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Posts Tagged ‘Alejandro Agostinelli’

Maradona trae brujoDiario Popular, el periódico editado por Grupo Multimedia en Paraguay, no lo debe poder creer. Pocas portadas suyas tuvieron tanto impacto como ésta, que corrió horas antes del partido Parguay-Argentina por las Eliminatorias para el Mundial de Sudáfrica 2010: “Maradona -dice la versión- mandó un brujo kurepa para hacer trabajitos en el Defensores del Chaco” (el principal estadio de Asunción). Luego, se armó la de San Quintín.
La especie, aprovechada a fondo por los medios de ambos países, tiene una fuente bien reconocible: “Informes que vienen de ashá”, escribe el redactor de Diario Popular. Esto es: alguien, vaya a saber quién, se lo contó. O alguien, vaya a saber quién, se lo inventó. Incluso si fuera cierta seguiría siendo incomprobable, de ahí que estas historias tienen más interés por su influencia o función social que por su voluntad informativa.

maradonaEl equipo de Maradona viene de recibir tanto palo que la versión de la contraofensiva mágica cae a los paraguayos como anillo al dedo: si la Selección Argentina gana, no fue porque la de Paraguay no dio pie con bola sino porque fueron doblegados por los poderosos efluvios del supuesto brujo contratado. “Es muy poco lo que se puede hacer”, dice Diario Popular que respondieron videntes y manosantas locales. Ahora, si gana la escuadra paraguaya, sus jugadores habrán vencido un doble desafío: evitar el papelón de ser derrotados por un equipo poco eficaz y haber sido capaces de sobreponerse a la magia.

Lo más parecido a un dato son las declaraciones de un brujo local, Kumanchú. Dijo que Diego Maradona “lo estaría visitando en busca de ayuda”. El Popular reproduce el siguiente diálogo:
– Me llamaron de una radio, les dije que no hay problema.
-¿Pero qué clase de paraguayo sos, le preguntamos.
– Jamás le ayudaría a que nuestra selección pierda, de por ahí le ayudo para que su selección clasifique al Mundial, contestó.

Elva Armona de Gonzalez. Fuente: Diario Ultima Hora. Foto: Juan AgueroBuena parte de la sociedad paraguaya tiene firmes creencias mágico-religiosas. Diario Popular suele dar cuenta de sus efectos, especialmente cuando asustan. Hoy mismo dos noticias locales desnudan las consecuencias de una comprensión en clave religiosa de los trastornos de conducta: una madre del distrito de Choré denunció que tres de sus hijos “fueron poseídos”, motivo por el cual recurrió a un cacique para exorcizarlos. “Uno de ellos vive encerrado, otra oloqueá de tanto en tanto y el tercero katu oiko atado y engrillado” (queda pendiente la traducción del guaraní). La otra noticia cuenta que el martes pasado Elva Armoa de González mató a golpes a su hijo de cuatro años para “sacarle el demonio del cuerpo”.

Sucesos trémulos que postergan la frase con la que pensaba cerrar este post. Iba a escribir: “¿Qué sucederá mañana, cuando conozcamos el resultado del partido?”. Me interesa conocer la opinión de algún integrante de la Asociación Racionalista Paraguaya. Pero, sobre todo, la de los responsables de mantener encendida la hoguera de Satanás como chivo expiatorio, ese fantasma que aterroriza a quienes están demasiado seguros de su presencia y a veces enloquece o mata a los que nacieron libres de toda creencia religiosa.

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El miércoles 15 de julio recibí el llamado de un tipo entrañable. Era el periodista y escritor rosarino Carlos Del Frade, conductor de Radiohistorias (103.3 Radio Universidad de Rosario) (*). Durante veinte minutos conversamos sobre mi libro, Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina, y de las fabulosas vidas de los contactados Eustaquio Zagorski y Francisco García.

