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Posts Tagged ‘Gene Roddenberry’

¿Oyó usted hablar del varkulets? Quizá no. Pero no hay de qué preocuparse, no es una omisión grave en su cultura general: este idioma es parte de una tradición hermética. La extraña lengua fue difundida por Eustaquio Zagorski (1904-1981), un contactado polaco establecido en la Argentina en 1929 que atendía una sastrería familiar en el barrio de Avellaneda. En los sesenta disfrutó de una módica fama cuando pasó por Sábados Circulares de Mancera. Soltero a sus 68 años, en 1973 se definía como católico, buen lector de la Biblia y memorioso. Tanto que alcanzaba a recuerdos de sus vidas anteriores. En junio de ese año, Eustaquio le confió al diario La Razón que era visitado desde 1967 por dos seres de otro mundo. No eran distintos de los humanos salvo por su mentón, algo prominente. Zagorski juró que los visitantes eran oriundos de Ummo, un planeta en órbita alrededor de la estrella Wolf 424. Sus embajadores en la Tierra remitían por correo ordinario informes científicos donde reiteraban el ruego más inquietante que alguien puede esperar de extraterrestres de verdad: “Por favor, no nos crean”.

FIERRO PHONE HOME. El encuentro de Zagorski con los ummitas no fue tan extraordinario como otro que sucedió el mismo año en el Observatorio Astronómico Adhara de San Miguel, provincia de Buenos Aires. En el edificio, también sede de una misión jesuítica, Eustaquio fue recibido por el padre Benito Segundo Reyna (1900-1982), el más famoso religioso de la época interesado en los ovnis. Durante la charla, el contactado le explicó el origen del varkulets mientras el sacerdote examinaba un voluminoso manuscrito. Era una versión del Martín Fierro traducida a un idioma extraterrestre. La primera referencia conocida del incunable aparece en el libro Martín Fierro en el mundo de los idiomas (2003), escrita por el comodoro (RE) Santos Domínguez Koch (1926-2008). Tras algunas morosas gestiones, logré conversar con el autor del más completo catálogo de traducciones del poema fundacional de la literatura gauchesca. Quedamos en compartir un café en su casa, donde me iba a permitir hojear el maravilloso texto. Por teléfono, el militar me adelantó que en 1978 recibió en su oficina a un señor mayor acompañado por un sacerdote. El traductor sacó de un maletín el ejemplar y un bolígrafo, con el que escribió una dedicatoria en varkulets, como llamó a la lengua desconocida.

En su bibliografía, Domínguez apuntó que el varkulets era una lengua indoamericana. Mi información, le dije, era distinta. El idioma había sido utilizado por una sola persona: Eustaquio Zagorski.

El trotamundos polaco nunca había ocultado haber aprendido la lengua de los extraterrestres. Más bien, se ufanaba de ello. Yo esperé que Domínguez Koch rechazara mi comentario con indignación, sorpresa o con una carcajada, pero en la línea se produjo un silencio.

–Lo conversamos personalmente ¿le parece?

Me pareció bien.

Nuestro encuentro se fue postergando hasta que una zancadilla del destino la sepultó para siempre. El comodoro falleció el 2 de abril de 2008.

La historia del lenguaje de Ganímedes no hubiera trascendido la nota al pie si el padre Reyna no hubiera propuesto a Zagorski un ambicioso desafío: traducir el Martín Fierro a su lengua materna. Eustaquio y el padre Reyna visitaron a Domínguez Koch cuando éste coordinaba la División O.V.N.I. del Servicio de Inteligencia de Aeronáutica. Cuando el militar vio los poemas dibujados en esa exquisita caligrafía alienígena decidió comenzar a coleccionar las traducciones de la obra de José Hernández (1834-1886). Reunió cuarenta. Ninguna tan rara, inspiradora y a la vez familiar como el varkulets.

Zagorski también intercambió alguna correspondencia con el doctor Oscar Galíndez, un joven abogado cordobés que presidía el Círculo Argentino de Investigaciones Ufológicas (C.A.D.I.U.). En los setenta, Zagorski le envió un manuscrito de doscientas once páginas. En los primorosos caracteres del varkulets, impresos en carbónico azul y semejantes a trazos arábigos, el contactado exhumó su vida en el satélite de Júpiter. En 1974, Galíndez publicó un estudio lingüístico donde develó que tanto la fonética como la sintaxis del varkulets eran una mera trasposición del castellano. El lenguaje de Ganímedes no tenía identidad propia: era una creación consciente inspirada en el español. “No hay ninguna fundamentación científica –escribió Galíndez– para sostener su procedencia extraterrestre”.

