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Archive for 27 abril 2009

Dios! Algo increíble está por suceder“¿¡Cómo alguien puede mandar Dios al 2020!?”, se preguntaba Fernanda Nicolini el lunes 27 de abril en Crítica de la Argentina. Su nota revela la estafa de los sms destinados a cazar incautos.

Yo sé algo sobre los mensajes que le manda la gente a Dios que nadie más sabe. Algunos lectores estarán enterados -y si no, les cuento- que hace años subí a la red el sitio Dios!, una revista digital dedicada a las creencias contemporáneas. Por falta de tiempo, la publicación quedó varada. Pero algunas cosas raras todavía suceden alrededor de ese sitio.

Más que la comarca virtual del Sumo Hacedor, propuse una expresión de asombro: Dios! El nombre del sitio causó varios malentendidos: a los católicos les ofendió que usara en vano El Nombre de Él, a los custodios de la pureza del idioma les enojó que suprimiera el signo de admiración inicial, a las tiendas de sahumerios, amuletos o artefactos mágicos les debió atraer la idea de que el sitio los acercara al consumidor de sus servicios (de otro modo no explico la invasión de esta clase de spam), y así.

A unos pocos -los que pescaron el guiño- la idea les gustó y se sumaron al Foro de Dios!, hoy una populosa lista de discusión sobre creencias y experiencias extrañas.

Lo más extravagante -y previsible- que sucedió fueron las desmesuradas ilusiones que el sitio despertó entre algunos lectores. Desde el 2002, miles de personas tomaron a la cuenta de correo del sitio (dios@dios.com.ar) como Fuente de los Deseos, urna virtual donde clamar por almas descarriadas, centro de quejas de las injusticias divinas o vía directa para suplicar por la ejecución de milagros instantáneos. Poco a poco, esa casilla de correo se transformó en un santuario digital. Hoy, el 80 % de los mensajes que se reciben son dirigidos al Altísimo.

Esta tarde tuve la peregrina idea de que tendría gracia -e incluso que resultaría inspirador- compartir algunos de aquellos mensajes. He respetado la privacidad de sus autores; sólo he añadido títulos, he quitado todo dato que pudiera identificarlos y he corregido errores ortográficos para hacer su lectura amena o menos fastidiosa. Reproduzco estos testimonios sin la menor intención de burlarme de nadie y ruego a quienes se aventuren en su lectura considerarlos como lo que son, manifestación del espíritu de una época.

Te amo pese a todo

“Aunque tengo largas charlas contigo nunca me has contestado, o tal vez sí, y no pude escucharte. Hoy, navegando, leí una carta que te escribió Víctor Sueiro y tu contestación. No voy a opinar, pero sí acotar que gracias a eso encontré tu dirección. Te quería agradecer todo lo que has hecho por mí, ya que me siento una afortunada aunque te hayas llevado a mi madre y a mi abuela. Sé que las necesitabas allá. Besos, Dios, y gracias. Te amo.”

El padre de Jesús

“Ayer mi hijo Jesús se despertó llorando porque quería tener una charla con Dios. Mi hijo de cuatro años me pidió que le mandara una carta para decirle que no quiere que existan en el mundo personas malas, ni que la gente se muera. Yo le expliqué que, si la gente se portara bien, la gente mala no existiría, y que hay que ayudar a todos por igual. Me pidió también que le dijera a Dios que quiere que todo el mundo sea feliz. Yo le digo que los muertos se ponen al lado de Dios, y comienzan una nueva vida llena de felicidad. Mi hijo me dice que de ahora en adelante todos los días hablará con Dios porque Dios es su amigo y lo ama y le pide que Dios lo bendiga porque su misión, la de mi hijo, es salvar al mundo, y quiere que Dios lo ayude. Estoy orgulloso de mi hijo Jesús. Gracias, Dios.”

Odio a los taxis

“¿Me ayudás con esta visión que tuve el 2 de febrero? Es sobre el stripper Amalia. La carne venía hacia mí a buscar su espíritu, y la ví elevarse como si fuera en un tubo, pero después, entre tantas nubes, no ví más nada. Sólo azotó unas luces de relámpagos muy hermosos donde se presentaba la figura de Dios Padre, algunas saetas en forma de rosario, como si fueran las mismas rosas místicas que venían desde el cielo, y así fue como ese cuerpo aparentemente se disgregó. En mi crucifijo aparecía una luz roja entre sus ojos y aún de vez en cuando sigue igual, cada tanto, cuando llego, sale una luz roja como si me marcara una señal.

