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Archive for 28 agosto 2009

moam sabor limonCada tanto reaparece alguna polémica alrededor de la llamada Publicidad Subliminal, es decir, la creencia según la cual ciertos publicistas diseñan sus avisos para enviar sigilosos mensajes cifrados al consumidor. Estas ideas -que no son captadas a golpe de vista- quedarían grabadas “debajo del umbral de la percepción”. Según han concluido los que saben, no hay evidencia que respalde la capacidad humana de percibir tales estímulos, siendo el llamado marketing hipnótico impotente –o bastante inefectivo- para influir en nuestras conductas.

NACE UNA ESTRELLA. Debe ser por eso que asistimos al parto de un nuevo género: la Publicidad No Tan Subliminal. Los mensajes non sanctos, si bien siguen siendo malévolos, ya no son arteros sino totalmente explícitos. El 27 de agosto, The Daily Mail informó sobre el patatús de una pareja en West Yorkshire, Gran Bretaña: se quejaron ante el gerente de un negocio por haber vendido a sus hijos “caramelos ácidos con envoltura pornográfica”.
Las golosinas de la marca alemana Haribo Maoam ingresaron en el mercado europeo en 2002. El matrimonio Simpkins denunció que los dibujitos que representaban al lima-limón retozaban en “un pervertido encuentro carnal”. La noticia desató un alud de protestas. “El rostro del lima, que suponemos es el caballero, tiene una expresión especialmente espeluznante”, alegó el señor Simpkins.

moam sabor cerezas SOBRE INTERPRETACIONES. El monigote verde saca una lujuriosa lengua afuera y, ciertamente, parece feliz. Lo curioso es que el mismo dibujo aparece en caramelos sin sabor lima. En otro gráfico, correspondiente al caramelo con gusto a cereza, parece rozar la zona erógena del muchacho verde con su mentón, aunque podría tratarse de una embozada fellatio.
Los defensores del rol del azar en estos asuntos atribuirán la pornografía al cerebro tirando a podrido de los aficionados a interpretaciones maquiavélicas. Es decir, esas cosas tan feas que los censores descubren tienen más que ver sus excesos de suspicacia que a intenciones encubiertas.
En lo que respecta al papel de los caramelos, el mensaje podría ser más escandaloso de lo que parece: las frutas bien podrían ser del mismo sexo.

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Publicidad Subliminal

Father’s fury over children’s ‘pornographic’ sweet wrappers

Más orgías dulces

¿Existe la publicidad subliminal?

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Duende de Chimbas

Un duende enjaulado, y luego liberado, revela la existencia de dos barrios sanjuaninos, Chimbas y Pocito. La foto del duende, tomada con un teléfono móvil, recorrió el mundo.

Ariel Fernández tiene 33 años y vive en el Lote Hogar 38, en Chimbas, población al norte de la ciudad de San Juan. No fue allí sino en los fondos del cementerio de Pocito, un departamento agrícola al sur de la capital cuyana, donde asegura haber capturado un duende verde y gruñón, al que mantuvo dentro de una pajarera durante casi dos semanas. Durante ese lapso, Ariel cobró entre 5 y 50 pesos la mirada. Pero como tenía los ojos rojos y parecía triste o enojado, regresó con él a Pocito, y lo soltó allí.

Mapa de Pocito, al sur de San Juan. Al norte está Chimbas.

Unos vecinos aseguran haber visto sus orejas puntiagudas. Que en cada manito tenía cuatro dedos y su cara, surcada de arrugas. Para desmentir el contrarrumor -según el cual se trata de un muñeco de peluche o de algún otro material sintético- han jurado que el duende caminaba de costado. Tal parece ser el andar de duende. Apenas lo liberó, el miércoles pasado, Ariel se arrepintió: trascendió que “gente de la Universidad” se había interesado en comprarlo. Las últimas noticias aseguran que Ariel está muy ocupado tratando de recuperarlo.