Aquel artículo, que recordó el papel de la ciencia ante las afirmaciones sensacionales, también diseminó la idea de que la lengua extraterrestre de Zagorski fue una superchería que no tuvo otro escenario que la mente del contactado.

Pero estas historias no terminan con hallazgos fascinantes como el de Galíndez, según el cual la gramática de Ganímedes es idéntica al castellano. Para mí, la fantástica obstinación de Zagorski por revelar al mundo su experiencia, y deslumbrar con una obra a la que dedicó considerable tiempo y energía, tiene el mismo valor histórico que la del científico que se ocupó de refutarla.

La increíble saga vivida por el traductor, el sacerdote y el coleccionista es parte del primer capítulo de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Editorial Sudamericana, 2009), un libro dedicado a indagar cuánto hay de humano en la experiencia extraterrestre y cuánto hay de extraterrestre en la cultura humana.

RAROS IDIOMAS NUEVOS. La creación de jeringonzas artificiales no siempre ha sido una afición ocultista. También ha buscado soluciones prácticas. El volapük, creado por el clérigo bávaro Johann Martin Schleyer (1831-1912), y el esperanto, iniciativa de otro polaco, el médico L. L. Zamenhof (1859-1917), pretendieron facilitar la comunicación entre diferentes culturas. Las dos lenguas fueron acusadas de “fomentar la conspiración sionista” por el nazismo. La primera casi ha muerto; la segunda sobrevive; en Brasil, curiosamente, es activamente promovida por el movimiento espiritista. Otras lenguas persiguieron fines artísticos. Xul-Solar (1887-1963) creó la panlengua y el neocriollo, J.R.R. Tolkien (1892-1973) jugó con el idioma élfico en El Señor de los Anillos (1954-55), Oliverio Girondo (1891-1967) creó su propio argot en En la masmédula (1956) y Charly García compuso Eiti Leda (luego Serú Girán, 1978). En una línea parecida, es irresistible mencionar a la lengua alienígena más popular del universo de Star Trek (Viaje a las Estrellas, Gene Roddenberry, 1966). Millares de fans de la serie adoptaron el klingon como segunda lengua. Sin embargo, nadie acusaría a los trekkies de tener sus facultades mentales alteradas: usan el idioma por hobby, devoción o para conversar con fans que comparten el mismo compromiso con la serie. La compañía de Roddenberry concretó proyectos heroicos.

En 1985, el lingüista Marc Okrand, creador del idioma klingon, escribió El Diccionario Klingon. En el 2000, el Instituto del Lenguaje Klingon, dedicado a su estudio y enseñanza, tradujo Hamlet, de William Shakespeare (1564-1616), al idioma oficial de Qo’noS, el planeta natal del teniente Worf. El kligonés es limitado: si alguien quiere hablar de otra cosa fuera de batallas galácticas, le faltarán palabras. Pero ya alcanzó la misma difusión que el esperanto. Sitios web como Google lo ofrecen como una lengua más. También sufrió equívocos que no tienen nada que envidiarle a mitologías espontáneas. En el 2003, la agencia Associated Press informó que funcionarios del condado de Multnomah, Oregon, buscaban intérpretes de klingon para un hospital psiquiátrico local. “Tenemos que dar información en todos los idiomas que hablan nuestros pacientes”, decía el cable. David Samuels, doctor en antropología de la Universidad de Texas en Austin, Estados Unidos, consideró que creerse un klingon no era imposible, especialmente si un fan de la serie sufría un brote psicótico. Samuels dio la versión por buena sin notar que la noticia era falsa. Pero la parodia fue tan sutil que desató una leyenda urbana.

¿Qué depara a los argentinos que esperan soluciones del cielo? Quién sabe. Pero una pléyade de contactados, ufólogos y profetas extraterrestres jura tener la respuesta.

Resumido y adaptado del primer capítulo de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Sudamericana, 2009)

Bibliografía consultada

Galíndez, Oscar A. “Criptoanalisis del varkulets”, en revista OVNIS, Un Desafío a la Ciencia (1974), Nº 1, CADIU, Córdoba, pgs. 22/25.

