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Posts Tagged ‘Mariana Comolli’

Los colegas empezaron a leer Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina. ¿La verdad? No sabía que el libro iba a ser recibido con tanta benevolencia. Primero agradezco a mis primeros lectores. Mariana Comolli, por ejemplo, se hizo eco de la abducción de Catherine Fulop en Semanario cuando el libro todavía no estaba en la calle. Débora Goldstern me hizo una gran entrevista en su blog Crónica subterránea. También estuvo bárbaro el reportaje de Javier Sinay para Ciudad.com y Clarín, así como el de Mora Cordeu, de la agencia Telam, texto que publicaron varios medios de todo el país, como La Capital de Mar del Plata. También agradezco a Auri Gorosurreta y Maximiliano Sardi por permitirme explicar cómo reconocer invasores en la revista Hombre, aunque el precio haya sido disfrazarme del Capitán James Tiberius Kirk. Mil gracias, también, a los colegas Luis Alfonso Gámez, autor de la primera reseña de Invasores en Magonia, a los exagerados comentarios de Luis Ruiz Noguez en Marcianitos Verdes, a Abel Gilbert, de El Periódico, a la desmesurada apología de Diego Zúñiga en La Nave de los Locos y a las piadosas críticas de Rivera Westerberg, en Sur y Sur y Federico Kukso en Crítica de la Argentina (¡zafé con un 7, mami!). No voy a repetir la gratitud que siento hacia Mariana Guzzante, del diario Los Andes, y Fernando Toledo, de Diario Uno, por sus entrevistas cuando visité Mendoza. Otras noticias, como el amable comentario de Diego Rojas en Veintitrés, no están online. Por eso fueron a parar al archivo de Invasores en Flickr.

Lo que nunca imaginé fue el generoso despliegue que le iba a dedicar a Invasores el diario Página 12. La imagen que ilustra esta entrada –Abducción criolla– es la tapa del suple dominical Radar del 14 de junio. Bajo el título Los enanitos verdes, la entrevista de Juan Pablo Bertazza incluye un malherido recuadro sobre el trotskismo galáctico (una minbiografía de Homero Cristalli, el fundador del posadismo) y una cronología de los invasores, rápida sinopsis del libro que invito a leer a quienes no tienen la más pálida idea de lo que estoy hablando.

A todos, incluidos los programas de radio -y, a las perdidas, tevé- que le dieron al libro algo de aire, muchísimas gracias.

De paso, les recuerdo que Invasores tiene su propio blog.

De yapa, cierro con el último comunicado del Comandante Clomro. En casi diez minutos (paciencia…) explica por qué mantuvo su identidad en reserva y por qué decidió dar la cara en Invasores.

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Trailer de Crepúsculo (Catherine Hardwicke, 2008).

El estreno de Crepúsculo todavía está fresco y me propuse abordar el asunto. El problema es que no me interesan la pálida frigidez de los cementerios, la sensualidad de los ataúdes ni la precisión de la adaptación fílmica de la primera novela de la trilogía de Stephenie Meyer. Sin embargo, es una buena oportunidad para entrarle a tres temas jugosos: mitologías sanguinolentas, creencias religiosas -y por qué no contagiosas- y vampirismo secular.

Yendo al punto, lo que me interesa es la sangre.

Varias veces citada en la Biblia, se la ha considerado fuente de poder (la sangre en el cáliz de Cristo), se la ha sindicado como materia destinada a expiar pecados (acaso porque transporta la vida, pero también enfermedades) y se la desdeña incluso al precio de salvar vidas: los Testigos de Jehová la tienen contraindicada para transfusiones.
Su ausencia del organismo -como atestiguan los especialistas en chupacabras- significa lo contrario de la vida. De chuparla a sus víctimas, el conde Drácula obtenía la vida. Y las sangrías de purificación de la medicina precientífica prometían recuperar a los enfermos, que terminaban saludablemente muertos.

Hace un tiempo, Mariana Comolli escribió una completa investigación sobre la mitología que rodea a este complejo fluido biológico. Su trabajo prueba que las conexiones entre sangre, ciencia y religión son fascinantes. Me picó la curiosidad de saber qué tenía para decir un científico religioso sobre el tema y entrevisté a Fernando Saraví, profesor de Biofísica y pastor evangélico.

1 ¿Desde cuándo la sangre tiene ese significado simbólico?

No lo sé. Los simbolismos relacionados con la sangre son antiquísimos. Se conocen ritos y pactos de sangre en muchas culturas primitivas. Si bien el hecho de que la sangre circula por el cuerpo fue demostrado por William Harvey en el siglo XVI, desde muchísimo antes se sabía que si alguien se desangra, se muere (de choque hipovolémico, decimos hoy).
En la Biblia, la palabra sangre (hebreo “dam”) puede emplearse metafóricamente, como le dice Dios a Caín: “La sangre de tu hermano (Abel) clama a mí desde la tierra”. Según el principio ya mencionado, la Biblia relaciona la vitalidad con la sangre: “La vida de la carne está en la sangre” dice. Derramar sangre puede referirse a homicidio o a sacrificios de animales. En estos últimos, la vida del animal sustituía a la del oferente. La sangre del animal debía derramarse y jamás beberse, pues era sagrada. Teológicamente la sangre era central para el perdón de los pecados; por su relación con la vida era sagrada y vedada al consumo humano.

2 Los Testigos de Jehová se resisten a las transfusiones. ¿Por qué ellos están equivocados y no los católicos, cuando invitan a “beber la sangre de Cristo” en una copa de vino?

Los Testigos de Jehová se basan en la prohibición de ingerir sangre de Levítico 3:17 y otros textos, cuya base ya expliqué. La sangre del animal sacrificado no le pertenecía al hombre. Incluso si el animal era matado para servir de alimento, debía dejarse escurrir la sangre antes de cocinarlo. La transfusión no involucra ingestión ni digestión de la sangre, y por otra parte se emplea para sostener una vida sin quitar otra.
Los cristianos celebramos la eucaristía porque Jesús nos mandó hacerlo en memoria de él. El pan y el vino simbolizan el cuerpo y la sangre de Cristo según los evangélicos, o se transforman milagrosamente en ellos según los católicos (de paso, el vino debería ser tinto; el de la Última Cena fue probablemente syrah). Creemos que el sacrificio de Cristo en la cruz, donde su sangre se derramó, fue un acto redentor único y definitivo, suficiente –a diferencia de los sacrificios de animales– para purificar de sus pecados a todos los que creen en Jesús.

3 ¿Existe alguna razón científica por la que usted recomendaría beber sangre humana?

Respondo desde un punto de vista exclusivamente científico. No se me ocurre ninguna razón a favor. La sangre es nutritiva, pero sus nutrientes se encuentran en muchos alimentos. Y existen razones científicas en contra: puede transmitir infecciones, y si no las tiene debería reservarse para emplearla adecuadamente en transfusiones.

Enlaces
Crepúsculo (página oficial)
La trilogía de Stephenie Meyer
Comolli, Mariana. Escrito en sangre. En revista Pensar Vol. 2, Nro. 1 (Enero / Marzo 2005).
Fernando Saraví

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