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Archive for 27 enero 2009

La credibilidad de Christian Sanz -director del sitio web Tribuna de Periodistas– se acerca al cero absoluto. Hace algunos años, para zafar de una acusación de plagio, falsificó un fax. El montaje fue tan torpe que permitió a quienes lo denunciamos crear una didáctica explicación sobre cómo desmontar una falsificación. El mérito no fue nuestro sino del falsificador: Sanz fue suficientemente tonto como para diseminar pistas por doquier. Bien, en estos días, con el apoyo de Diario Perfil, Sanz renació como especialista en montajes fotográficos. ¿No me cree? Pues créalo, de hecho ya se lo creyó el editor de Perfil.com, quien -sin ninguna evidencia- le dio aire a la versión de Sanz, según la cual el encuentro entre Fidel Castro y Cristina Fernández de Kirchner no se produjo ya que la fotografía que circula de ellos juntos “está trucada”.

A Sanz se le antojó que el rostro de Castro estaba “puesto” en el cuerpo de otro hombre sin el veredicto de especialistas en imágenes con nombre y apellido, sin argumentos lógicos y con profusión de preguntas pretendidamente suspicaces colmadas de prejuicios, ninguna de ellas basada en indicios racionales.

Sanz no es una fuente creíble y todo hubiera podido terminar ahí. Pero Diario Perfil compró sin chistar el dislate. Deben pensar que la oposición periodística se ha ganado el derecho a tirarle al gobierno con lo que sea, no importa si es guano generado por Tribuna de periodistas, una máquina de producir alucinaciones conspiranoicas, o una fuente responsable.

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Christian Sanz

Infografía que disecciona la falsificación de Sanz.

Encuentro Cristina-Fidel ¿un gran invento oficial?

Desconfían de la veracidad de la foto Cristina-Fidel

Gracias a Max Seifert y Daniel Riera por los enlaces.

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El color de la piel de Barack Hussein Obama me resultaría interesante si fuera verde. Eso no es todo: la negritud presidencial me importa menos desde que le oí decir a un locutor de TN que Michelle Obama es la primera dama “de color” (¿negro?) que tuvo los Estados Unidos; encima, lo dijo para mentar su centelleante vestido de seda verde musgo.

Me interesa poco el color de su piel -decía- porque no es verde. Sin embargo, algunos afirman que Obama es el primer presidente extraterrestre en la historia de los Estados Unidos. Yo sé que las cosas no son ciertas o falsas porque las diga una autoridad, pero admito que me atrae más conocer la opinión de Henry Jenkins, director del Programa de Estudios Comparativos de los Medios del M.I.T., que la de Mauro Viale.

VULCANO COMO SU PADRE. Jenkins creyó percibir en Obama un aire al Señor Spock. No sólo porque Spock es vulcano por parte de padre y humano por parte de madre, así como Obama es hijo de padre africano y madre yanqui. El ensayista destaca que la serie original de Star Trek (1966) “celebró ideales que animó a toda una generación a imaginar una sociedad más utópica”, integrando a culturas y razas en una comunidad multiplanetaria.

Con la pátina de exotismo que le da su origen hawaiano, el carisma de este abogado egresado en Harvard preocupó a Juan Carlos Castillón, un intelectual cubano exiliado en Barcelona. Antes de que se clausurase Guantánamo, que lo debió poner muy contento, Castillón escribió: “El primer recurso del mesianismo consiste en separar al político, y en hacernos creer que se trata de alguien no ordinario. De ahí al Iluminado, al ungido por Dios, sólo hay un paso”. ¡Peligro! Obama tiene los gestos de un profeta laico. Esos argumentos a lo mejor le caben al pastor Jesse Jackson, a Louis Farrakhan, Ministro Supremo de Nación del Islam o al mismísimo hijo de Bush, coautor del primer genocidio preventivo en nombre de Dios del siglo XXI.

Obama tiene ángel, pero no parece dar el perfil de líder religioso. Encarna, más bien, el estereotipo del héroe extraterrestre.

En Star Trek: La ira of Khan (1982), los fans se enojaron cuando el capitán Kirk dijo que Spock había sido la persona “más humana” que había conocido. “¿Se imaginan el escándalo si alguien elogiara a Obama por su blancura?”, se pregunta Jenkins.

No voy a decir lo que pienso de los que encuentran virtuosa la tez de Obama. Pero tampoco quiero ser injusto. Obama no parece ser a Bush lo que fue De la Rúa a Menem, aunque tanto el zapateado como el patilludo fueran repulsivos reptilianos.