El Diario de Cuyo llegó a publicar un identikit.INTERÉS UNIVERSITARIO. Luis Víctor Paredes, periodista de Radio Nacional de San Juan, estuvo en Chimbas. Dice que le costó llegar al barrio. Permanecer también. “Te lo voy a decir delicadamente”, le explicó a su colega Alejandro Rial, de Canal 26: “en esas villas hay altos índices de inseguridad”. Paredes no vio al duende ni pudo hablar con Ariel. Pero su hermana Vanesa le confirmó los detalles. El periodista cuyano le comentó a Rial que la chica reaccionó enojada porque “veía la duda en nuestros rostros”. Fue entonces cuando Vanesa le confió: “Miren, señores: si ustedes quieren creer, crean, pero aquí ha venido gente de la Universidad Nacional de San Juan. Unos señores muy elegantes que vinieron en auto, y aquí nunca ha venido gente así. Estuvieron con nosotros, lo vieron y se lo querían llevar para estudiarlo. Ofrecieron dinero y no se lo quisimos dar. Han quedado en volver para hablar con nosotros” (aquí, el audio de la entrevista).

DUENDE SIN PUDOR. Paredes, el periodista sanjuanino, duda. Dice que en Chimbas lo vio todo el mundo “pero nadie quiere dar testimonio”. Pese a lo cual se pregunta: “¿Cómo se van a poner de acuerdo todos los vecinos para mentir?”. Le sorprendió, por ejemplo, la credibilidad que otorgan al duende algunos vecinos. Y cita el caso de una mujer. “Cuando le empecé a preguntar por el duende se puso a llorar. ‘No quiero ver nunca más eso. No puedo dormir. Mi vida cambió después de eso’”. También le hablaron de la llegada de un policía en horas de la noche. “¡Se llevan eso de aquí de inmediato porque no quiero despelotes!”, habría dicho. Paredes recorrió todas las comisarías. Pero no logró ubicar al agente. “Sería la palabra autorizada, es un funcionario publico”, agregó. “Era un ser muy feo, que usaba ropita pequeña, rotosa y vieja. Además, estaba desnudo de la cintura para abajo”, dice Paredes que le contaron otros vecinos. Entre los que visitaron el duende, algunos le pasaban la cámara. No se animaban a entrar, por eso sólo lo vieron en fotos.

portada diario de cuyoEL HÉROE DE LA NOTICIA. Los escépticos argumentarán que el gran ausente de esta historia es el duende. Y no, lo que se echa en falta es el testimonio directo de Ariel Fernández. Luis Paredes dice que en la villa tiene fama de buena persona. “Pero su círculo de amistades lo considera un tanto extraño. Tuvo la desgracia de perder a su abuela. Durante dos meses y medio estuvo durmiendo junto a la tumba de su abuela en ese cementerio”. Allí, en el cementerio de Albardón, encontró al duende.
Ariel tenía doce años cuando perdió a su abuela. Y por su ritual para procesar el duelo recibió un apodo singular: “El loco del cementerio”.
Dicen que la madre de Ariel no se alegró cuando llegó a la casa con el duende. “¡Sacá esa porquería de acá!, ¿no ves que está maldito?”, espetó la mujer, antes de largarse a La Rioja. Ariel y sus hermanos convivieron con la criatura dos semanas. “Sólo comió unos cueros de pollo”, dijeron. Luego le ofrecieron carne, pan y agua. Pero ya no comía ni bebía. Su inapetencia, su malhumor y el revuelo fueron los motivos por los cuales decidió liberarlo. ¿Cómo le llamaban en la intimidad? Bicho.