Podés escuchar la entrevista completa aquí mismo:

Con Del Frade compartimos nuestra vocación por la ufología a comienzos de los años ochenta. Luego cada cual siguió su camino: él dio pelea entre la denuncia social y el periodismo político y yo quedé colgado de las galaxias, entre la cultura popular y la científica. Tal vez por eso yo lo recordaba más a él, que él a mí. Por aquellos años, más de una vez nos pisamos los talones detrás de los mismos testigos de ovnis y otros portentos. Pero, sobre todo, coincidimos en los corrillos de los congresos anuales que organizaba la FAECE (Federación Argentina de Estudio de la Ciencia Extraterrestre), fuente de la mejor chismografía alienígena que -por razones que ahora considero injustas e incomprensibles- casi no menciono en el libro (**).

Carlitos Del Frade todavía no había leído Invasores (sí la entrevista que publicó Radar, el suplemento dominical del diario Página/12). Por algún motivo, acaso por su elogiosa presentación, me rondaba la pavorosa impresión de que Carlos me estaba confundiendo con otra persona. Confirmé la impresión cuando la entrevista promediaba.

-Lo que te voy a hacer es casi un regalo, me dijo. Tengo un libro tuyo, Mundos paralelos, tu primer libro.

Tragué saliva: Mundos paralelos (Editorial Cielosur, 1979) fue escrito por mi amigo Alejandro Chionetti, explorador de submundos y ganador del concurso Cuarta Dimensión organizado por Fabio Zerpa, y radicado en los Estados Unidos desde 1984.

Repuestos del equívoco, seguimos repasando casos -recordé la masiva convocatoria al avistamiento (interruptus) de la Laguna de Chascomús- y el proceso de escritura del libro. Antes del final, me preguntó por mis conclusiones. Danger! Casi siempre evité, en beneficio del lector, ofrecer algo así como conclusiones. De todos modos alguna idea improvisé, pero pronto me arrepentí de no haber leído en Radiohistorias el epílogo de Invasores, un cuento breve de Héctor Germán Oesterheld, que resume muy bien la tensión que nos lleva a buscar respuestas incluso donde jamás las podremos encontrar.
Como me quedé con ganas de reparar aquella omisión, esta tarde helada de agosto quise compartir ese texto con los lectores de Magia Crítica. Ojalá les guste tanto como a mí.

El cristal de Marte

En algún lugar de los vastos arenales de Marte hay un cristal muy pequeño y muy extraño.
Si alzas el cristal y miras a través de él, verás el hueso detrás de tu ojo, y más adentro luces que se encienden y se apagan, luces enfermas que no consiguen arder, son tus pensamientos.
Si oprimes entonces el cristal en el sentido del eje medio, tus pensamientos adquirirán claridad y justeza deslumbrantes, descubrirás de un golpe la clave del Universo todo, sabrás por fin contestar hasta el último porqué.
En algún lugar de Marte se halla ese cristal.
Para encontrarlo hay que examinar grano por grano los inacabables arenales.
Sabemos, también, que, cuando lo encontremos y tratemos de recogerlo, el cristal se disgregará, sólo nos quedará un poco de polvo entre los dedos.
Sabemos todo eso, pero lo buscamos igual.

Fuente: “Los argentinos en la Luna” (Ediciones de La Flor, 1968)

Blog de Invasores-ellibro

(*) Radiohistorias. Conducido por el periodista y escritor Carlos del Frade, responsable del sitio Postales del Sur. Producción y locución: Anabel Barboza. Se emite de lunes a viernes 23 a 24 hs por Radio Universidad de Rosario (103.3). Ganador del Martín Fierro del interior al mejor programa unitario de radio (2006).

(**) Sobre la FAECE recomiendo leer “Principio y fin de las instituciones ufológicas rectoras en la Argentina”, por Luis Alberto Pacheco, en La Nave de los Locos Nro. 20, enero de 2003. Descargar archivo en Pdf aquí.