 

Barack Obama no es Obi-Wan Kenobi ni Darth Vader. Es el Señor Spock, un pez híbrido que nada en una atmósfera cosmopolita. Como el ambiente que se respiraba en el USS Enterprise, la nave que lanzó al espacio Gene Roddenberry, creador de Star Trek. La serie surgió en tiempos de JFK, aquel presidente tan joven, bonito y bueno que merecía morir. En una línea parecida, un bloguer cristiano afinó la metáfora. Obama -escribió- fue separado al nacer de Tuvok, el vulcano negro que interpreta Tim Russ en Star Trek: Voyager (1995).

Antes del triunfo electoral, la revista Rolling Stone apostó a Obama. Subió al candidato demócrata a tres portadas. Creo que hubiera vendido más ejemplares si le corregían las orejas con photoshop. Naturales son poco vulcanas. Al contrario: en una tapa, RS tituló A New Hope, frase que evoca a la primera película de Star Wars. Sus editores no deben ignorar que son sagas rivales. Pero equivocaron el target.

DISCURSO COSMICO-JUSTICIALISTA. Todavía rebotan los ecos del discurso inagural de Obama, y no faltaron susurros sibilinos para los cuales algún gen peronista debe tener, porque dejó contentos a (casi) todos. El (casi) vale porque hablamos de un presidente que no quiere confraternizar sino “recuperar el liderazgo”. Y que se olvidó del Tercer Mundo y del brutal genocidio perpetrado en Gaza, como denunciaron Robert Fisk y Atilio Borón.

El consuelo cristiano fue que citara cuatro veces a Dios y jurase no una sino dos veces sobre la Biblia. Los musulmanes se habrán tranquilizado cuando en vez de bombardeos prometiera “un nuevo camino basado en el interés y el respeto mutuos”.

Hasta aquí nada del otro mundo.

Obama es un cristiano que se afilió tempranamente en la Trinity Church, la iglesia de la elite negra de Chicago. En una sociedad donde el 90 por ciento de la población reza o siente que Jesús le habla, es previsible que respetara la liturgia consistente en jurar sobre la Biblia, como lo es que despidiera con unas palmaditas sobre la espalda al presidente saliente.

Tampoco fue inesperado -a la luz de su biografía- que le dedicara un generoso párrafo a la diversidad religiosa. El golpe de gracia fue el furgón de cola. Obama dijo: “…sabemos que nuestra herencia multiétnica es una fortaleza, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes, y de no creyentes”. ¡De no creyentes! Este hombre no podía ser de la Tierra. Por primera vez, un presidente yanqui admitía que no gobernará una nación poblada únicamente por creyentes. Lástima que la hasta hoy ignorada minoría arreligiosa carece de alma. Si la tuviera, se le hubiera conmovido. Para más INRI, Obama clamó por restituir la ciencia “a su debido lugar” y a usar “las maravillas de la tecnología para incrementar la calidad de nuestro sistema de salud y reducir su costo”. Verse representados catapultó a ciertos infieles a un fervor cercano al delirio místico. “Esos son los valores del humanismo secular”, celebró D.J. Grothe, portavoz del Center for Inquiry y editor asociado de Free Inquiry, la revista top de los no creyentes. No lo culpo. Angel Moyano me presta una píldora para la memoria: “Los ateos no deberían ser considerados ciudadanos ni patriotas”, dijo Bush padre en 1987.

MIMETIZACIÓN. Hay norteamericanos virtuosos en muchos aspectos. Pero viven en una sociedad ombligocéntrica e intolerante. Todavía no se cumplió un año desde que se sembró la sospecha de que Obama era un “musulmán encubierto”, como si adherir a esa religión fuera denigrante (y de hecho lo es para miles de estadounidenses). La derecha cristiana compraró a Obama con el Anticristo. El rumor corrió con tanta fuerza que Glenn Beck, periodista de CNN, entrevistó a un evangélico conservador para determinar cuán probable era esa versión. El mismo Leonard Nimoy, alter ego del Señor Spock, explicó que durante un encuentro cercano que mantuvo con Obama éste desmintió tanto “ser musulmán como un vulcano secreto”. (Lo de musulmán vaya y pase, pero ningún vulcano infiltrado confesaría alegremente su origen).