Samuels, David; “Alien Tongues” (2005), en E.T. Culture: Anthropology in Outerspaces (Debbora Battaglia comp.) Durham, N.C.: Duke University Press. Pp.116.

Finkelstein, Seth. ‘Klingon Language’ Interpreter Urban Legend (2003).

(c) Alejandro Agostinelli. Publicado en revista Noticias Nº 1694, 13-06-09. Descargar nota original de aquí). Detalle sobre el dibujo del genial Fedhar que ilustra esta nota: el artista tradujo el texto (“Martín Fierro”) al varkulets. Resumen del Capítulo I de Invasores.

Enlaces

Comentario de Oscar A. Galíndez sobre Invasores.

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El color de la piel de Barack Hussein Obama me resultaría interesante si fuera verde. Eso no es todo: la negritud presidencial me importa menos desde que le oí decir a un locutor de TN que Michelle Obama es la primera dama “de color” (¿negro?) que tuvo los Estados Unidos; encima, lo dijo para mentar su centelleante vestido de seda verde musgo.

Me interesa poco el color de su piel -decía- porque no es verde. Sin embargo, algunos afirman que Obama es el primer presidente extraterrestre en la historia de los Estados Unidos. Yo sé que las cosas no son ciertas o falsas porque las diga una autoridad, pero admito que me atrae más conocer la opinión de Henry Jenkins, director del Programa de Estudios Comparativos de los Medios del M.I.T., que la de Mauro Viale.

VULCANO COMO SU PADRE. Jenkins creyó percibir en Obama un aire al Señor Spock. No sólo porque Spock es vulcano por parte de padre y humano por parte de madre, así como Obama es hijo de padre africano y madre yanqui. El ensayista destaca que la serie original de Star Trek (1966) “celebró ideales que animó a toda una generación a imaginar una sociedad más utópica”, integrando a culturas y razas en una comunidad multiplanetaria.

Con la pátina de exotismo que le da su origen hawaiano, el carisma de este abogado egresado en Harvard preocupó a Juan Carlos Castillón, un intelectual cubano exiliado en Barcelona. Antes de que se clausurase Guantánamo, que lo debió poner muy contento, Castillón escribió: “El primer recurso del mesianismo consiste en separar al político, y en hacernos creer que se trata de alguien no ordinario. De ahí al Iluminado, al ungido por Dios, sólo hay un paso”. ¡Peligro! Obama tiene los gestos de un profeta laico. Esos argumentos a lo mejor le caben al pastor Jesse Jackson, a Louis Farrakhan, Ministro Supremo de Nación del Islam o al mismísimo hijo de Bush, coautor del primer genocidio preventivo en nombre de Dios del siglo XXI.

Obama tiene ángel, pero no parece dar el perfil de líder religioso. Encarna, más bien, el estereotipo del héroe extraterrestre.

En Star Trek: La ira of Khan (1982), los fans se enojaron cuando el capitán Kirk dijo que Spock había sido la persona “más humana” que había conocido. “¿Se imaginan el escándalo si alguien elogiara a Obama por su blancura?”, se pregunta Jenkins.

No voy a decir lo que pienso de los que encuentran virtuosa la tez de Obama. Pero tampoco quiero ser injusto. Obama no parece ser a Bush lo que fue De la Rúa a Menem, aunque tanto el zapateado como el patilludo fueran repulsivos reptilianos.

 

Barack Obama no es Obi-Wan Kenobi ni Darth Vader. Es el Señor Spock, un pez híbrido que nada en una atmósfera cosmopolita. Como el ambiente que se respiraba en el USS Enterprise, la nave que lanzó al espacio Gene Roddenberry, creador de Star Trek. La serie surgió en tiempos de JFK, aquel presidente tan joven, bonito y bueno que merecía morir. En una línea parecida, un bloguer cristiano afinó la metáfora. Obama -escribió- fue separado al nacer de Tuvok, el vulcano negro que interpreta Tim Russ en Star Trek: Voyager (1995).

Antes del triunfo electoral, la revista Rolling Stone apostó a Obama. Subió al candidato demócrata a tres portadas. Creo que hubiera vendido más ejemplares si le corregían las orejas con photoshop. Naturales son poco vulcanas. Al contrario: en una tapa, RS tituló A New Hope, frase que evoca a la primera película de Star Wars. Sus editores no deben ignorar que son sagas rivales. Pero equivocaron el target.