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El lanzamiento de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina tuvo efectos colaterales, la mayoría de ellos felices, otros no tanto. Eso sí, casi todos fueron divertidos. De las entrevistas radiales, dos se destacan de las demás. Los motivos también son dos:  fueron realizadas por dos entusiastas lectores del libro, Luis Alfonso Gámez (en el espacio que tiene con Javier San Martín en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, España), y Yohanan Díaz (Punto Cero Radio, México), y ambas también se pueden escuchar online.
La nota de Luis Alfonso surgió a partir de una polémica que se desató en España. El colega de El Correo me llamó interesado en nuestra revisión del famoso caso del cabo Armando Valdés Garrido, un militar chileno que, hace poco más de treinta años, declaró haber sufrido una experiencia de “tiempo perdido” durante una guardia nocturna en Pampa Lluscuma, cerca de Putre, en el norte de Chile.
Brevemente, el 25 de abril de 1977 Valdés pasaba la noche con siete conscriptos refugiándose del frío en una caballeriza. La histeria de esa madrugada comenzó cuando vieron una, luego dos luces que no lograron identificar. Valdés fue hacia la luz y desapareció 15 minutos. Luego regresó en una suerte de trance, balbuceando “Ustedes nunca sabrán quiénes somos ni de dónde venimos, pero pronto volveremos”. Horas después, los soldados descubrieron que su barba estaba crecida y el reloj adelantaba cinco días. Esta increíble historia -repleta de detalles novelescos, ahora imposibles de desarrollar- iba a ser parte de Invasores, pero quedó fuera cuando el libro quedó acotado a historias argentinas.

¡QUÉ MENTIROSOTE, IKER! Hace algunas semanas, el cabo Valdés fue entrevistado “en exclusiva” por Iker Jiménez en su programa Cuarto Milenio. En las promociones y cada vez que pudo, Jiménez dijo que la suya era “la primera entrevista en una década”. Para llevar su charla hacia donde le interesaba hizo lo posible por adobar el misterio, como suplicando a Valdés que conservara la versión que tanto jugo dio durante décadas. Jiménez no sólo ensalzó el misterio. También fue al ataque. En el cuarto bloque del programa (ver video, a los 2′  00”), dice: “algunos periodistas han dado entender que fue todo una confusión, que usted fue a hacer sus necesidades, que usted ha hecho una broma a sus propios soldados”. Valdés se va por la tangente y el pícaro animador no repregunta, compra el misterio. El conductor de Cuarto Milenio daba rodeos, le costaba abordar el punto porque -si hubiese sido veraz- se hubiera visto obligado a reconocer que su “exclusiva” era una mentirijilla más, una de las tantas que hay en su programa.

Hace menos de dos años -el 25 de noviembre de 2007-, con el periodista chileno Diego Zúñiga entrevistamos a Valdés en la ciudad de Temuco, en el sur de Chile. El reportaje se publicó en Más Allá (para saber más, descargar pdf), revista cuyo consejero editorial es el escritor Javier Sierra. Nosotros no levantamos a Valdés cargo alguno sino que publicamos sus declaraciones. Valdés, en una entrevista agradable y distendida, nos confió el módico enigma de su desaparición: se había alejado para ir a orinar y luego permaneció sobre una muralla, observando desde cierta altura a las luces y a los soldados, aterrorizados. Los más interesados podrán escuchar el fragmento clave de la entrevista aquí:

De Iker Jiménez podría decir otras cosas, pero, en este caso la ingratitud también duele: gracias a nuestra entrevista supo que Valdés estaba nuevamente disponible. Y así fue como decidió enviar a sus productores a Chile. Sin embargo, despreció la revelación clave de aquella nota, sin tomarse molestias elementales, como consultarnos o pedir el audio de nuestra entrevista, en el peregrino caso de que hubiese querido salir de dudas. Pero pareciera que, a veces, interesarse en corroborar versiones anteriores es algo así como esperar sinceridad de un vendedor de coches viejos. Jiménez, y sobre todo Valdés, saben qué sucedió durante aquel famoso tiempo perdido. “Conocen el final del cuento”, como le digo a Gámez. Y ambos “hacen como que no”.