Con todo, al estado de ánimo que lleva a sospechar del que tiene creencias diferentes, y al capitalismo como herramienta de control social, no le importan un cuerno el carisma obamita. Son factores que corren a donde los lleva el viento. Los personajes que secundan a Obama -herencia de un pasado reciente espantoso- recuerdan que el poder real siempre está en otra parte. Obama puede ser más de lo mismo. Sin embargo, su presencia “fascina e inquieta”, como dijo el sociólogo Manuel Castells. “Lo insólito no es el color de su piel. Es la vida de Obama, una vida multicultural en búsqueda de identidad, una larga experimentación personal, lo que hace de él un personaje inusitado en la política mundial”. Fascina e inquieta, dijo. “Por eso -continúa Castells- se nos encogerá el corazón cuando la política se lo trague hasta hacerlo irreconocible”. Lo mismo pasa con los extraterrestres. Existen, pero se mimetizan tan rápido con el entorno que se vuelven invisibles.

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Días atrás me ocupé de los llamados Niños Índigo-Cristal, la doctrina según la cual los pequeños vienen llegando con poderes o comportamientos extraños. Y describo así a esta supuesta nueva generación de niños porque sus partidarios nunca han proporcionado una definición consensuada. Pero como hay chicos que reciben de padres con estas creencias el estigma “índigo” y otros que reciben medicación porque el perfil de estos mismos niños coincide con el diagnóstico TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad), me pareció necesario abrir un debate. Por eso dejé picando tres preguntas. Tomó la posta Carlos Carolus Dominguez, psicólogo de la corriente cognitivo conductual y amigo de la casa.

1 ¿Es la teoría índigo un disparate que posterga el diagnóstico que luego permitirá un tratamiento eficaz?

-Sin ninguna duda. No es seguro que todos los niños sospechados de “índigo” o “cristal” tengan alguna patología. Pudiera ser que ellos solo son peculiares a la mirada de los padres, o que estén desatentos por reacción ambiental. Pero la teoría índigo es una estupidez que se fundamenta en supercherías. En tal sentido, no sólo posterga el diagnóstico (en caso de haber alguna anomalía) sino que predispone a ver “anomalías” donde probablemente no existan.

2 ¿Es acaso un mal menor, un termostato social que sirve de “colchón” para atenuar el impacto de la medicación compulsiva?

-No es un mal menor. Ninguna estafa que involucre a niños lo es. Pensar que vendría a ser un termostato que atenúa la medicación compulsiva sería del agrado de los creadores de la pseudociencia, pero sus intereses son mucho más en el sentido anterior que una “resistencia a la medicalización”. Esa racionalización está muy difundida entre los partidarios de las medicinas alternativas. La medicación compulsiva sólo puede ser atenuada por medicina basada en la evidencia, no por pseudomedicinas o por pseudociencias, ni siquiera aunque -sin pretenderlo- haya menos casos medicalizados. Consituyen el mismo “colchón” que podrían inventar los creyentes en las posesiones diabólicas.

3 ¿Qué modelo propone la psicología científica para tratar los presuntos casos de TDAH?

-En los casos diagnosticados fehacientemente hay un tratamiento farmacológico y conductual. Los llamados “niños índigo” no necesariamente tienen ADHD, hasta se me hace difícil ver una correlación de acuerdo a los síntomas. El tratamiento farmacológico de primera línea es con psicoestimulantes, como la ritalina. Son los estudios científico-clínicos (como la tomografía con emisión de positrones en el seguimiento de pacientes) los que deben dirimir la cuestión de la validez del tratamiento farmacológico, y no campañas mediáticas como la iniciada por la Iglesia de Cienciología en base a creencias acientíficas que reivindican teorías conspiracionistas.

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Yahoo! refuerza la creencia de que una raza de superniños vino a salvar a la Humanidad

Hipótesis. Blog de Carlos Dominguez

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Ya sé: hay noticias más espantosas. Pero hoy conocí el nombre y me enteré de la muerte de Bob May, el actor que se calzaba el disfraz de la mascota metálica de los Robinson en Perdidos en el Espacio. La frase predilecta del robot era “Peligro, Will Robinson”. La necrológica que hoy publica The Washington Post recuerda que nunca hizo alarde de su papel -“lo conseguí porque cabía en el traje”-. También, que fumaba tanto que a veces salía humo por las costuras del robot. Dejo caer una lágrima de plutonio por Bob.

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Bob May, página oficial

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Trailer de Crepúsculo (Catherine Hardwicke, 2008).

