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Archive for the ‘CULTURA ALIEN’ Category

Ya dije que salí encantado de ver Avatar. Pero también que James Cameron abrevó de fuentes identificables. Exploré entre la chatarra psicodélica de los setenta embebida en Youtube y no tuve que revolver mucho hasta encontrar esta rara avis (arriba), una perla que engarza con el collar de promiscuidades y pastiches culturales que intentamos exorcizar. Se trata de una banda francesa de los setenta, los Rockets (homónimo del grupo mexicano fundado en Monterrey, en 1958), que reflejó el bagaje de dónde viene y aún proyecta una inesperada brisa hacia el futuro (que es hoy).
En el clip (Rockets, 1976) temas, estética y hasta iconografía explican la cadena de bostezos que les debió causar a muchos iniciados la resurrección de la new age en los noventa: por más empeño que pusieran, nueva no era.

MARCA Y MERCA. Le llamaron a su primera formación Crystal y tuvieron claro lo que ahora los licenciados en marketing llaman hacer marca cuando le encargaron a un luthier parisino construir dos guitarras, una con forma de estrella, que representaba el cosmos y la posibilidad de la existencia de otras formas de vida espacial, y otra inspirada en los incas, que representaba a Inti, el dios sol.

Famosos en los Estados Unidos e Italia entre 1977 y 1982, las performances de Les Rockets recibieron aportes de la ficción científica y el imaginario alienígena en las letras y en la puesta en escena. Como no eran Pink Floyd, Yes ni Genesis, abusaban de sintetizadores y vocorders. Y tal vez porque no sonaban todo lo futuristas que deseaban, los músicos se untaban el cuerpo con una crema azul platinada, vestían uniformes brillantes y bailaban un break robótico onda Kraftwerk. Según sus biógrafos, fueron pioneros en jugar con serpentinas láser y en cocinar al público con pirotecnia en sus conciertos: lanzaban volutas de fuego con una bazooka y llegó a haber heridos en combate.
Todos eran hijos de la contracultura de los sesenta. Y al menos un integrante, el guitarrista Alain Maratrat, era fan de los platos voladores.

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Fuentes:
Les Rockets en Wikipedia (en italiano)

Página oficial (en italiano)

Página biográfica (en italiano)

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Avatar (Cameron, 2010)No me tiré de cabeza al cine al estreno de Avatar. Última vez. Si bien hice lo posible por llegar a mi butaca virgen, con gambetear a los críticos no alcanza: una legión de amigos, familiares y hasta lectores de este blog avanzaron a codazo limpio para explicarme por qué Avatar les hizo vivir su primera experiencia mística, por qué pese a su fastuosidad el guión es flojo y hasta lugares comunes que reclaman no perder de vista que el cine es, ante todo, entretenimiento. Sabía poco del argumento (ni siquiera había visto el trailer) pero ya me había contaminado con toda clase de teorías: “es el primer alien anti-imperialista que surge de las entrañas de Hollywood”, “una-peli-más-sobre-la-eterna-lucha-de-bien-contra-el-mal (Lección 1 de la Escuela Lerer de Crítica Cinematográfica) o “el final es totalmente previsible” (diatriba que se muerde la cola y habitual entre los que predican con el diario de ayer).
Como digo, me resultó imposible sustraerme de las influencias ambientales, que te restan algunos grados libertad a la hora de disfrutar de una película que promete tres horas que no sabés si serán de goce o desesperación. Hoy, agradezco haber zafado de los críticos y que en la decisión de ir de una maldita vez prevaleciera la opinión de mi tía Tota: “Nene, andá a verla, a vos no te queda más remedio”. Solté como pude el lastre de prejuicios y me arriesgué a vivir mi experiencia, con la paz que da saber que nadie me va a pedir una crítica –felizmente, nunca me dediqué al rubro-.

NeytiriDoy mi opinión sin atenuantes: disfruté de Avatar como un marrano. En general, sé que una película me gustó cuando al levantarme de la butaca quiero liquidar a patadas voladoras a enemigos virtuales o siento ganas de volar. Y de Avatar salí caminando sobre las nubes. No voy a decir que me haya gustado porque es un alegato a favor de la protección de la naturaleza o porque denuncia el desprecio humano por otros-inferiores, sin importarles aniquilarlos con tal de obtener riqueza. No, creo que ningún público necesita ver ficción para enfrentar a una realidad palpable, visible en la calle o en los noticieros. Ya no recuerdo quién escribió que Avatar es de una puta belleza (o de una belleza puta, acaso porque la peli fue acusada de acostarse con antecesores sin dar créditos).