Aparentemente varios parapsicólogos desean liquidarme o extorsionarme a causa de estos benditos dones que me regaló el Señor Jesús, donde puedo permanecer horas y horas despierta, como si estuviera un día sin dormir.

¿Por qué tanto celos contra mí? Si supiera extorsionar ya hubiera liquidado a todas estas personas que le han causado tanto mal: hasta hubiera destruido miles de taxis y autos negros y demás cosas. Pretendo defender a todos los travestis y prostitutas, ellos se merecen lo mejor, que sean tratados como las personas que son y no como lo hacen algunos, que los pretenden como parejas y no lo son.

Amalia: muchas personas te cortaron un sueño, pero hasta que no se aclare esta verdad, no pienso dejarte ni siquiera en cenizas, así tenga que destruir una flota de taxis, Rosario se quede sin taxis o sólo circulen los taxis de la empresa 666.”

Verdad

“¡Dios tenga misericordia de todos ustedes que blasfeman la verdad!”

Inquietud

“Siento demasiada incertidumbre en mi futuro, tengo demasiado miedo y estoy demasiado deprimido siempre. Ayúdeme, por favor.”

La Constitución del Átomo

¡Oh Miseros mortales! Todavía no aprendes que Soy en Esencia el Infinitesimal cuántum del cual formas parte en la Suma de su Equidistancia, Encuéntrate más allá de tu alter ego, y de tu yo impersonal te guiará con la luz sempiterna al reencuentro de tu Yo Soy… La ignorancia supina con relación a la negación de Dios es el bumerang de los necios lanzados del Templo de la Vanagloria. La verdadera Iglesia, que proclama los faustos de la gloria ungénita de lo que tratas de obviar, pretender que estas ramas no son del mismo árbol, es como negar la Constitución del Átomo en los cuerpos sólo porque hay diferencias de formas, volúmenes y naturaleza. Desde siempre camina a nuestro lado. entonces ¿Por qué ignorarlo? Dale la mano y vuestra mente y corazón y todo lo demás se nos dará por añadidura… así sea y así es…”

Amén.

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Ya pasaron tres años desde que decidí irme de Editorial Perfil. Allí, en el edificio de Chacabuco y Diagonal Sur, custodiado por la mirada severa y olvidada de José Luis Cabezas, había pasado diez años de mi vida. También pasaron otras cosas. Amores de pasillo, amigos entrañables, hastíos inimaginables. El lector disculpará que confíe ciertas desdichas, sólo ruego considerar que pasé diez años ahí metido. En Perfil fui secretario de redacción de la revista Descubrir, edité los coleccionables de Noticias, cubrí las Asambleas Populares para El Cacerolazo de Andrés Cascioli y lanzamos al mercado la revista masculina Hombre (juro que al principio era menos chancha).
El último lanzamiento fue NEO. Hacer una publicación atractiva sobre ciencia y tecnología fue todo un desafío. Alejandra Folgarait, Fernanda Mel, Sebastián Catalano, Verónica Engler, Nilda Martínez, Victoria Arias y más de veinte colaboradores fueron parte de aquella aventura memorable.
Concluido el ciclo en Perfil, me dije: “Bué, ahora tengo que terminar alguno de los libros que tengo empezados.” Por eso, cuando nos juntamos con Pablo Avelluto, gerente de Editorial Sudamericana, llevé cuatro carpetas. Ninguna de ellas era Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina, título de mi primer libro, que sale el 1º de Mayo.

ETNOGRAFÍA FREAK. La consigna de Avelluto fue clara: “Quiero que escribas diez historias increíbles sobre ovnis”. Yo había ido con otras ideas. Quería completar mis apuntes sobre gurúes de cultos exóticos, una guía para orientar al consumidor de falsas ciencias o pulir mi bitácora de encuentros con freaks. No quería saber nada con los ovnis. Tenía unas cuantas perlas cultivadas, pero ya le había dedicado demasiados años al asunto. Quería mirar hacia otro lado. “Con todo lo que escribiste sobre el tema alcanza, revisalo y rearmalo”, me dijo el editor.