El estreno de Crepúsculo todavía está fresco y me propuse abordar el asunto. El problema es que no me interesan la pálida frigidez de los cementerios, la sensualidad de los ataúdes ni la precisión de la adaptación fílmica de la primera novela de la trilogía de Stephenie Meyer. Sin embargo, es una buena oportunidad para entrarle a tres temas jugosos: mitologías sanguinolentas, creencias religiosas -y por qué no contagiosas- y vampirismo secular.

Yendo al punto, lo que me interesa es la sangre.

Varias veces citada en la Biblia, se la ha considerado fuente de poder (la sangre en el cáliz de Cristo), se la ha sindicado como materia destinada a expiar pecados (acaso porque transporta la vida, pero también enfermedades) y se la desdeña incluso al precio de salvar vidas: los Testigos de Jehová la tienen contraindicada para transfusiones.
Su ausencia del organismo -como atestiguan los especialistas en chupacabras- significa lo contrario de la vida. De chuparla a sus víctimas, el conde Drácula obtenía la vida. Y las sangrías de purificación de la medicina precientífica prometían recuperar a los enfermos, que terminaban saludablemente muertos.

Hace un tiempo, Mariana Comolli escribió una completa investigación sobre la mitología que rodea a este complejo fluido biológico. Su trabajo prueba que las conexiones entre sangre, ciencia y religión son fascinantes. Me picó la curiosidad de saber qué tenía para decir un científico religioso sobre el tema y entrevisté a Fernando Saraví, profesor de Biofísica y pastor evangélico.

1 ¿Desde cuándo la sangre tiene ese significado simbólico?

No lo sé. Los simbolismos relacionados con la sangre son antiquísimos. Se conocen ritos y pactos de sangre en muchas culturas primitivas. Si bien el hecho de que la sangre circula por el cuerpo fue demostrado por William Harvey en el siglo XVI, desde muchísimo antes se sabía que si alguien se desangra, se muere (de choque hipovolémico, decimos hoy).
En la Biblia, la palabra sangre (hebreo “dam”) puede emplearse metafóricamente, como le dice Dios a Caín: “La sangre de tu hermano (Abel) clama a mí desde la tierra”. Según el principio ya mencionado, la Biblia relaciona la vitalidad con la sangre: “La vida de la carne está en la sangre” dice. Derramar sangre puede referirse a homicidio o a sacrificios de animales. En estos últimos, la vida del animal sustituía a la del oferente. La sangre del animal debía derramarse y jamás beberse, pues era sagrada. Teológicamente la sangre era central para el perdón de los pecados; por su relación con la vida era sagrada y vedada al consumo humano.

2 Los Testigos de Jehová se resisten a las transfusiones. ¿Por qué ellos están equivocados y no los católicos, cuando invitan a “beber la sangre de Cristo” en una copa de vino?

Los Testigos de Jehová se basan en la prohibición de ingerir sangre de Levítico 3:17 y otros textos, cuya base ya expliqué. La sangre del animal sacrificado no le pertenecía al hombre. Incluso si el animal era matado para servir de alimento, debía dejarse escurrir la sangre antes de cocinarlo. La transfusión no involucra ingestión ni digestión de la sangre, y por otra parte se emplea para sostener una vida sin quitar otra.
Los cristianos celebramos la eucaristía porque Jesús nos mandó hacerlo en memoria de él. El pan y el vino simbolizan el cuerpo y la sangre de Cristo según los evangélicos, o se transforman milagrosamente en ellos según los católicos (de paso, el vino debería ser tinto; el de la Última Cena fue probablemente syrah). Creemos que el sacrificio de Cristo en la cruz, donde su sangre se derramó, fue un acto redentor único y definitivo, suficiente –a diferencia de los sacrificios de animales– para purificar de sus pecados a todos los que creen en Jesús.

3 ¿Existe alguna razón científica por la que usted recomendaría beber sangre humana?

Respondo desde un punto de vista exclusivamente científico. No se me ocurre ninguna razón a favor. La sangre es nutritiva, pero sus nutrientes se encuentran en muchos alimentos. Y existen razones científicas en contra: puede transmitir infecciones, y si no las tiene debería reservarse para emplearla adecuadamente en transfusiones.