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE RODOLFITO. La fotografía de Ariel con su duende enjaulado, tomada por un vecino con un teléfono móvil, fue publicada ayer por El Diario de Cuyo y reproducido en medios de todo el país. Hoy compré los dos diarios que llevaron el tema a portada. “Un duende conmociona a San Juan”, anunció Crónica. “En San Juan tuvieron encerrado en una jaula a un duende”, tituló Diario Popular.
Visité un par de casas de artículos esotéricos en pos de un muñeco como el de la foto. Estaba seguro de haber visto alguno parecido. En Lo místico de Gaia, local de una galería de Palermo, expuse el retrato a la dueña. “¿Lo reconoce?”, consulté. “Cada artesano lo hace diferente. No hay ninguno igual a otro, aunque todos se parecen un poco”, me explicó Constanza Quiroga. Ella no quiso pensar que fuera una falsificación. “El que tiene un duende no puede hacer eso. A ellos les gusta jugar. Y tenés que ponerle un nombre. No hay duende sin nombre.” Entonces, Constanza me presentó a Rodolfito. “Estaba solo. Por eso le conseguí a Josefina”. Rodolfito y Josefina hacen linda pareja. Son los duendes que mejor lucen en la vitrina. “Los seres elementales existen. Te das cuenta cuando no encontrás las llaves, cuando desaparecen cosas debajo de la cama. Tengo una amiga que les deja comida”.

– ¿Qué come un duende?
– Mi amiga, por ejemplo, les deja manzanas y al otro día no están. Una vez les dejó un paquete de cigarrillos, con uno asomado, y un vaso con whisky. Al otro día, el cigarrillo faltaba y el vaso estaba vacío.

Para Constanza, la elección del duende es fundamental. “Hay uno para cada persona. Si alguien está indeciso, le sugiero venir otro día. También hay que ponerle un nombre. En mi local, cada uno tiene el suyo. Aunque el cliente luego se lo cambie”.

-¿Por qué es tan importante? Es sólo un muñeco.

-Es importante porque cada uno tiene su identidad.

Entonces comprendí: si el duende fotografiado en San Juan es un muñeco, las cosas no cambian demasiado para los que viven en el universo de los duendes.
Pero otras cosas sí cambiarán. En los suburbios de la capital sanjuanina nada será igual. Chimbas y Pocito aparecieron primera vez en diarios y noticieros de todo el país. Muchos más conocen sus nombres. La foto del duende, el “loco del cementerio” que cobraba entrada para verlo y tanto extraña a su finada abuela, el rumor sobre el interés de la universidad… Todo eso sabemos ahora de Chimbas y Pocito. Es una lástima tener que esperar la repatriación del bicho para volver a oír hablar de estos pueblos.

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La primera noticia, publicada ayer en el Diario de Cuyo.

Liliana Cheli, experta en duendes.

Alejandro Rial entrevista a Luis Víctor Paredes (Radio Nacional de San Juan).

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Imperdible contracara del Dr. House en la comedia “That Mitchell and Webb Look” (subtitulada).

Quién más, quién menos, habrá visto a Dr. House, las andanzas hospitalarias de un médico especializado en diagnósticos imposibles cuya despiadada genialidad discute la ética médica a niveles exasperantes. Nadie imagina al héroe de la serie, el non pus ultra del pensamiento crítico, recetando globulitos para que un moribundo los disuelva bajo la lengua. Ahora, semejante cuadro, es más difícil de imaginar: la Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de rechazar la aplicación de tratamientos homeopáticos para tratar enfermedades con un alto índice de mortalidad, como el sida, la tuberculosis, la malaria, la gripe común y la diarrea infantil.
En la Argentina -cosa rara ¿no?- la noticia pasó inadvertida. Digamos entonces que la declaración de la OMS sigue una iniciativa propuesta por The Voice of Young Science (VoYS), un grupo de científicos dedicado a la atención de las zonas rurales más empobrecidas de los países subdesarrollados. Y la noticia tiene interés porque la OMS, a partir de la escasez de médicos en las naciones más pobres, había resuelto “reconocer el rol de los proveedores de las llamadas Medicinas Tradicionales (entre ellas la Homeopatía) a la hora de proporcionar atención sanitaria”. El nuevo documento afirma lo contrario: “Cuando la Homeopatía reemplaza tratamientos efectivos, se pierden vidas”.