Si bien el eje del conflicto es algo näif, la historia avanza fluidamente, no hay pasos forzados, y el despliegue visual es de un lujo nunca visto. Tampoco había visto una película en 3-D donde las recreaciones digitales tuvieran la misma definición que los actores humanos. Ni una escenografía extraterrestre donde cada floripondio, cada colmillo, cada filigrana, cada tatuaje fuese elaborado cuidando hasta el más mínimo detalle. Los habitantes de ese otro mundo que es Pandora atacan a los ovnis de los invasores terrestres con arco y flecha. Su magia es pura destreza, aunque atribuyan sus talentos a fuentes de inspiración sobrenaturales. Cosas como esas ayudan a creer que algún espectador haya querido matarse porque, salvo en el Paraíso, no existe nada parecido a Pandora. Que los méritos técnicos de una película inviten a fusionarse con una cosmovisión salvaje se me antoja una paradoja fascinante.
Hasta aquí, la invitación al cine: podés suspender tu lectura. Lo que sigue, para el que ya la vio. O para el que decidió que no la verá.

Jake Sully y su avatar en estado fetalNOTICIAS DEL FUTURO. En un apretado resumen Lerú, nuestro protagonista, el marine Jake Sully, es reclutado por una corporación para una misión en Pandora, luna distante a 3 años y pico de hibernación de la Tierra.
De Sully hay que destacar dos cuestiones: 1) llegó a Pandora para relevar a su hermano gemelo muerto en un asalto (la misión requería que tuviera el mismo ADN) y 2) perdió movilidad en sus piernas luchando en Venezuela (al parecer, los sucesores de Hugo Chávez deberán esperar hasta el año 2.154 para que EE.UU. continúe la guerra por el petróleo). ¿Qué se propone la corporación en Pandora?  Extraer un mineral rarísimo, que cuesta un ojo de la cara y soluciona los problemas energéticos de la Tierra. Por desgracia, los na’vis, así se llaman sus habitantes, han construido su aldea justo encima de un gigantesco yacimiento del valiosísimo mineral.
En su primer paseo por el planeta, Sully se distrae enfrentando a un rinoceronte alienígena enfurecido y el jefe militar de la operación aprovecha el accidente para cambiar sobre la marcha el objetivo de su misión. Ya no acompañará a la expedición científica: ahora deberá infiltrarse entre los nativos y convencerlos a mudarse de allí. El malísimo militar no sólo no tiene tiempo para entrenar a su agente encubierto sino ni siquiera para conocerlo: toda la tecnología de la pérfida corporación no alcanza para leer las dudas existenciales que convertirán a Sully en traidor.

James CameronREENCARNACIÓN HIGH TECH. Sully entra en la vida de los na’vis gracias a una especie de teletransportadora de identidad: una copia virtual de su cerebro entra en el de su clon, una criatura alta como una jirafa, azul como un Pitufo y ágil y temerario como Tarzán. Pese a su contextura física, externamente indistinguible de un natural de Pandora, es como un bebé de probeta que debe aprenderlo todo. Años de ufología avalan mi primer bocadillo: el humanoide es una suerte de clon temporal que reasume su identidad en un cuerpo ajeno. Ya en los años cincuenta, espiritistas como Jorge Duclout incorporaban en trance al espíritu de “un ingeniero de talento” que viajaba por Ganímedes y traía a la Tierra información sobre los pobladores de la luna de Júpiter. Tampoco es distinto de lo que hacen los contactados cuando “canalizan” directamente a extraterrestres. O un walk-in, como los ufólogos llaman a quienes afirman ser encarnaciones alienígenas en la Tierra. En Avatar hay una inversión de roles: Sully es un extrapandoriano (en la película le llaman “alienígena”), un terrícola en otro mundo metido en el cuerpo de un nativo (mejor dicho, de un falso nativo). Como Duclout y otros médiums, el soldado queda tendido sobre su camilla mientras su mente “viaja” incorporándose en un cuerpo na’vi, al que maneja en trance como si fuera a control remoto. Por eso Sully es un avatar, de ahí el título. Jorge Duclout, argentino en trance (Fuente: O Cruzeiro)El premio a su valor será un par de piernas nuevas. Pero a los genios de la multinacional recién después les cae la ficha. Mientras está guardado en su cripta cibernética, nuestro héroe experimenta una ventaja más interesante: disfruta endemoniadamente de su condición extraterrestre, tanto que en apenas tres meses Neytiri, la princesa na’vi, le enseña todo sobre su civilización, respetuosa de la materia viva y armónicamente integrada con la naturaleza, al punto que ellos mismos conectan con la fuente de alimentación que nutre a Pandora. Sully aprende el dialecto na’vi, aprende a dominar y luego a cabalgar un pterodáctico. Ingenuamente, cuando comienza a descubrir que está en el bando equivocado, revela en la bitácora que lleva en un videoblog que los na’vi jamás se rendirán. Confesión que acelerará los planes de la invasión terrícola.