“Revisalo y rearmalo”. Decir eso es fácil. Otra hacerlo. Para mí, era empezar de cero. Y así empezó el libro, casi como una misión. A mitad de camino entre la arqueología y la cruzada apostólica. Tenía que reinvestigar las mejores historias. Deshojar recortes de diarios amarillos, quebradizos. Hamacarme en archivos ajenos y lejanos. Buscar gente que no sabía si vivía. Llamar a Dios y María Santísima.

La obra requería hacer, por lo menos, cincuenta entrevistas. Flor de laburo. Varias veces estuve por desertar. Gracias a la nostalgia, que con la curiosidad son las únicas consejeras internas que te empujan hacia el futuro, me entusiasmé; junté coraje y me embarqué en una investigación frenética. Empecé a revisar carpetas viejas, a llamar a la gente, a viajar. Pero como en realidad nadie me corría, entré en cada historia despacito, yendo no por autopista sino por colectora. Viajar, conversar y explorar los recodos maravillosos de los seres humanos fue también redescubrir el placer de la crónica. Andar por sus lugares le da gustito y color a sus vidas. Al cabo de un año y medio tuve catorce historias inéditas. Me costó seleccionar diez y quedaron once. Todas me atraparon por igual. ¿Por qué? No elegí ninguna que no mereciera una película. Ese fue el lema que perseguí durante el proceso extravagante, obsesivo y delicioso cuyo resultado estará en pocos días en las librerías.

OVNI AL PASADO. Cuando en 2008 regresé a Victoria, Entre Ríos, todo había cambiado. En 1991, cubrí la historia para la revista Conocer y Saber (luego Conozca Más). Por entonces los ovnis estaban vivos. Dieciséis años después había un Museo, el Museo Ovni de Victoria, y una mujer, Silvia Pérez Simondini. Ella y su adorada hija, Andrea, me llevaron al cerro La Matanza a ver entre las estrellas luces a las que llamaron ovnis y las vi, pero juro que fue más esclarecedor notar que la vida de Silvia merecía un capítulo íntegro.
Otras dos vidas, la de dos hermanos espiritistas, Jorge y Napy Duclout, se fundían con los orígenes del culto extraterrestre en la Argentina. El único familiar vivo residía en una casucha al pie de la Cordillera de los Andes, en Santiago de Chile y fui, acompañado por el periodista Diego Zúñiga.

Pablo Kittl Duclout, físico-matemático de la Universidad de Chile, me abrió los ojos al fascinante destino de sus tíos, protagonistas del primer avistaje anunciado de un plato volador desde la azotea del edificio Kavanagh, en 1954. Estos seres venían de Ganímedes, la mayor luna de Júpiter. Dos años antes un espíritu les reveló la existencia de una tecnología superior. Tan extraordinarias fueron aquellas revelaciones que inspiraron a Napy para que filmara la primera película argentina en 3D, “Buenos Aires en relieve” (1954).
Una vieja fijación por el caso Vidal, la aventura del matrimonio teleportado desde Chascomús a México, me absorbió durante meses. Horas de charla con Anibal Uset, director de Che Ovni, el primer cineasta argentino que viajó por el mundo para rodar una comedia basada en lo que se rumoreaba sobre los extraterrestres en los años sesenta, y otras tantas con Martín Rappallini, por entonces un joven escribano acusado de silenciar la verdad sobre la legendaria abducción matrimonial, justificaron otro capítulo. El Muñeco Mateyko, Pipo Mancera, Javier Portales, Cuchuflito, Jorge Sobral, Marcela López Rey, Erika Wallner y Perla Caron fueron las estrellas de la versión cinematográfica de la historia. ¿Una reliquia? Y, sí. La odisea olió a rancio hasta cuando supe que Catherine Fulop, en los noventa, había protagonizado una curiosa remake. En España ella también había sido convencida de haber sido teleportada por extraterrestres.