AGUA MARÍA PURÍSIMA. Desde los tiempos de don Samuel Hahnemann, los principios centrales de la Homeopatía fueron la Ley de los Similares (según la cual una sustancia será eficaz si, al ser suministrada a una persona sana, provoca iguales o parecidos síntomas a los causados por la misma enfermedad) y la Ley de los Infinitesimales, según la cual, cuanto menor es la dosis, más poderoso será el efecto. Para sus partidarios, los efectos de la sustancia son potenciados con la dilución (también llamada “potenciación” o “dinamización”). Así, según los seguidores de Hahnemann, cuanto mayor sea la dilución, más poderoso será el efecto.

Si llevamos esta práctica al extremo, el más potente remedio homeopático -diluido, dinamizado, despojado de la más pequeña molécula de la sustancia original- recibirá un nombre melódico y armonioso: agua. El mejor remedio debería ser, entonces, agua pura. Esto, que parece un chiste, no lo es: el dogma homeopático no sigue los conocimientos (ni los razonamientos) de la ciencia terrestre. De hecho, los homeópatas describen malestares o desequilibrios localizados en planos energéticos o espirituales. Si no hay agentes físicos en juego, ¿a quién le interesa respetar los principios de la Física? (1)

Dr houseEL NEGOCIO DEL GLOBULITO. Hablar de Homeopatía, entonces, es hablar de una doctrina, de creencias y de negocios. No es hablar de medicina. Y no lo es por un motivo obvio para cualquiera menos para los homeópatas y las personas que -de buena o mala fe, en casos de vida o muerte da igual- aseguran haber sido curadas gracias a un preparado homeopático: su eficacia es comparable a la de cualquier placebo.
Siempre habrá un mal pensado que dirá: “Lo que pasa es que a usted le pagan los laboratorios, le pagan”. ¡Ojalá! Este modesto blogger no está en condiciones de rechazar auspiciantes. Lástima que el argumento es reversible: las mal llamadas “medicinas alternativas” mueven un negocio enorme. Un dato: en 1990, los gastos asociados al uso de estas terapias en los Estados Unidos era comparable a la cantidad invertida en todas las hospitalizaciones. Y sus practicantes tienen mejores razones que los laboratorios medicinales –que tampoco son unos santos, cuidado- para invertir en propaganda favorable: los “alternativos” zafan de los controles que reglamentan la medicina basada en la evidencia. Y para mantener el statu quo hacen falta “amigos” en puestos clave.

PEOR EL REMEDIO… Los homeópatas tropiezan con otro problema. Para demostrar la validez de sus pócimas deben seguir los mismos protocolos experimentales que usan los científicos que intentan determinar la eficacia terapéutica de cualquier medicación. (Vaya usted hablarle de energías a un biotecnólogo que busca la vacuna para combatir al Alzheimer, o de espíritus a un oncólogo ante un niño con cáncer). Y a los homeópatas siempre les fue malísimamente mal a la hora de corroborar sus especulaciones metafísicas.
En definitiva, los muchachos de VoYS lograron hacer reaccionar a la OMS, que ahora advierte: “hay situaciones donde la Homeopatía pone vidas en peligro”. Para Joe Martines, director del Departamento de salud infantil de la OMS, “nada prueba que la Homeopatía pueda beneficiar el tratamiento de la diarrea infantil. La Homeopatía no se centra en combatir la deshidratación, y entra en total contradicción con las bases científicas y con nuestras recomendaciones para tratar la enfermedad”. Robert Hagan, investigador biomolecular de la Universidad de St. Andrews (Escocia), destacó la necesidad según la cual “los gobiernos reconozcan el peligro de promocionar la homeopatía”. Y definió a esta práctica como “potencialmente desastrosa”. Juliet Stevens, del Hospital Somerset State en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), consideró que en nuestros países “el costo mínimo de la salud pública es prohibitivo para la mayoría, y eso hace a la población muy vulnerable a las terapias sin fundamento”.
No pocos médicos homeópatas se desentienden de pacientes con enfermedades graves o avanzadas y los derivan a centros de salud “ortodoxos” para que la ciencia arregle lo que los globulitos no pudieron remediar. ¿Por qué? En las salas de terapia intensiva no hay homeópatas. Y si los hubiera, las situación sería igual a la que presenta That Mitchell and Webb Look , una famosa comedia de la BBC que recordó mi amigo Carolus, autor de Hipótesis.  Te suplico que regreses al punto de inicio del post y no te pierdas el breve y contundente sketch.