DISCURSO COSMICO-JUSTICIALISTA. Todavía rebotan los ecos del discurso inagural de Obama, y no faltaron susurros sibilinos para los cuales algún gen peronista debe tener, porque dejó contentos a (casi) todos. El (casi) vale porque hablamos de un presidente que no quiere confraternizar sino “recuperar el liderazgo”. Y que se olvidó del Tercer Mundo y del brutal genocidio perpetrado en Gaza, como denunciaron Robert Fisk y Atilio Borón.

El consuelo cristiano fue que citara cuatro veces a Dios y jurase no una sino dos veces sobre la Biblia. Los musulmanes se habrán tranquilizado cuando en vez de bombardeos prometiera “un nuevo camino basado en el interés y el respeto mutuos”.

Hasta aquí nada del otro mundo.

Obama es un cristiano que se afilió tempranamente en la Trinity Church, la iglesia de la elite negra de Chicago. En una sociedad donde el 90 por ciento de la población reza o siente que Jesús le habla, es previsible que respetara la liturgia consistente en jurar sobre la Biblia, como lo es que despidiera con unas palmaditas sobre la espalda al presidente saliente.

Tampoco fue inesperado -a la luz de su biografía- que le dedicara un generoso párrafo a la diversidad religiosa. El golpe de gracia fue el furgón de cola. Obama dijo: “…sabemos que nuestra herencia multiétnica es una fortaleza, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes, y de no creyentes”. ¡De no creyentes! Este hombre no podía ser de la Tierra. Por primera vez, un presidente yanqui admitía que no gobernará una nación poblada únicamente por creyentes. Lástima que la hasta hoy ignorada minoría arreligiosa carece de alma. Si la tuviera, se le hubiera conmovido. Para más INRI, Obama clamó por restituir la ciencia “a su debido lugar” y a usar “las maravillas de la tecnología para incrementar la calidad de nuestro sistema de salud y reducir su costo”. Verse representados catapultó a ciertos infieles a un fervor cercano al delirio místico. “Esos son los valores del humanismo secular”, celebró D.J. Grothe, portavoz del Center for Inquiry y editor asociado de Free Inquiry, la revista top de los no creyentes. No lo culpo. Angel Moyano me presta una píldora para la memoria: “Los ateos no deberían ser considerados ciudadanos ni patriotas”, dijo Bush padre en 1987.

MIMETIZACIÓN. Hay norteamericanos virtuosos en muchos aspectos. Pero viven en una sociedad ombligocéntrica e intolerante. Todavía no se cumplió un año desde que se sembró la sospecha de que Obama era un “musulmán encubierto”, como si adherir a esa religión fuera denigrante (y de hecho lo es para miles de estadounidenses). La derecha cristiana compraró a Obama con el Anticristo. El rumor corrió con tanta fuerza que Glenn Beck, periodista de CNN, entrevistó a un evangélico conservador para determinar cuán probable era esa versión. El mismo Leonard Nimoy, alter ego del Señor Spock, explicó que durante un encuentro cercano que mantuvo con Obama éste desmintió tanto “ser musulmán como un vulcano secreto”. (Lo de musulmán vaya y pase, pero ningún vulcano infiltrado confesaría alegremente su origen).

Con todo, al estado de ánimo que lleva a sospechar del que tiene creencias diferentes, y al capitalismo como herramienta de control social, no le importan un cuerno el carisma obamita. Son factores que corren a donde los lleva el viento. Los personajes que secundan a Obama -herencia de un pasado reciente espantoso- recuerdan que el poder real siempre está en otra parte. Obama puede ser más de lo mismo. Sin embargo, su presencia “fascina e inquieta”, como dijo el sociólogo Manuel Castells. “Lo insólito no es el color de su piel. Es la vida de Obama, una vida multicultural en búsqueda de identidad, una larga experimentación personal, lo que hace de él un personaje inusitado en la política mundial”. Fascina e inquieta, dijo. “Por eso -continúa Castells- se nos encogerá el corazón cuando la política se lo trague hasta hacerlo irreconocible”. Lo mismo pasa con los extraterrestres. Existen, pero se mimetizan tan rápido con el entorno que se vuelven invisibles.

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