LO MEJOR YA FUE. Viajé a Mendoza y Mar del Plata para reencontrarme con Villegas y Peccinetti, los empleados del Casino que una madrugada de 1968 no llegaron a casa porque fueron interceptados por cinco humanoides y su nave. Otra historia fabulosa. Porque, en el paso a paso, me hizo sufrir, me hizo reír y también me quise morir. Las visiones del chupacabras y la oleada de mutilaciones de ganado secuestraron mi atención en Santa Rosa, La Pampa, y ya que estaba reconstruí la saga del chacarero a quien un ovni le chupó el celular. También me sumergí en la epopeya de don Francisco García, el “marciano por parte de madre” que en 1973 anunció el descenso de 50 naves (50, ni 49 ni 51) sobre la Laguna de Chascomús. Mis nebulosos recuerdos de la entrevista que le hicieron en Teleshow me eyectaron a Chascomús, adónde fui a verificar si en el Club de Pescadores seguía el balcón desde donde quisieron tirar al gurú cuando las naves no aparecieron, y volví sobre la pista de Normando Anuar Busefi, compañero de profecías de García y ahora exiliado en la habitación de un hospicio, convertida en Cuartel General del Universo.

Anduve por los parajes donde un vagabundo galáctico se encapuchó para decir que él -el afamado Comandante Clomro– es la encarnación de un ser de otro mundo. Una noticia: aunque no lo busqué ni lo esperaba, me reveló un secreto y su identidad, hasta ayer inexpugnable. También visité el geriátrico donde se hospeda Martha Green, una anciana hermosa que en los cincuenta fue arrebatada de la Tierra por Enis, su amante de otra dimensión, mientras su esposo -un militar peronista- era acosado por la dictadura de Aramburu.

Qué quieren que les diga: vivir, investigar y escribir las historias que son parte de Invasores fue una de las cosas más entretenidas que hice en mi vida. También fue una experiencia reveladora. Escribir es investigar, pensar, atar cabos, descubrir. Ahora parece que el libro tendrá lectores. Para ellos leerlo será… ¿Qué será? ¿Qué sucederá? Ni idea, ese es otro misterio pendiente. Pero prometo que no me va a importar, y no me va a importar porque lo mejor ya pasó. Lo mejor fue hacer Invasores y ahora poder pensar en las invasiones que siguen.

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– ¿Has visto la bomba atómica?

– Durante un minuto entero, Basie. Una luz blanca, más fuerte que el sol, cubrió Shangai. Supongo que Dios quería ver todo.

El imperio del sol (1984)

En qué creo (1984)

“Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, liberar la verdad que hay en nosotros, alejar la noche, trascender la muerte, encantar las autopistas, congraciarnos con los pájaros y asegurarnos los secretos de los locos.

“Creo en mis propias obsesiones, en la belleza de un choque de autos, en la paz del bosque sumergido, en la excitación de una playa de vacaciones desierta, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos de varios pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.”

¿Por dónde se va al espacio interior? (1962)

“Los desarrollos más importantes del futuro cercano tendrán lugar no en la Luna o Marte, sino en la Tierra; y es su espacio interior, no exterior, el que debe ser explorado. El único planeta verdaderamente alienígena es la Tierra. En el pasado, el sesgo científico que tomaba la ciencia ficción se relacionaba con las ciencias físicas -cohetes, electrónica y cibernética-; ahora el énfasis debería virar hacia las ciencias biológicas. La exactitud, último refugio de lo no imaginativo, importa un comino. Lo que necesitamos no son datos científicos sino más ciencia ficción, y la introducción de los llamados datos científicos es sólo un intento de vestir el viejo material estilo Buck Rogers con un ropaje más respetable.”

En Guía del usuario para el nuevo milenio. Por JG Ballard (Ediciones Minotauro, 2002)

Enlaces

Murió J.G. Ballard, maestro de las distopías

Ballardianos

En qué creo (Texto completo).

El profeta del nihilismo global. Por Pablo Capanna

Algunos de sus libros (Descargas)