¿Pandora en 1957?¿ACHAQUE O INSPIRACIÓN? La filosofía de los extraterrestres recreados por James Cameron -segundo bocadillo- engarza con la épica panteísta (“todos somos uno con la Tierra”). Lo que desafía la tentación de tacharlo de sermón esotérico es su viraje racionalista: la conexión entre las diferentes criaturas se da a un nivel neuroquímico: en Pandora subyace una red neuronal. No es el alma de Gaia sino su transposición posthumanista. Eso, que le ha molestado a los adversarios de la new-age, a mi me parece un tiro por elevación a la creencia según la cual la única religión posible debe respetar la tradición judeocristiana. Aunque Sully, un gran avatar, logrará sobreponerse hasta la resurrección: ungido en Mesías por aclamación, el venido de la Tierra descubrirá el secreto capaz de derrotar al Mal. De acuerdo, mi argumento es imperfecto. Pero, si está errado, también habría que cargarse a las profecías de los transhumanistas, quienes pintan de ciencia a una religión tecnificada.

Como sucede con cada éxito hollywoodense, muchos hablaron de inspiración excesiva o de plagio liso y llano. ¿Que tiene la trama de Pocahontas? ¿Que recuerda a El Rey León? ¿Qué es una versión aggiornada de Danza con Lobos? ¿Qué la conversión de Jake no es sino una remake de Apocalipsis Now en clave alienígena? En Aliens, también con Sigourney Weaver, los astronautas son forasteros que invaden un planeta ajeno, aunque a nadie se le iba a ocurrir simpatizar con huéspedes despojados de la gatuna belleza de Zoe Saldana (Neytiri). La primera Alien (el octavo pasajero), fue idea (ejem, esto también es discutible) de Ridley Scott: Cameron dirigió Aliens, el regreso, la segunda parte.

Call me JoeEl director de Avatar ha reconocido algunas influencias, empezando por la saga marciana de Edgar Rice Burroughs, creador de Tarzán. Tampoco hay que ir tan lejos si el plan es restarle originalidad. La caracterización del terráqueo aliado con los oprimidos de otros mundos y la escena final contra el enemigo enfundado en un exoesqueleto remiten a la contemporánea District-9. Ahora bien, ¿cuántas producciones culturales pueden presumir una singularidad radical? “Si los argumentos son de una cantidad finita, como muchos han esgrimido, en más o menos cuatro mil años de historia literaria ya deben de haberse narrado y recombinado todos”, escribe mi amigo F.G. Mazzeo en el prólogo de sus Ejercicios para la mano izquierda (Antilibros, 2009). Coincido: en general, conviene ser prudente ante las primeras acusaciones de plagio.

S4w-RogerDean021El reparto de críticas pasó desde las virulentas y dudosas hasta las realmente sugestivas. Un blogger comparó a los felinos hominizados de Pandora con los que aparecen en Time Spirits, una historieta de Tom Yeates y Steve Perry. Jane Anders, en el site io9 (en español, ver los blogs de Francisco Ortega y Ahuramazdah, de Keith Coors) compararon paisajes, situaciones y animales del reino de Pandora con los dibujos de Roger Dean, ilustrador en los setenta de las portadas de grupos de rock como Yes, Osibisa y ABWH, entre otros.

MorningDragon1024x768El cargo más grave partió –en octubre de 2009- de aficionados a la era de oro de la ciencia ficción, aquella que el propio Cameron admite haber leído durante su adolescencia. Reclaman que debería haber citado a Poul Anderson, autor del cuento Call me Joe (descargar Llamadme Joe, 1957). Es protagonizado por Ed Anglesey, un parapléjico que se contacta (en este caso, telepáticamente) con una forma de vida artificial. Como Jake Sully, Ed disfruta de su nuevo cuerpo. Cuando completa el proceso de adaptación, va tornándose nativo. En los cincuenta, escritores de ciencia ficción y contactados se proyectaban a planetas vecinos. Anglesey no explora a Pandora sino a Júpiter.

Como el espíritu que se comunicaba con Duclout.