Enlaces
Crepúsculo (página oficial)
La trilogía de Stephenie Meyer
Comolli, Mariana. Escrito en sangre. En revista Pensar Vol. 2, Nro. 1 (Enero / Marzo 2005).
Fernando Saraví

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Trailer de El Pueblo de los Malditos (1960)

Hace treinta años, un preadolescente con capacidades diferentes era confundido con un niño prodigio. Nuestras madres lo proponían como ejemplo a imitar y nosotros, sus contemporáneos, mentábamos a la suya en silencio. Aquel niño ahora es mayor de edad. Se llama Claudio María Domínguez y es un ejemplo vivo de que la buena memoria no cotiza en el mercado de valores intelectuales. O, por lo menos, que no es condición suficiente para desarrollar cierta inteligencia. Aquel niño, cuando creció, tampoco zafó de afirmar solemnes tonterías. Pero ¡a no desesperar! Algo se ha avanzado. Hoy, para nuestros hijos, el modelo de chicos talentosos son Dexter o Phineas y Ferb. Niños geniales de verdad. Otra cosa parece ser la percepción que tienen algunos padres de los niños que parecen poseer talentos maravillosos. Los llaman Niños Índigo, o Niños Índigo-Cristal, y para ellos no son -no pueden ser- de la Tierra. Lecturas, amistades o programas de televisión les han enseñado que sus hijos son telépatas, que cierta alquimia genética los ha vuelto inmunes a ciertas enfermedades y están entre nosotros para cumplir con un programa extraterrestre. Que se supone mejor que el de la Tierra, que ni siquiera lo tiene.

ORÍGENES DEL FENÓMENO
Hace diez años, Lee Carroll, un empresario yanqui que asegura canalizar a un ángel llamado Kyron, publicó Los niños índigo: los nuevos chicos han llegado, primer libro de un aluvión dedicado a promover el advenimiento de una generación de niños sobrenaturales, encarnados o descendidos de otro plano, planeta o dimensión espiritual. Carroll y su compañera, Jan Tober, iniciaron el movimiento Grupos de Luz de Kryon. La pareja afirma que los Niños Índigo “traen un nuevo código genético, monitoreados telepáticamente por extraterrestres”. Y que las “viejas almas” serán reemplazadas por “estos nuevos líderes que muy pronto nos guiarán y traerán la paz a La Tierra”.

Yahoo argentina, 10 y 11 de enero de 2009

Yahoo argentina, 10 y 11 de enero de 2009

A fines del siglo XX, el tema de los Niños Índigo parecía una moda en retirada. Sin embargo, sigue presente en la agenda de los medios. El fin de semana pasado, el portal Yahoo!, entre los cables de noticias, aseguraba: “Niños índigo y cristal: Descubrí sus patrones de conducta y cómo tratarlos”. Tras cliquear el vínculo no hay un informe ni una noticia, somos arrojados al catálogo del buscador de Yahoo! La mayoría de los enlaces son textos de prestadores de servicios esotéricos, fundaciones o clubes que promocionan la existencia de esta nueva raza de infantes que despliegan una fabulosa serie de virtudes que los científicos no comprenden y, por lo tanto, no aceptan. Hay que avanzar treinta entradas antes de encontrar el primer acceso a un enfoque crítico sobre la cuestión. Los editores de Yahoo! agregaban otros dos enlaces: uno va a “Deficit de Atención”, acaso para equilibrar, y otro a “Reiki para niños”. Este último, se supone, tratamiento opuesto al psiquiátrico.

NEW AGE VS. ¿CIENCIA?
El fenómeno de los Niños Índigo comenzó a gestarse en la década del ochenta. Pero alcanzó su apogeo en el 2004. Todo lo que usted debe saber y nunca se atrevió a preguntar sobre los Niños Índigo colmó librerías y revistas dominicales o femeninas. Luego trepó a documentales y copó noticieros y talkshows. Por entonces, asistí a conferencias de escritores especializados, compré media docena de libros, visité un local donde te miden el aura para saber si tus hijos son índigo, me dejé buenamente aconsejar por expertos y entrevisté a psicólogos, neurólogos infantiles y psicopedagogos. Cuando el tema ya me había empalagado, escribí un largo artículo para la revista Pensar.
Más tarde, con ese bagaje, defendí en una lista de correos la idea según la cual el perfil de los llamados niños índigo coincide con el comportamiento de niños a los que se les endosa el diagnóstico TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad). Pero en el foro participaban dos psicólogos que no sólo sostenían que el diagnóstico de TDAH era una etiqueta controvertida sino que el propio Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM) que cada tanto actualiza la American Psychiatric Association “es una forma institucionalizada de pseudociencia”.
El diagnóstico de TDAH, para los psicólogos comportamentales o congnitivo-conductuales, tenía la misma seriedad que la Doctrina Índigo. En un caso, los padres encuentran una categoría espiritual donde sus hijos revoltosos pasan a ser enviados celestiales con una misión redentora; en el otro, los niños sufren un trastorno susceptible de un “diagnóstico revelado” por un bestiario seudopsicológico que -monstruosamente- habilita a los psiquiatras a recetar Ritalina (metilfenidato), el psicofármaco indicado para casos de “hiperactividad comprobada”. ¡Menudo contratiempo!