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En el cosmos lo pequeño es hermoso. Pero también es un escenario donde todo lo que sucede responde a fuerzas aterradoras. Bien, eso es todo lo que hubiese querido decir. ¿Por? Y, la noticia es vieja. Incluso para un blog: data de comienzos de abril. Igual voy a agregar algo más.
De Alejandro Dolina aprendí a resistir los chistes obvios. Hace trillones de años, en su programa de radio, dijo: “La primera idea que se te ocurre difícilmente es la mejor”. Fiel a su consejo (o al pálido recuerdo de su consejo), esta nota no se titula “La mano de Dios”. Tengo otras razones fuera de las estrictamente deportivas. Para conocerlas vas a tener que leer más.
PODEROSO EL CHIQUITÍN. La imagen de arriba corresponde a un día en la vida del bellísimo púlsar PSR B1509-58 y fue captada por el Observatorio de rayos-X Chandra. El objeto tiene 20 kilómetros de diámetro. No es, a escala cósmica, más grande que una mota de polvo estelar. Es parte de una nebulosa que se extiende a lo largo de 150 años luz, tiene apenas 1.700 años de edad y no está acá a la vuelta sino a unos 17 mil años luz. Es decir, esa maravillosa ráfaga de energía pasó hace mucho tiempo.
Los astrónomos que analizaron la imagen se pierden en disquisiciones arduas para los neófitos. Como lo soy, apuesto a la explicación más sencilla: a la derecha de su pantalla, señora, verá que la energía más baja está en rojo-anaranjado, la media en verde y la más energética, la que llama nuestra atención, en azul. Nuestro púlsar (una estrella de neutrones que gira siete veces por segundo) libera un campo electromagnético 15 billones de veces más potente que el de la Tierra. Y si bien el B1509 es de los púlsares más poderosos de la galaxia, no es de los más rápidos. Ahí tenemos al JI903+0327, que rota una vez cada 2,15 milisegundos. Y los hay todavía más enloquecidos.

MARCIANITOS VERDES Y FRITOS. Dos curiosidades históricas sobre los púlsares. Una: en 1967 -cuando fueron detectados por primera vez- los científicos creyeron haber captado señales de otros mundos. Jocelyn Bell (izquierda) y Antony Hewish llamaron al fenómeno LGM (Little Green Men, literalmente “hombrecito verde”). Las emisiones eran sospechosamente regulares y eso les hizo pensar en una fuente inteligente. La otra: Hewish recibió el Premio Nobel de Física por el hallazgo. Jocelyn, una irlandesa que estudiaba en la Universidad de Cambridge, quedó afuera del reparto. Pero ella descubrió la primera señal. Alguien habrá considerado que el Nobel le quedaba grande a esta joven, a la sazón enrolada en la religión cuáquera, y premiaron al radioastrónomo británico.
De vuelta a nuestro B1509, la mano invisible que parece estirarse para tocar la nebulosa RCW 89 es en realidad una espeluznante descarga de energía. Ese temporal de electrones e iones -seguramente ignorante de sus orígenes- es un furioso colapso de materia estelar. Por eso digo: tiene un involuntario sesgo herético que algunos llamen La mano de Dios a esa calesita infernal.

Enlaces
Un joven pulsar muestra su mano

PSR B1509-58: A Young Pulsar Shows its Hand

Página oficial del Observatorio de rayos-X Chandra

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La crisis mundial se cargó a Pensar, la única revista iberoamericana en papel especializada en pensamiento crítico. Así es, la revista Pensar ha dejado de publicarse. “Por ahora”, aclara Alejandro Borgo, quien fuera su director y sigue representando en la Argentina al Comité para la Investigación Escéptica (CSI). En su rol de escéptico, Borgo habla y las masas supersticiosas huyen despavoridas. Ahora, cuando se junta con su grupo de rock El Bizcochito para rendir tributo a The Beatles o toca la guitarra en La Camerata Porteña, las mismas masas regresan como por encanto. El 7 de abril comenzó a dictar el curso Creencias, Pseudociencias y Pensamiento Crítico, que reanudará en breve. Antes de disparar las tres preguntas de rigor, Borgo me cuenta que su doble condición de músico/intérprete y promotor del pensamiento crítico es menos extravagante de lo que parece. “Difundir el pensamiento crítico requiere una dosis de arte. Y la música también requiere pensar: muchas veces decidimos qué instrumento quedará mejor en tal parte, o cómo ecualizamos un sonido, y para ello se requiere de conocimiento y de tecnología. Tal vez en algún párrafo de un tema mío, hay algunas pinceladas que indican mi pensamiento. Eso no significa que alguna vez componga el Himno al Pensamiento Crítico, qué quiere que le diga”. Ya que estoy, le pregunto en qué cree: “Creo en montones de cosas. Por ejemplo, que hay vida inteligente en el universo, aunque todavía no la hayamos encontrado en la Tierra. También creo que la investigación científica junto con la aplicación pacífica de la tecnología es la receta que puede mejorar el mundo. Creo que los eslóganes no sirven para nada, salvo para arrastrar masas hacia la ignorancia. Creo que voy a ver cosas interesantes durante el resto de mi vida. Creo que la música jamás me va a hastiar, creo que voy a seguir componiendo, cantando, haciendo música. Y creo que si la gente comienza a ejercitar el pensamiento crítico, la sociedad entera se beneficiará.”

