (Ok, ya va, enseguida me defiendo de mí). Hay una cosa en la que no suelo fallar. Nunca me olvido de lo que me preguntan. Será porque las preguntas son como un barómetro social y las orejas, mediomundos a la pesca de las preocupaciones subyacentes, la curiosidad vectorial que atraviesa el interés por estos asuntos a menudo irrelevantes (pero siempre reveladores). Las preguntas son un registro improvisado del conocimiento deseado. La inquietud desnuda el foco, o los múltiples focos, del morbo por lo extraño. O algo así, no sé.

2. O sí. Quiero decir: sé que anoche, en la Sala Pablo Picasso del Paseo la Plaza, los alumnos de Miguel Prenz (a cargo de Introducción al Periodismo y la Información en TEA) me hicieron más de treinta preguntas sobre los temas que acostumbro abordar en este blog, sobre las historias que cuento en Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Sudamericana, 2009), y sobre cómo se relaciona con el periodismo este pastel de cosas raras en las que tanta gente cree. Me llevaron a través del popurrí colorinche de penurias, glorias y miserias de lo inexplicado: historias predilectas, el Maestro Amor, la (inevitable) muñecopsia de Roswell, la credibilidad de los testigos, la demencia y lo paranormal, Iglesia de Cienciología, la eterna crisis de las religiones de siempre y si su fracaso es el éxito de los nuevos cultos, patrones psicológicos entre los protagonistas de encuentros con extraterrestres, por qué cree tanto en los ovnis toda esa gente que cree en los ovnis y mis propias creencias sobre estos temas. Sobre todo, eso. Y sobre todo eso, me preguntaron.  No sé si hice bien, pero creo que les hice creer que sobre algunas cosas sé. Quiero creer que me perdonarán.

3. ¿Alguna conclusión? Quedé fascinado con esos chicos, casi todos menores de veinte años. No expresaron dudas fuera de lugar y hasta hicieron preguntas imposibles de formular sin una mínima investigación previa.  Ni siquiera desentonó el interés que alguno tuvo por mi opinión sobre la existencia de ciertas razas extraterrestres. Cada vez que quisieron saber si creía o no en alguna cosa (alguna cosa en concreto, digo) respondí que me interesaban más las creencias y las experiencias de otras personas. No lo digo por zafar. Soy un firme creyente en el género humano.

4. Cuando la conferencia terminó, una chica de ojos claros me abordó. Parecía decepcionada: en su voz había un tizne de desolación. Me preguntó si nunca había vivido alguna experiencia extraña. Le dije que sí, y al parecer mi respuesta la tranquilizó. Imagino que –si no hubiese tenido ninguna- ése déficit hubiese explicado mi mar de dudas. Enseguida me aclaró que su tema es el Reiki, una práctica en la que cree, y me parece que ella -sólo ella- recibió la mejor respuesta que se me ocurrió anoche (y debió ser así porque recuerdo perfectamente lo que dije).

“Las creencias son un asunto personal. A mi nadie me preguntó por mi religión. Quiero decir, hasta ahora nadie me dio la oportunidad de hablar de mi religión secreta, basada en una deidad monstruosa que se mete en mis sueños. Pero la fe es así, es asunto de cada uno. Si yo no hablé de la mía fue porque nadie me lo preguntó. Uno puede ejercer un periodismo honesto y responsable y a la vez creer en un dios horrible”.

Ella pareció conforme. Yo también, por eso me sentí raro. Si nunca estoy satisfecho con mis respuestas ¿qué clase de satisfacción puedo proporcionar?

Los que vivimos de hacer preguntas, los que vivimos haciéndonos preguntas, somos genéticamente incapaces de dar respuestas satisfactorias.

5. Ah: mi chivo. No me quiero poner melodramático, pero busco candidatos -en lo posible estudiantes-, interesados en tomar la posta. No prometo gran cosa, sólo hablo de heredar en vida. Lo más complicado: convencerlos de que vale la pena. ¿Habrá algún postulante?

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Si ves una vaca volar, creéme es el título del capítulo de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina dedicado a explorar la oleada de mutilaciones de ganado que azotó a nuestro país en 2002. Aquella historia es una historia sobre muchas otras historias. Salvo la del paisano a quien un plato volador hurtó el teléfono móvil (el caso de Raúl Dorado, protagonista del capítulo Fuera del área de cobertura), la saga de las vacas mutiladas no proporcionó ninguna Gran Historia. Quiero decir, no encontré a nadie que jurase haber visto a un chupacabras mientras abducía una vaca, casos como el de la señora turca a la que se le cayó una vaca encima, o episodios parecidos al comercial donde un platillo secuestra a la esposa de un testigo y le restituye una vaca. Ni siquiera me tropecé con relatos de la especie más previsible, como personas que hubiesen afirmado haber visto vacas volando. Bueno, esto último es lo que acaba de suceder en Rosario, Santa Fe. El lunes 5 de octubre, en la localidad de Puerto Gaboto, un matrimonio (Laura y Sergio), asegura haber visto y fotografiado a una vaca en aire mientras era abducida por un plato volador.