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Primer culo en Magia Critica: el simbolo de ummo en MisaYo no sé cuántos lectores habrán oído hablar del planeta Ummo.
Me cuesta resumir un caso al que sigo embrujado desde 1981. Mi amigo, el abogado José Juan Montejo, cuenta la historia con detalle. Ahora, si yo tuviese que escribir la entrada respectiva para un diccionario, sintetizaría el llamado affaire Ummo como la historia de las relaciones entre unos supuestos seres que afirmaron haber llegado desde ese astro, en órbita alrededor de la estrella Iumma (identificada con nuestra Wolf 424), y sus corresponsales terrestres, en su mayoría ufólogos españoles (sin contar seis argentinos, varios franceses y un italiano).
Según cuentan ellos mismos, la avanzada ummita descendió cerca de la población de La Javie, Francia, el 28 de marzo de 1950, dispersándose luego hacia diversos puntos estratégicos de la Tierra. El grupo expedicionario recién estuvo listo para entrar en contacto con la Humanidad quince años más tarde, cuando un grupo de aficionados a la ufología y las ciencias ocultas, reunidos semanalmente en el madrileño Café Lion alrededor del contactado Fernando Sesma, empezó a atender las llamadas telefónicas y luego a recibir decenas y decenas de informes técnicos donde los embajadores de esta raza extraterrestre (ya que era una entre varias) exponía su historia, ciencia, filosofía y daba una increíble serie de instrucciones a los ufólogos, ya puestos al servicio de la causa ummita.

San José de Valderas, 1967“NO NOS CREAN”. El sello de autenticación de cada carta era el símbolo Ж, enmarcado en una especie de huella digital, acaso un gesto de sacrificio: la yema de los dedos de los ummitas era tan sensible que dictaban las cartas a un mecanógrafo terrestre. Su lema, reiterado hasta el hastío, era: “No nos crean”. Y a veces seguían: “Acojan con desconfianza estos conceptos y muéstrense incluso escépticos ante los oemii (hombres) no familiarizados con su ciencia, pero no destruyan estas hojas impresas”, dado que éstas constituían “el precedente histórico de las relaciones primigenias entre nuestras dos redes homínidas”.
Pronto, una sorprendente secuencia de pruebas reforzaría la credibilidad de los corresponsales invisibles. En febrero de 1966, un diario español dio cuenta del aterrizaje de un ovni en Aluche, en las afueras de Madrid, que dejó marcas en el suelo y exhibió la insignia que estaría indeleblemente asociada al misterio: el testigo, un tal José Luis Jordán, había descrito que el aparato poseía en su panza un símbolo similar al de Ummo. En el Café Lion revivió la pasión: los ummitas habían anticipado el avistamiento. El 1 de junio de 1967 fue el acabóse: otro platillo ilustrado con el icono ummita sobrevoló el barrio madrileño de San José de Valderas y sus evoluciones fueron profusamente fotografiadas (por testigos tan anónimos como los ummitas, pero aquí lo dejo: prometí no entrar en detalles). En suma, el fervor por Ummo se expresó en una pila de libros del veterano escritor Antonio Ribera, autor del célebre Un caso perfecto (centrado en las postales de Valderas), y en varios encuentros alentados por los propios ummitas, el más espectacular de los cuales fue el celebrado en 1980 en Alicante bajo el título “Jornadas Conmemorativas y de Estudio del Planeta UMMO”.

Jose Luis Jordan PenaUMMO CONFUNDE A LA TIERRA. Algunos consideran que la intromisión de Ummo en los asuntos terrestres concluyó en 1993, cuando José Luis Jordán Peña (izquierda), aquel testigo en Aluche, contertulio en el Café Lion y luego cofundador de la Sociedad Española de Parapsicología, confesó haber sido autor del fraude.
Pero la odisea ha continuado. Las declaraciones en las que Jordán Peña se atribuye el embrollo cósmico sufrió algunas contramarchas (“cuidado, soy un sofista profesional”, me dijo una vez). Pero años antes de que su verborragia explotara sobraban indicios (expuestos por Félix Ares de Blas, Carles Berche, Javier Sierra y el propio Montejo) que lo dejaban con el culo al aire.
Hay versiones más escabrosas, pero Jordán Peña suele contar que decidió reivindicar sus derechos intelectuales de la saga cuando supo que la influencia de su creación había llegado muy lejos. Me dijo que se escandalizó cuando, a mediados de los ochenta, supo que Eduardo Eddie González Arenas, líder del grupo Edelweiss, tatuaba el símbolo ummita con una yerra al rojo vivo y abusaba sexualmente a sus jóvenes seguidores (Eddie acabó degollado por una de sus presuntas víctimas en 1998). También me contó que afectó a su sensibilidad saber que el ufólogo catalán emigrado a la Argentina y ex piloto de guerra durante la Segunda Guerra Mundial de la Real Air Force, Luis Anglada Font, murmuró sus últimas palabras en ummita. Había sido uno de los receptores de las maquiavélicas cartas.