Nota

(1) “En diluciones superiores a 12 centesimales de Hahnemann (12CH) ya ha desaparecido cualquier rastro de la sustancia original.
No queda ni una sola molécula de la tintura madre (…) Tenemos única y exclusivamente agua.” Por información (y humor), leer la contribución de Fernando Frías a la homeopatía en El Fondo del Asunto.

Enlaces

That Mitchell and Webb Look (BBC)

La OMS desaconseja el uso de la homeopatía para el tratamiento del sida o la malaria

Voice of Young Science (VoYS)

Medicina Tradicional. Necesidades Crecientes y Potencial (Documento de la OMS, mayo de 2002)

M.Y. Hasan, M. Das y S. Behjat “Alternative medicine and the medical profession: views of medical students and general practitioners”, en Health Journal, Volume 6, Issue 1, 2000, Page 25-33

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Gustavo FernandezGustavo Fernández acaba de relanzar una vez más su hit “Manual de Autodefensa Psíquica: Básica y Avanzada” (Ed. KAN, que ya publicara su clásico “Ovnis sobre las Torres Gemelas”). Esta lujosa re-reedición reúne investigaciones, técnicas y herramientas que Fernández ha refritado de viejos textos. Exiliado desde hace más dos décadas en la ciudad de Paraná, Fernández mantuvo allí duras batallas contra cascarones astrales y subrepticias luchas cuerpo a cuerpo con peligrosísimos ectoplasmas encarnados.
Para no quedarnos en el elogio fácil, recordemos una controvertida costumbre de Fernández: copipastear textos ajenos. Pero, tarde o temprano, todo buen discípulo de Bucay aspira a la redención: en la segunda parte de su obrita parece reconocer picardías del pasado: “Sé que no es siquiera necesario explicarles cuántos afanes, cuántas horas robadas al descanso demandó preparar este modesto material”, escribe, o vaya a saber si no copia de alguna otra parte.

Su tesis sobre la existencia de larvas astrales, paquetes de memoria thanáticos, vampiros energéticos y vórtices psicoespirituales está disponible en Internet desde hace tiempo. No obstante lo cual, con su título “Manual de Autodefensa Psíquica: Básica y Avanzada” el autor porteño se jacta de haber logrado su libro número 17. Para su re-relanzamiento en papel, Fernández ha estirado su esfuerzo hasta alcanzar las 104 páginas, que extiende aún más con simpáticos dibujitos didácticos y una tipografía generosa, apta para amas de casa y jubilados cortos de vista.  Su índice temático incluye:

– Prólogo e Introducción
– Capítulo I: Contra qué luchamos
– Capítulo II: ¿Existen los “hechizos” y “maleficios”?
– Capítulo III: Las costras astrales
– Capítulo IV: Los cascarones astrales
– Capítulo V: Vulnerabilidad de los chakras a los ataques espirituales,
psíquicos y energéticos
– Capítulo VI: Fabricación del ídolo negativo
– Capítulo VII: La “Sombra”, nuestra bomba de tiempo psíquica
– Capítulo VIII: Cromoterapia Esotérica
– Capítulo IX: Posesión por entidades no humanas
– Capítulo X: La envidia
– Capítulo XI: El Láser Mental
– Capítulo XII: Peligros del Plano Astral
– Capítulo XIII: Verdades, mentiras, peligros y beneficios de la “Tabla Ouija”
– Capítulo XIV: Evidencias físicas de las entidades
– Capítulo XV: Rescatando la Ceromancia
– Apéndice: una lectura crítica de los cultos afrobrasileros.