1 ¿Es fácil aplicar el escepticismo en la vida cotidiana? Usted habla de algo llamado “pensar correctamente”.

-Pensar correctamente es una de las cosas más difíciles. Muchas veces, cuando uno tiene que tomar una decisión se deja arrastrar por las emociones, y antepone lo emocional a lo correcto, a lo que nos recomendaría incluso el sentido común. Así que la mayoría de nuestros problemas, incluso aquellos que no podemos controlar porque tienen causas externas -supongamos que un huracán derriba nuestra casa- requieren una solución que no provenga del sistema límbico (centro de las emociones) sino del pensamiento crítico. Lo difícil es anteponer el pensamiento crítico a la emoción. Es el gran desafío.

2 ¿Cuándo fue la última vez que notó que algo en lo que creía con seguridad era más falso que un fax de Christian Sanz?

-Bueno, eso pasa mucho en las relaciones con la gente. También me decepcioné mucho cuando escuché a Luis A. Spinetta declarar que había algunos tipos a los que había que pegarles un tiro en la cabeza (referiéndose a la perversa campaña de los medios por requerir la opinión de la gente “famosa” sobre la pena de muerte). Creí que era un pacifista que estaba en contra de la pena de muerte. También me decepciono diariamente cuando veo los noticieros y me vuelve la duda de si alguna vez la inteligencia volverá a la televisión. Por otra parte ¡¡¡no debe haber nada más falso que un fax con esa procedencia!!!

3 ¿Quiénes son los peores enemigos del pensamiento crítico? Dé nombres, por el amor de Dios.

En general, todos aquellos que se abstienen de aplicar el pensamiento crítico, sea por ignorancia o por interés. Por ejemplo: el Papa Benedicto XVI y todos los jerarcas de la iglesia que están de acuerdo con él, George Bush y adláteres, Berlusconi, los posmodernistas, todos los que hoy idolatran a Alfonsín, pero cuando éste caía no le tendieron la mano, Mariano Grondona, los izquierdistas recalcitrantes que viven en la década del sesenta, los conservadores de derecha o izquierda, Hebe de Bonafini, Ernesto Sábato, Guillermo Marcó, Jorge Bergoglio, que permanentemente azuza a la gente con fábulas de terror; en fin, si sigo, esta entrevista no termina más. Ahora, déjeme darle un nombre que con dos palabras dejaría con la mandíbula caída a cualquiera de los que nombré: Bertrand Russell. Lástima que ya no esté vivo.

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Acabo de recibir esta cadena. Díganme si no es extraordinaria:

“¡Para que te cuiden!

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MIGUEL JOFIEL CHAMUEL GABRIEL RAFAEL URIEL SADKIEL

Dios nunca te mandará más de lo que puedes manejar!!! Te mando SIETE ARCÁNGELES. Reenviáselo a todas las personas que quieres. En nueve minutos recibirás algo que has esperado durante mucho tiempo. TEN MUCHA FE.”

Nueve minutos. Asombrosa precisión la de los siete arcángeles.

De las plegarias colectivas siempre me inquietaron dos cosas: 1) la colisión de deseos contrapuestos (Ejemplo: “Quiero que seas mía” vs. “Aléjate de mí”) y 2) la eventualidad de que un piadoso de rezo eficaz solicite un favor cuestionable. O incluso benigno según sus parámetros, pero cuyos efectos serán desastrosos para la humanidad. Ejemplo: el francotirador espiritual que -en un rapto de lunatismo o peor: de sentido común- le suplica a los arcángeles que desaten una hecatombe nuclear. Yo, por si acaso, se lo reenvío a mis lectores. Aunque, para contrarrestar, acabo de invocar al Ángel Exterminador. Alguien debía encargarse del asunto.