Sesma en La Ballena Alegre, Cafe Lion (documento de Hilde Menzel)CÁLLATE, BENÍTEZ. Pese a la confesión de Jordán Peña, las ilusiones de los ummoadictos nunca se disiparon por completo: a muchos entusiastas les cuesta aceptar que una sola persona fuese capaz de construir, casi con la única ayuda de los promotores del mito, un “experimento” que estuvo a pasos de constituirse en culto. Es que Jordán Peña, con escasa voluntad para demostrar sus afirmaciones y muy dado a jugar con sus entrevistadores, siempre podía ser “el hombre de confianza” de los visitantes. Algo así insinúa Juan José Benítez, en El hombre que susurraba a los “ummitas”, título inspirado en las experiencias de aquella hermosa persona que fue Rafael Farriols. En ese libro, tal vez el peor de los cincuenta que lleva publicados, Benitez concluye: “Aunque no acierto a comprender la intencionalidad, después de lo averiguado, hay algo seguro (para mí): los manipuladores del asunto ‘Ummo’ han sido, a su vez, manipulados. Los humanos han movido los hilos de los humanos sin saber que ellos eran marionetas de los ‘NO HUMANOS’” (he respetado la pavorosa redacción del original).
Luis R. González pulveriza en 19 páginas escritas en letra pequeña las aniñadas falacias del escritor navarro. Sospecho que no era para tomarselo a la tremenda: si yo fuera un tenaz creyente en la realidad alienígena de los ummitas, le hubiese suplicado a Benítez que jamás publicara semejante bodrio.
Sin embargo, lo más fabuloso de Ummo no es si somos realmente manipulados por extraterrestres, si fue un fraude elaborado por Jordán Peña o por interpósitas personas, sino que -alrededor del símbolo y cuarenta y cuatro años después- los seguidores del asunto aún debaten la cuestión con sincero apasionamiento.
Es decir: Ummo sigue entre nosotros.

Agostinelli y Adal Ujvari, 1982DE 2001 A CAÑUELAS. Entre nosotros los argentinos, por ejemplo, los ummitas se expresaron en el entusiasmo de un joven investigador, Adalberto Ujvari, un estudiante de Ciencias de la Comunicación residente en la bonaerense localidad de Florida que, a comienzos de los ochenta, recorrió Europa en pos de verificar el contenido de los informes. Durante su aventura, me dice, no aprendió tanto sobre Ummo. Pero sí sobre asombrosos aspectos de la sociología, la geografía y la naturaleza humanas que, sin Ummo, jamás hubiese aprendido. 2001, periodismo de anticipación, una revista preciosa (publicada entre fines de los sesenta y comienzos de los setenta por Enrique Llanas, Alejandro Vignati y Eduardo Azcuy, entre otras plumas de la época), dedicó a los ummitas una portada gloriosa y no una, sino varias notas. Tal vez algún ejemplar de 2001 fue a parar a manos de Carlos Eduardo Jerez, un curandero que erigió en la localidad de Cañuelas, provincia de Buenos Aires, un enorme platillo volador estacionado frente a un caserío que llamó “planta de investigaciones”. Allí, Jerez recibió a miles de enfermos terminales a quienes prometía una “cura milagrosa” gracias a una tecnología médica importada de Ummo.
Los rastros de Ummo en la Tierra no terminan aquí. Sigo.