Elusividad_CosmicaPLATILLOS FANTASMAS. Destaco que la pareja jura haber visto la escena fotografiada porque en los últimos años han ganado en prestigio las apariciones de ovnis fortuitos o invisibles. El detalle amerita una digresión, que retomo de un reportaje que hace poco hizo Andy Kusnetzoff a Fabio Zerpa en su programa Perros de la calle. “Desde mediados del siglo XX hasta ahora los extraterrestres han tenido tiempo de desarrollar una tecnología tan elevada que escapa a la captación física”, dijo el ínclito ufólogo uruguayo. Esta sería la razón por la cual casi no hay testigos visuales directos sino fotografías de aquellos objetos que el ojo humano es incapaz de ver.
La tesis según la cual existen fenómenos extraordinarios que escamotean obstinada y deliberadamente la evidencia (lo cual los vuelve inaceptables para la ciencia terrícola, empacada en buscar pruebas) tiene sus investigadores de campo, como el platense Luis Burgos, autor de un flamante catálogo de avistamientos ovni poblado en gran parte por “ovnis fantasma”, y hasta sus teóricos, como el sevillano Ignacio Darnaude Rojas-Marcos, quien acaba de plasmar estas ideas en Principio de Elusividad Cósmica (Editorial Nous, 2009).

Invasores Invisibles 3bLA PERFECCIÓN EVANESCENTE. En Invasores llamo a la noción Factor Evanescente:

“Las evidencias son tan frágiles que pueden ser ilusorias. Menos para sus protagonistas, que nos hablan de sus incursiones a través de paisajes oníricos a ojos profanos. Ahora bien, ¿cuáles son esas fuerzas que nadie más puede ver? ¿Qué las desencadena? Hay influencias culturales que, como la tecnología moderna, son indiscernibles de la magia. Con el tiempo, algunas de estas historias se impregnan del don de la infalsabilidad, tornándose incomprobables. Esta transparencia tiene su encanto: le da a estos incidentes una cualidad de ensueño. Las pruebas –a favor o en contra– tienden a desaparecer. Si el efecto es acumulativo, la retórica de la invasión extraterrestre se edifica con bloques casi inmateriales”.

Estos argumentos recuerdan a los de la teología para justificar la intangibilidad de las manifestaciones divinas: los ángeles se presienten, la vírgenes exhiben Su Gracia a un puñado de elegidos y se reconoce a un hada cuando una doncella pide agua pura para beber. En la misma línea, los extraterrestres ahora sólo son captados mediante instrumentos tecnológicos. La naturaleza evasiva de estos fenómenos vuelve a las alegaciones sobre su existencia (y a los de su inexistencia) en infalsables perfectos. Por esta razón, Invasores iba a llamarse Invasores invisibles. Editorial Sudamericana descartó el título porque podía alejar al lector excesivamente suspicaz (aclaro que estuve en desacuerdo hasta que Invasores, a secas, me empezó a gustar).