REIKI VS. PASTILLAS
Terminé aquella investigación convencido de que el movimiento de los Niños Índigo-Cristal había crecido a expensas de la incertidumbre de padres permeables a la propaganda contra el uso del metilfenidato. ¿Existe algún padre feliz de que su hijo reciba una pastillita porque se porta mal? No, entonces la contrapartida es tierra de promisión: el Teórico Índigo transforma el “déficit” en “proeza”. Convierte al problema en una “solución trascendente”. El diagnóstico índigo supone un sentido de misión: para éste, el pequeño es parte de una coalición de niños predestinados a salvar a la Humanidad. Su rebeldía, su rechazo por la autoridad o las normas sociales y acaso su endiablada inteligencia, no son parte de una sintomatología sino un don que estos chicos han traído de otro mundo.
Diego Sakr, neurólogo infantil del Hospital Garrahan, lo explicó así: “El entorno sociocultural es determinante a la hora de detectar y abordar a un chico con TDAH”. Sakr comparó a un niño hiperkinético que vive en un departamento, concurre a una escuela pública en un centro urbano y comparte la clase con treinta compañeros con otro niño de su misma edad y la misma problemática, pero que va a una escuela rural de La Tigra, provincia del Chaco. “En el segundo caso -asegura- el chico dispone de un espacio físico que diluye su hiperkinesia”. Y sigue: “Después de las vacaciones, cuando no están medicados, las mamás dicen: ‘Yo no entiendo, en la colonia se portó bárbaro’. Hábitat, nivel educativo y nivel socioeconómico son algunas de las muchas variables de las cuales depende el comportamiento de estos chicos”.

EL TERMOSTATO DISPARATADO
No sé si hay una generación de “niños genios del bien”, estilo Flavio Cabobianco, famoso en los noventa cuando a los ocho años escribió Vengo del Sol, un libro donde le confiaba al mundo su condición de extraterrestre. Tampoco sé si hay otra de “genios del mal”, como los que preanunciaba El Pueblo de los Malditos. Sé que hay, como hubo siempre, chicos con una variable capacidad para adaptarse al entorno. Y otros con problemas neurológicos más o menos graves. También sé que los psicólogos científicos -los rivales mejor preparados de la psiquiatría- no tienen una influencia poderosa y todavía tienen que ganar en muchos frentes -léase el psicoanálisis en sus muchas variantes- para hacer oír su voz.
Pero eso tampoco es lo más urgente. Todo padre debe anteponer las recomendaciones que surgen del conocimiento científico a sus propios sistemas de creencias para no poner en peligro la salud de sus hijos.

De todos modos me pregunto:

-¿Es la teoría índigo un disparate que posterga el diagnóstico que luego permitirá un tratamiento eficaz?

-¿Es acaso un mal menor, un termostato social que sirve de “colchón” para atenuar el impacto de la medicación compulsiva?

-¿Qué modelo propone la psicología científica para tratar los presuntos casos de TDAH?

No son, me parece, preguntas triviales. El tema tampoco lo es, y espero regresar a él cuantas veces sea necesario. Por lo pronto, en mi agenda me faltan científicos de diferentes colores que se tomen el esclarecimiento de estas dudas con un sentido de misión. Ojalá alguno de ellos esté entre los lectores de Magia Crítica.

Enlaces

Claudio María Domínguez
Carroll, Lee y Tober, Jan; “Los niños índigo: los nuevos chicos han llegado” (1999)
Yahoo! Búsquedas
Indigo Real
Agostinelli, Alejandro; “Invasión Índigo ¿Has notado, querida, que los niños vienen cada día más extraterrestres?” (2004), revista Pensar Vol. 1 N° 4.
Foro de Dios! Lista de correos donde tuvo lugar el debate sobre el TDAH/Níños Índigo (2004).
Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM)
Marcos y Favio Cabobianco, Vengo del Sol (1992).

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