Herikberto Muela. Fuente: diario El MundoINTENSIDAD. Durante veinte años, en el más puro silencio, el artista plástico gallego Herikberto Muela Quesada escribió un ensayo de 500 páginas donde ha desarrollado una “teoría de los diseños coincidentes o de la convergencia adaptativa”, ha derivado de ella una novela titulada El hombre del traje blanco, y ha concebido un frondoso catálogo conformado por seiscientas especies alienígenas que bocetó con precisión extrahumana. Antes había trabajado con expertos en FX de La guerra de las galaxias y de Alien, el octavo pasajero, y luego su búsqueda estética derivó al comic. Pero su interés por otros mundos surgió a partir de una fijación de su padre, Franco Muela, por los seres de Wolf 424.
Allá por 1995, Herikberto fue invitado a un selecto cónclave de ummólogos donde estuvo Jordán Peña. Tras disculparse por la interrupción, se puso un antifaz de El Zorro y leyó una carta en homenaje a su finado padre, artista como él y violinista. “Algunos textos sólo podrían haber sido escritos por un sádico”, aseguró. Sólo así se explicaría que las cartas hablasen de “una dictadora ummita adolescente que disfrutaba con el sufrimiento de sus víctimas”. La emperatriz ummita ordenó viviseccionar a Ummowoa, profeta asimilable a la figura de Cristo.
El antropólogo Néstor García Canclini define a estos cruces, interculturales o intergeneracionales, culturas híbridas.
Para mí son ejemplos de intensidad.

Ummo en LostDE LOST AL CULO DE MISA. Otros rastros de Ummo en la Tierra hablan de una mitología que tiñe la cultura popular como una mancha de tinta en un delantal. Allí está el logotipo ummita grabado en un árbol en el episodio 16 de la tercera temporada de Lost. Juliet Burke, parte de la cofradía de Los Otros, también luce un tatuaje ummita en la piel (aunque otros lo ven más parecido al emblema de Cienciología).
¿Quieren ejemplos más cercanos? Durante años funcionó en Palermo y San Isidro la cadena de restaurantes Ummo. Su huella persiste como Ummus (aunque sólo en San Isidro). Sigue llamándose Ummo en Santiago de Chile, en el barrio Providencia, pese a que el cheff haya emigrado a San Juan de Puerto Rico, donde prepara sus banquetes galácticos en el Ummo Argentinian Grill. No sorprende, pero causa gracia, escuchar en la web un tema del Gotan Project, con la locución de Fabio Zerpa.
Ummo también vive entre telas, dedales y tijeras: el diseñador de indumentarias argentino Marcelo Ortega identificó a sus productos con la marca UNMO. Si bien cambió la primera consonante, explica que su marca tiene que ver con “la fuerte influencia literaria de ciencia ficción, y obsesión por el futuro, sobre ovnis y alienígenas”. Además, aclara que Ummo es “un lugar que está en el límite entre la literatura fantástica y la investigación”. Perfecta capacidad de síntesis la del modisto.
MisaMatías Morey Ripoll descubrió otro morboso rastro ummita. Se advierte en la nalga izquierda derecha de la Pampita canadiense, la modelo Misa Campo. “Ya me explico por qué nunca he descubierto a ningún extraterrestre. Yo me fijaba en el meñique”, acotó el ingeniero en Telecomunicaciones Manuel Borraz Aymerich.

Un problema de los ufólogos, que alcanza incluso a los escépticos, es que no ven más allá. Les cuesta ver fuera del alcance de los ojos.

Agradecimientos: A Juan José Montejo, Juan Pablo González, Enrique Márquez y Matías Morey Ripoll (Lista Anomalist).

Enlaces

UMMO-Ciencias. Sitio en español dedicado al asunto UMMO

Benítez, J.J.: El hombre que susurraba a los “ummitas” (Planeta, 2007). Leer la crítica de Luis R. González, en la web de la Fundación Anomalía.

Dos imperdibles intervenciones de Herikberto: una en Youtube y otra con Buenafuente.

Aconsejo ignorar (o corregir, si alguien sabe cómo hacerlo) la desastrosa entrada de Ummo en Wikipedia.

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El Tunel del Tiempo¿Quién se acuerda de El Túnel del Tiempo? Hay un capítulo –One Way to the Moon, 1966 que nunca olvidé: los doctores Tony Newman (James Darren) y Doug Philips (Robert Colbert) aparecían dentro de una nave en pleno alunizaje ¡en 1978! La proximidad de la fecha me causó cierta ansiedad. Pero el futuro se adelantó. Sentí el mismo escozor años más tarde, cuando oteaba el presente buscando rastros del Gran Hermano orwelliano en la víspera de 1984, cual evangélico obsesionado con los códigos de barra (que como todo buen cristiano sabe, encriptan el número de la Bestia).