Gustavo M FernandezAhora bien, Gustavo Fernández solía ser “Prof.” o “Lic.”, galardones que parece haber perdido en alguna chakra mesopotámica a instancias del Colegio de Psicólogos de Entre Ríos y la Universidad Argentina John F. Kennedy. Si por ventura te interesa todo lo contrario a lo que enseña el ex licenciado Fernández (por ejemplo, aprender a conjurar falsas ciencias y desarrollar el pensamiento crítico), hay una oportunidad: Alejandro Borgo, director del CFI- Argentina, arranca con un curso anti-chantas los martes de 17 a 19 hs. en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la UBA, Junin 1063. Informes: 4952-7281. Y cumplimos con la premisa según la cual toda crítica mejora si el crítico ofrece alguna contraprestación.

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Descargue gratis “MANUAL DE AUTODEFENSA PSÍQUICA”.

O bajar ZIP directamente desde aquí:

Autodefensa Psíquica 1

Autodefensa Psíquica 2

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Desde que salió Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina rezongué bastante por la nula atención que le dedicó al librito la televisión, lo cual prueba que la amistad (muchos y buenos amigos míos trabajan en la tele) es irrelevante a la hora de conseguir un poquito de difusión en la caja idiota. Ahora, cuando Terra TV me hace un precioso reportaje para hablar del libro, me quejo de mis tics y de lo mal que me queda la barba.

En el programa Tu Entrevista hablo de cuatro historias del libro (la abducción de Martha Green, el encuentro cercano de los empleados del Casino de Mendoza, el caso del celular abducido, la teleportación del matrimonio Vidal…) y hasta del caso Roswell. Los webespectadores enviaron muchas preguntas, que espero responder desde aquí o -mejor- desde el blog de Invasores, que anda por aquí. Gracias a los amigos de Terra (especialmente a Leo Gentile y Chris Delicia) por tanto interés y buena onda. También a los “lectores invitados”, mis amigos y colegas Gabriel Lembergier y Mariana Comolli. El programa se puede ver haciendo click acá.
En cuanto a la pregunta “¿Por qué amamos a los aliens?” (como se presenta la entrevista), nunca me la han formulado. ¡Qué pena! Es una gran pregunta. Vamos a aprovecharla, trasladándola a los lectores de este blog: el que deje en “Comentarios” la mejor respuesta (según mi caprichosísimo criterio) se gana un ejemplar de Invasores autografiado. Como el correo está caro, priorizaré las respuestas de residentes en la Argentina. (“¿De qué clase de amor escribirán?”, me pregunto).