ManoY SI LAS VACAS VUELAN ¿QUÉ? Si tuviste la paciencia de ver el reportaje que le hizo Canal 3 de Rosario, el testimonio de Laura puede parecer irritante: casi no aporta información aparte de lo que parece mostrar la foto: un garabato blanco, la presunta vaca en vuelo, y una manchita oscura superior, a la que llama plato volador. Ahora bien, ¿cuándo este asunto se pone interesante?
El estado de gracia -creo yo- es lo que sucede cuando alguien otorga una cualidad superlativa a la relación entre ambos objetos, y esta relación es trasvestida en noticia. El modesto proceso de construcción cultural de esta pareidolia –dos manchas en el cielo + un micrófono que disemina el concepto entre miles de espectadores- supone un maravilloso acto de fe: propone saltar de una dimensión de la realidad a otra. Con la misma información que Laura concluye que las vacas vuelan (y el noticiero decide que esa relación constituye un hecho noticiable) es posible hablar de dos pajarovnis, o de un pajarovni y una mancha. (La segunda interpretación, por supuesto, no es noticia: ¿a quién le importa la foto de un pájaro?).
Para un escéptico que predica la racionalidad, hablar de extraterrestres es una superstición ridícula que urge exorcizar. Dirá que si nadie ataja el disparate a tiempo (por ejemplo, lanzando una burla igualmente espectacular), este documento será recordado como el primer registro fotográfico de la abducción de un rumiante.
Tengo para mí que estas prevenciones son un tanto exageradas. Entiendo que ninguna de las dos afirmaciones (la vaca voladora o la gaviota) cambiará el curso de la Historia. Es más, si no lo hizo la transmisión en directo por la CNN de un ovni sobrevolando Washington D.C durante la asunción de Barack Obama, que pudo ser interpretado como una bendición cósmica precognitiva al inminente Nobel de la Paz, menos lo hará esta fotografía.
Yo me quedo con el potencial impacto simbólico de la escena. Una escena que sugiere más de lo que muestra.
MIMNIO… ATHESA… EIOIOIO Salvando las distancias, pienso que estos tropezones culturales (donde hay engaño e inocencia, cinismo y buena fe, aprovechamiento y auténtica perplejidad en alguna o distintas proporciones) pueden ser enfocados como exquisitos ejemplos de arte involuntario.
En Belleza Americana (Sam Mendes, 1999), Ricky, el chico maniático enamorado de la hija de Lester, filmó una bolsa de plástico bailando en el aire. Cuando le mostró el video a la chica, le explicó poéticamente por qué ese acontecimiento azaroso fue lo mejor que había filmado en su vida.
Es una escena que hace soñar al espectador, lo transporta a reflexionar sobre la belleza en términos infrecuentes. Ya lo dijo El Mano cuando describió en El Eternauta el inmenso e intenso legado cultural acumulado en una simple cafetera: lo bello también existe en un artefacto mínimo, aparentemente banal. Es aquello que nadie mira y sólo algunos son capaces de ver. Todo depende de los ojos que lo ven.
Quiero decir: muchos platos voladores son bolsas de plástico suspendidas en el aire.

Enlaces:

La vaca y el ovni, la dimensión desconocida en el cielo de Puerto Gaboto

Blog de Invasores-ellibro

Addenda: Tiempo después pude leer el ejemplar informe sobre el caso Gaboto de Leopoldo Zambrano Enríquez, el coincidente análisis en el blog de Tachi y al informe de Alerta Pseudociencia. Yo llegué a las mismas conclusiones “a ojo clínico”. Es decir, sin mérito alguno. Pero es grato descubrir tanta voluntad puesta al servicio de aclarar un caso fotográfico. Toda una reivindicación de que algunas “investigaciones de gabinete” pueden ser muy útiles. Al menos muchísimo más que “investigaciones de campo” que no pretenden descubrir ninguna verdad sino agitar especulaciones simplistas o disparatadas. ¡ Felicitaciones amigos !

Descargar informe completo de Leopoldo Zambrano sobre el caso Gaboto (6.o7 MB)

Entrevista al matrimonio que tomó las fotos de Silvia Pérez Simondini (VISIÓN OVNI).

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Se acabó la veda televisiva para Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina. Anoche estuve en Un Mundo Perfecto, el programa que conduce por América Roberto Pettinato. Gracias a su bendición, ya puedo decir que soy un especialista en ovnis, como rezaba el zócalo. Ya verás, si querés, la entrevista. Abajo está el tablón para despotricar. Mis amigos ya hicieron sus críticas: que entré con las manos metidas en los bolsillos, que tendría que haber chiveado a este blog o haber contado alguna historia de Invasores. Algunos cuestionaron que expresara una sospechosa simpatía por los contactados y otros me reprocharon cierta lentitud anti-televisiva. Por ejemplo: no haberle propuesto a Amalia Granata contarle toda la verdad sobre Roswell en un lugar más tranquilo. Por lo demás, no hay ningún secreto por revelar. La tele sobrevuela las palabras y las cosas sin profundizar, el ruido ahoga toda posibilidad de reflexión y esas acusaciones que suelen lanzar los que van a la tele con ilusiones desmesuradas.

Para mí, el peor problema de la tevé-zapping no es la tevé-zapping sino la creencia de los productores según la cual la audiencia premia el vértigo. Que, sin velocidad, no hay televisión. Hoy la tele es título, flash, reidores, enunciado, efecto. Un gran twitter animado. Sus rayos catódicos te exponen a una vitrina que es virtual: del otro lado está la nada misma. Por suerte, no siempre es así. De vez en cuando, en el aire queda flotando alguna idea y alguien la pesca. Si el tema interesa, conocer los títulos permite avanzar, descubrir, investigar. Lo contrario -desconocer los títulos- te condena a la marginalidad. Yo creo que, si tenés algo para decir o deseos de escuchar, es un poco peor.

Punto final: según los expertos, los post largos no los lee nadie.

Las imágenes en YouTube son cortesía de Max Seifert, acaso el más laborioso colaborador de este blog.

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