SF and FutureComo sea, los realizadores de cine de ciencia ficción no siempre tienen en cuenta que el futuro del que hablan puede llegar en cualquier momento y olvidan situar sus tramas en el calendario. Otras veces, la ausencia de coordenadas precisas tiene que ver con el efecto buscado: sugerir que el tiempo es como una bruja con Alzheimer y el pasado puede ser el futuro, o viceversa.
Dan Meth es un pibe neoyorkino aficionado a la historieta y la ciencia ficción. Gracias a otro pibe -Martí Flò, un catalán amante del cine de extraterrestres- supe que Meth trazó una curiosa línea de tiempo, donde indica las fechas en que tuvieron lugar los sucesos contados en diferentes películas de ciencia ficción, desde La Naranja Mecánica hasta Dune. ¿Cómo organizó a las pelis? ¿Eligió nada más que a los clásicos? ¿Puso solamente las que son parte de su panteón sagrado? No, rastreó Wikipedia a fondo y en la infografía sólo agregó las que incluyen el año exacto.
El cronograma constituye un ejercicio de prospectiva de utilidad relativa: el análisis de aciertos y desaciertos de gran parte de las películas indexadas deberá esperar a las generaciones venideras. Pero, como dice Martí, “ayuda a saber cuáles se han aventurado más y cuáles han quedado desfasadas”.  ¿Comentarios?

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Futuristic Movie Timeline

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El recuerdo de Francisco García -el marciano por parte de madre- me teletransportó hasta Yolanka. El héroe extraterrestre que nos merecíamos los pibes argentinos, allá por los setenta. Auspiciado por Kasdorf, Yolanka había aterrizado en Titanes en el Ring. Repartía trompadas como ejemplo de paz y era sinónimo de energía y vitalidad. En la web, es un E.T. de culto. En Mercado Libre, por ejemplo, se consiguen frascos originales del yogurt por sólo $ 299. Alguien subió la banda de sonido y Youtube muestra su combate contra Tufik Memet.

Yolanka1Hace un tiempo, en una feria de antigüedades, conseguí una libreta, que guardo en mi Minimuseo Alien junto con una imagen del Sagrado Corazón de Jesús.
A pesar de su desempeño en el ring, Yolanka era extraterrestre, no una momia. No sé si el luchador era sordomudo, pero no recuerdo haber escuchado su voz.
Todas las tardes, creo que a la hora de la merienda, su nave descendía sobre el escenario de Karadagián.
Por su estampa, para mí sólo era superado por Súperman.
Recién ahora me doy cuenta que parecía una abejita.

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Banda de sonido

Yolanka / merchandising

Titanes en el ring

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Francisco García, el contactado que en 1973 predijo un aluvión de ovnis en Chascomús (atrás, Javier Alfonsín, hijo de don Raúl).Una de las historias que investigué con más entusiasmo para Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Sudamericana, 2009) fue la profecía de Francisco García, un contactado que decía ser “comandante de las fuerzas de Marte en la Tierra y marciano por parte de madre a nivel de la tercera reencarnación”. En 1973, García revolucionó a la localidad de Chascomús, provincia de Buenos Aires, y a la audiencia de Canal 13, cuando anunció que el contacto con los marcianos era inminente. “El próximo sábado, cincuenta platos voladores van a descender sobre la Laguna de Chascomús. No serán cuarenta y nueve ni cincuenta y uno, sino exactamente cincuenta platos”, dijo García el 16 de agosto de 1973 a Víctor Sueiro en Teleshow, un programa de entrevistas que compartía con José de Zer, entre otros.

La profecía de García falló y la historia hubiese podido terminar ahí. De hecho, don Alfredo D’Alessandro, por entonces socio del Club de Pesca y Náutica de Chascomús, despachó el asunto en poco más de dos minutos:

Ese capítulo de la ufología argentina, titulado Mi marciano favorito, iba a quedar inédito: ante la imposibilidad de dar con indicios de Francisco García, me propuse reencontrar y visualizar los archivos de las diferentes emisiones de Teleshow, que se ocupó del tema durante una semana, antes de poner manos a la obra; pero ni Canal 13 ni los principales documentalistas porteños sabían nada de aquel rodaje. Una luz de esperanza asomó cuando Sueiro me dijo que guardaba algunas cintas y podía mostrármelas. Lamentablemente, el periodista falleció antes de reunirnos y su familia no tuvo suerte cuando buscó el preciado material.
Casi sin darme cuenta, la reconstrucción de la odisea marciana había comenzado. Aparte del propio Víctor Sueiro, entrevisté a varios protagonistas secundarios (Adalberto Ujvari, José Eduardo Bonavita, Luis Urruti, Alfredo D’Alessandro, Abelardo Tejo y Juan José Castro, entre otros) y visité Chascomús para imaginar lo que menos posible lo que debió ser “la escena del contacto”. Luego logré hallar al legendiario Normando Anuar Busefi, otro profeta de extracción peronista –hoy internado en un neuropsiquiátrico- que respaldó el vaticinio de García y cuyo derrotero y destino merecieron un amplio despliegue en el libro.