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El Mapache Cangrejero (Procyon cancrivorus), también conocido como mayuato o manyunato (Cortesía de Scott Corrales).“Las dificultades económicas de Silvano Di Venanzo, electricista nómade, ya que en La Cocha, población al sur de Tucumán, no hay electricidad, parecían haber llegado a su fin. En el paraje La Invernada comenzaron a correr versiones sobre el aterrizaje de un plato volador. Por esos días, Di Venanzo, en su juventud ilusionista de circo, había capturado un manyuato, raro ejemplar de la familia de los hurones, una especie de mono con cara de zorro que emite un sonido similar al llanto de una mujer. El espécimen tenía una particularidad: poseía tres manos en vez de dos. Era tan extraño que un vecino dijo en broma que parecía venido de Marte. Di Venanzo pescó la idea al vuelo. Pronto logró que el Instituto Miguel Lillo certificara que el animal pasaba a integrar una ‘especie no identificada’. El viejo buscavidas sumergió a la criatura en anilina verde y recorrió la provincia para exhibir al manyuato marciano a razón de 100 pesos por persona…”
Esta deliciosa crónica se publicó en la revista Siete días el 11 de agosto de 1968 (ver facsimil completo, abajo).
Cuando la descubrí entre carpetas viejas supe que Mariano Moldes la iba a disfrutar como un enano. Se la escanée y la envié enseguida. Era el 2 de enero del 2008. ¡Le iba a encantar conocer la historia del manyuato! Mariano sabía todo lo que hay que saber sobre zoología, todo lo que cabía sospechar sobre criptozoología y recordaba todo lo que él mismo había imaginado en sus cuentos sobre criaturas fantásticas, algunos parecidos a esta noticia. Además, sólo él hubiera sabido responder si existía un hurón llamado manyuato, si a fines de los sesenta el Instituto Miguel Lillo era una entidad respetable como ahora y, por fin, qué le parecía la historia, que para mí era demasiado buena para ser cierta. Porque cuando yo no encontraba una respuesta rápida sobre cualquier cosa en Internet, Mariano no sólo era mi amigo, también era mi Google personal.
Mariano Moldes (1966-2008)Mariano Moldes ya no iba a leer la historia del manyuato. Mariano estaba en coma. El 27 de diciembre de 2007 había sufrido una aguda complicación respiratoria y su familia lo internó de inmediato en el Sanatorio Mitre. Moldes, el biólogo que obtuvo su licenciatura en la Universidad de Buenos Aires casi “para cumplir”, porque para él la ciencia estaba en otra parte, moría pocos días después, el 5 de enero.
Mariano era biólogo, pero decir eso es apenas una rodaja de la verdad. Sus conocimientos abarcaban decenas de campos: filosofía, literatura, zoología, medicina, botánica, pseudociencias, cine, televisión… Tenía un humor filoso donde combinaba la erudición de tipo de barrio y mentalidad científica.
Moldes había nacido en Buenos Aires el 19 de abril de 1966. Alumno del Nacional Buenos Aires, se había recibido de Profesor de Inglés en la Asociación Argentina de Cultura Inglesa y, en 1996, de licenciado en Ciencias Biológicas. Tan poca estima tenía por la Academia que le costaba imaginarse dando clases en Exactas. Porque confiaba más en la periferia, en los alumnos que, como él, habían hecho buena letra para ser eficaces investigadores y, por razones que él siempre iba a comprender, terminaron fundidos por la burocracia, las arbitrariedades o ciertos personajes funestos enquistados en la Universidad. Para Mariano, esos estudiantes se habían esforzado más que los graduados, y había que rescatarlos de los márgenes para crear una red científica alternativa. En eso estaba cuando su cuerpo decidió que no iba a vivir el resto de su vida conectado a un respirador.
Para Mario Bunge, Moldes era un colega. Lo consideraba un filósofo porque sus escritos inéditos, algunos de los cuales el epistemólogo llegó a leer, le revelaron que lo era. Mariano, en cambio, se definía como un cuentapropista de la ciencia. Su cerebro era una esponja de conocimientos que no se resignaba a almacenar, sino que procesaba incesantemente en ensayos, artículos, libros y conversaciones informales.
Hablaba rápido y había que estar atento para capturar sus razonamientos. Y al revés, pese a que parecía distraído, ponía mucha atención a sus interlocutores. Su chispa, su capacidad para sacar conclusiones y sus excentricidades completaban el cuadro de una personalidad extravagante. Que no siempre mostraba una cara bonita: si alguien le caía mal, se lo enrostraba sin filtros. Hasta en esos desplantes ponía su dosis de altruismo: Mariano creía que decir “verdades dolorosas” podía ayudar a quienes no le simpatizaban a ser mejores personas. Famélico consumidor cultural, siempre tenía a mano una metáfora popular para asestar a la mandíbula: si tropezaba con algún contrera y le ganaba el tranco, comparaba su sensación de victoria con la de “el gordo fascista de South Park”; si sentía perdedor estaba “como el personaje de Michael Caine en Sangre y Vino”; y si un colega metía la pata, le recordaba que si un alumno suyo hubiera cometido un error parecido “le hubieras encajado un 0 y le hacías poner la cabeza de molde para trazarlo”.