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El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas adoptó el pasado 26 de marzo una resolución sobre “difamación religiosa” presentada por Pakistán en nombre de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI). Votaron a favor 23 países (naciones islámicas, Cuba, Nicaragua, Bolivia, China, Rusia, Sudáfrica, Nigeria y Egipto), en contra 11 países (Unión Europea, Canadá y Chile) y otros 13 se abstuvieron (Brasil, México, Uruguay, Japón, la India y la Argentina). “La difamación religiosa –dice la declaración– constituye un grave atentado contra la dignidad humana, lleva restringir la libertad religiosa, a la incitación al odio religioso y a la violencia”.

Algunos vislumbran una amenaza latente: que la resolución avale la persecución de ideas radicales y sus autores resulten censurados, reprimidos o picaneados en nombre de la O.N.U. Ok, a lo mejor no es para tanto. Pero el texto alcanza -como mínimo- para impedir a un artista dar rienda a su inspiración a partir de imaginería religiosa. Su derecho a expresarse estaría por debajo de una pretendida blasfemia. Porque eso significa “difamación religiosa”. Blasfemia –según la R.A.E.– es una “palabra injuriosa contra Dios, la Virgen o los santos”. Concepto maleable si los hay, máxime si el “difamador” es artista, humorista o intelectual. Esa gentuza.

A fines de 2004, León Ferrari presentó en una retrospectiva a su clásico Cristo crucificado en el bombardero, santos ardiendo en tostadoras eléctricas y vírgenes marías rodeadas de profilácticos. Un grupo de energúmenos comenzó a destruir la muestra al grito de “¡Viva Cristo Rey!”. Poco antes, el cardenal Jorge Bergoglio había considerado a su obra “una blasfemia”. En 2006, unas caricaturas de Mahoma publicadas por un diario danés desataron la ira de integristas islámicos.

Hay contraejemplos. El 11-S, tras la voladura de las Torres Gemelas, nació un mal planetario: identificar a los musulmanes con terroristas. La islamofobia propagó expresiones y actitudes racistas por doquier. Esa ola de prejuicios encendió la mecha de facciones islámicas extremistas. Olvidarse de esto sería -con perdón de la metáfora- una acción suicida. Pero no por temor a ofender al bueno de Alá sino porque se confundirían legítimos actos de sacrilegio intelectual con discriminación.

En el 2006, cuando la reacción por los dibujos de Mahoma animó a millones a mentar la madre de los musulmanes, le pedí opinión a un notable iconoclasta argentino. “La libertad de expresión incluye la de ofender, pero la convivencia pacífica requiere no ofender innecesariamente”, dijo Mario Bunge. Le pregunté lo mismo al antropólogo cántabro Ignacio Cabria. Para él, la libertad de expresión “es un mito como el de la virginidad de María”. En la práctica, se la invoca para defender la libertad de nuestra opinión. “Cuando se trata de la libertad de opinión del otro, no es opinión. Es apología del terrorismo, negación del holocausto, alarma social, enaltecimiento de la violencia, atentado a la moral pública u otras denominaciones del delito”. Es que pocos están dispuestos a jugarse a fondo. En los setenta, Noam Chomsky reclamó garantizar la libertad de expresión de Robert Faurisson, un profesor de literatura que negaba la existencia del Holocausto. “Si no creemos en la libertad de expresión para la gente que despreciamos, no creemos en ella para nada”, escribió Chomsky.

El problema -me parece- no es la blasfemia sino la discriminación. ¿Hay un humor discriminatorio? Sí. ¿Hay un arte ofensivo? ¡Obviamente! ¿Hay que tomar medidas para impedir su propagación? Sí, ignorarlos. Juro que alcanza.

Mientras tanto, en un mundo donde dan misa sacerdotes pederastas, el Papa combate la única opción comprobada para prevenir el Sida y quedan países con mandatarios que alegan gobernar por voluntad divina, los discursos corrosivos no sólo son inevitables sino necesarios. Las miradas religiosas están condenadas a cruzarse mal con las visiones ateas, laicas o humanistas seculares, y viceversa: cuando los primeros sienten agraviada su fe, los segundos no verán motivos de ofensa sino actos de lesa justicia.

La O.N.U. -inútil cuando pudo parar el genocidio preventivo de Bush, supremo manantial de incitación al odio- ahora ofrece leyes para conjurar la “difamación religiosa”. Será cuestión de pensárselo un rato.

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