También intenté reflejar el clima de la época: poco antes había vuelto a la Argentina el general Juan Domingo Perón, se produjo la masacre de Ezeiza, Estados Unidos huía de Vietnam del Sur, en Chile crecía el fantasma del general Augusto Pinochet, las sondas Pioneer partían al espacio profundo con un mensaje a posibles extraterrestres, la revista 2001, periodismo de anticipación era rebautizada “periodismo de liberación” y el diario Clarín comenzaba a publicar El regreso de Osiris, una novela gráfica de Alberto Contreras que mezclaba ciencia ficción, ufología y religión.
En Mi marciano favorito intenté poner en perspectiva a los profetas que prometen grandes revelaciones sobre realidades extraterrestres. Pero, también, quise mostrar cómo actúan los diversos actores antes, durante y después de la instancia de agitación social que causan estos pronósticos. Y que -cuando la profecía falla- poco se gana “apaleando” al profeta: el ensañamiento supone ignorar que siempre hay visionarios rondando por ahí y que, si tienen alguna influencia, es gracias a los periodistas, ufólogos, aficionados y, por supuesto, empresas periodísticas a las que “tanto les interesa” mantener al público bien informado. Ironía ésta que captará el buen lector de Invasores.

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espiralUn espectacular molinete espacial incandescente iluminó el horizonte en el norte de Noruega a las 7:50 AM del miércoles 9 de diciembre. Fue descrito como un rayo verde con una espiral en rotación en un extremo. Duró un par de minutos y creció hasta convertirse en un enorme halo con el haz de luz verde extendiéndose hasta el suelo.
El desconcierto de los organismos oficiales noruegos provocó un sinfín de especulaciones. Las ideas en danza fueron desde una manifestación desconocida de la aurora boreal, el estallido de un flamante prototipo de nave extraterrestre o ajustes de un intrigante “Programa Top Secret para Crear una Nueva Religión Mundial”. A esta Teoría Conspirativa de la Nueva Generación le llaman Blue Beam Project. Quienes la sostienen hablan de una conjura de científicos lunáticos que quieren usar el cielo como pantalla para presentar escenas de la Segunda Venida de Cristo o, quizá, la prometida invasión alienígena. El sitio argentino Urgente 24 le dio a esa Teoría Conspirativa una cobertura inusual.
La hipótesis que explica más hechos con menos conjeturas postula que el fenómeno fue causado por un misil intercontinental ruso fuera de control. En efecto, Bulava (del ruso «Булава», “maza”) es el nombre que recibe una serie de misiles balísticos rusos submarinos cuyos lanzamientos están en fase de desarrollo. El Instituto de Tecnología Térmica de Moscú, responsable del diseño del misil, explica que cada ojiva puede cargar hasta diez cabezas nucleares, con un alcance máximo de 8.000 kilómetros. Muy tranquilizador.

“QUE SE CREAN LO DEL OVNI”. Lo que habrían visto los testigos en la Península Escandinava –y millones de usuarios de YouTube- es el “efecto trompo” de la tercera etapa de un misil fallido, girando sobre su eje. James Oberg, un periodista norteamericano experto en avistamientos de presuntos ovnis y del programa espacial ruso, piensa que ésta es la explicación más plausible. Oberg también señaló: “el Bulava está en el centro de un escándalo a causa de sus continuos fallos en los últimos dos años”. Por lo pronto, la página de wikipedia del Bulava agendaba un lanzamiento para el 9 de diciembre que –según los wikipedistas- “ha fracasado, causando la espiral anómala percibida en Noruega”.
Al principio, el Ministerio de Defensa ruso pareció dejar la conspiranoia bien servida: “No confirmamos, no negamos, no hacemos comentarios”, declaró un funcionario. “Probablemente, los rusos prefieren que el mundo piense que fue un ovni y no un nuevo fracaso de su proyecto”, opinó Alan Boyle, periodista científico del MSNBC.com. Anoche, varios medios informaban que el Ministerio terminó por reconocer que se trató de otro fracaso de sus misiles Bulava.

(Nota al 11/12/09: Está confirmado, fue un misil ruso. Más info en Magonia.)

(Gracias a Luis E. Pacheco, Kentaro Mori, Manuel Borraz, Ricardo Campo y Vicente-Juan Ballester Olmos por sus aportes en Anomalist, la lista de correos que nuclea a los especialistas de la Fundación Anomalía).

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