Nos juntamos a tomar un café días antes de la Navidad del 2007. Llegó al bar sudoroso: con frío, con sol o con lluvia, Mariano siempre salía a correr en musculosa. Esa tarde lo vi, por primera vez, preocupado por su salud. Me dijo que había decidido ir al médico por un problema respiratorio. Como tantos escépticos, que después de todo también son seres humanos, suspendía su escepticismo a la hora de enfrentar dilemas personales. Que estuviera por visitar al médico me provocó emociones opuestas: me alegró porque nunca prestaba atención a su salud o se automedicaba, y me alarmó porque sabía que sólo iría al médico si algo lo asustaba.
De marte nos vigilanDos semanas después, un amigo me comunica la triste noticia de su fallecimiento. Como pasa con las personas que aman la escritura, tenemos la oportunidad de recordarlo a través de sus textos. Varios artículos suyos se pueden leer en Internet, especialmente algunas notas que publicó en El Ojo Escéptico (1994-1997), Descubrir (1997) y Pensar (2005-2007).
Sus mails nunca estaban redactados a las apuradas: eran cartas escritas con cariño, como las que solíamos echar al correo postal antes de Internet. Nunca los borré. Todos eran piezas admirables, que valía la pena releer. Cada tanto le respondía con la frase de Carlitos Balá cuando terminaba sus bromas telefónicas: “¡Lástima que no lo pueda compartir!”. Casi siempre me permitía reenviar esas breves joyas. Mariano tenía proyectos literarios. De divulgación científica. Libros, muchos: algunos empezados, otros cancelados y no menos de dos novelas terminadas, que cajoneó en pos de nuevas ideas, que le surgían a borbotones. ¿Sus temas preferidos? Criptozoología, neorracismo, biotecnología, genética y modelos de procesamiento del conocimiento científico…
Siendo muy joven se acercó a la Asociación Ornitológica del Plata (AOP), para quienes tradujo “Birds of La Plata”, de William Henry Hudson, considerado el primer ornitólogo argentino. Los conocimientos de Mariano sobre el prodigioso mundo de los pájaros eran formidables. Una noche, mi hermano Javier encontró a su pájaro desmayado. Me llamó en plena madrugada para preguntarme si no podíamos preguntarle qué hacer a Mariano. Su esposa estaba desolada. Mi amigo se vistió, se tomó el primer taxi y curó al pájaro, un ejemplar del que se enamoró porque tenía un “humor extraño”. Javier le contó que volaba como un loco por la casa y picoteaba en la cabeza a todo aquel que se le acercara. Mariano le aconsejó que apagara la luz por las noches: había que respetar sus ciclos de sueño. Aquel hermoso pájaro sin pedigrí pero de carácter excepcional se calmó y sobrevivió.
Nunca sabré si Mariano conocía la increíble historia de Silvano Di Venanzo, el electricista nómade de La Cocha, y la de su mascota marciana, el manyuato bañado en anilina que lo hizo millonario. Tampoco sé, y me resigno a no saber, si me hubiera podido ayudar a identificar al raro animal. Sólo sé que ahora, cuando a Mariano se le apagó la luz, seguiremos despiertos rescatando y leyendo sus textos.
Todavía tiene mucho por decir. Por eso confío en que sigue entre nosotros.

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INVASORES El Blog

La benevolencia del lector permitió que Magia Crítica funcionara como plataforma de lanzamiento de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Sudamericana, 2009). Fervor que algunos amigos -entre ellos los editores de Crítica Digital– habrán disculpado por tratarse de mi primer libro.

Tras meses de defenderse solo desde este blog, Invasores ahora tiene su propio sitio (www.invasores-ellibro.com.ar). Allí, gradualmente, iré sumando material multimedia complementario (entrevistas, fotos, audio y videos), contenidos derivados del libro (entrevistas, críticas y comentarios) y otros artículos relacionados con los temas que abordo en Invasores. Mi intención no es ningún misterio: entusiasmar a quienes todavía no lo leyeron y sumar valor al libro a quienes ya lo han leído.

De paso, comento que el próximo jueves 20 de agosto a las 17 horas estaré en el programa Tu Entrevista del portal Terra y que el pasado domingo salió una completa entrevista en la revista provincial Rumbos (desde aquí se puede descargar el pdf) .

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