Habiendo tantos enigmas interesantes, Jiménez opta por perpetuar un falso misterio. La gran tontería es subestimar al espectador. Jiménez, y acaso también Valdés, cree que “el show debe continuar”, cuando no hay nada más placentero que aflojar la vejiga y enfrentar la realidad, siempre más atractiva, emocionante e instructiva que la ficción. Yo sé que es poco formal, ¡pero hay que ser adoquín! ¿No creen?

Enlaces

Fragmento de la entrevista de Diego Zúñiga y Alejandro Agostinelli a Armando Valdés Garrido (25/11/07)

El caso del cabo Valdés: la historia del soldado que se fue a orinar y se inventó una abducción

Entrevista a Alejandro Agostinelli en el programa Luces en La Oscuridad (15/12/2008). Descargar audio aquí.

Entrevista de Luis Alfonso Gámez y Javier San Martín en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, España.

“No he sido abducido”. Las claves de un caso que conmocionó al mundo. Por Diego Zuñiga y Alejandro Agostinelli, en revista Más Allá Nro 234.

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“Me pongo triste durante un rato muchas tardes, cuando estoy esperando la hora del ataque. Creo que cuando no haya nadie más que yo en el mundo va a ser un poco raro. Pero se me pasa enseguida”, musita el protagonista de El ataque de los robots nebulosa-5 (2008), el corto escrito y dirigido por el español Chema García (Elche, 1981). Fue presentado y premiado en más de veinte festivales especializados. En los seis minutos y pico que dura “El ataque…” vibran emociones que oscilan entre la calma del protagonista (el actor José Manuel Ibarra) y la tensión que causan sus pensamientos. Hay ilusiones, amor, desesperanza, humor, soledad y vacío. Y un clima de soledad apocalíptica escalofriante.
El ataque de los robots nebulosa-5 fue el único corto español seleccionado en Sundance 2009.
Me encantaría que lo vieran y armar un cine-debate. Lanzo una pregunta, para empezar:

¿No es la película sobre una invasión extraterrestre más tierna que vieron en su vida?

Fuente:
Sección vídeo del periódico La Verdad, de España.

Enlaces:
Blog de Nebulosa 5

Reportaje a Chema García

Agradecimiento:
A Martí Fló, de la Fundación Anomalía, por el enlace.

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Los canguros de Tasmania adictos a las amapolas ¿caminan en círculos? Biólogos, zoólogos y cerealólogos ignoran esta respuesta, básica para deslindar responsabilidades y saber si son ellos, u otro animal silvestre, los autores de las huellas circulares que aparecen en las plantaciones de opio que sostiene a la industria farmacéutica australiana. “Están de la gorra”, delató Lara Giddings, fiscal general de la isla. Al parecer, su única prueba consistiría en que los marsupiales presentan una rara expresión de felicidad; al tiempo de merendar el opiáceo -argumentó- éstos saltan siguiendo patrones circulares. Rock Rockliff, portavoz de la empresa Tasmanian Alkaloids, desestimó el informe de Giddings. Dice que son las ovejas las que consumen las flores alucinógenas tras ser cosechadas. Y que ellas sí habrían sido sorprendidas caminando en círculos. Ya comparan los efectos psicotrópicos de las amapolas con los de la resaca que precedía las copiosas ingestas de cerveza que colocaba a los jubilados Doug Bower y Dave Chorley antes de ponerse a trabajar en los primeros círculos de cultivo descubiertos en Inglaterra, allá por los años ochenta.

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Vean esta imagen de Michael. Todavía era joven, negro y tenía el pelo mota. Posa al lado de E.T., el extraterrestre que tenía miedo, estaba solo y perdido, a tres millones de años luz de su casa. La película E.T., El extraterrestre (S. Spielberg, 1982) fue un espejo donde se reflejó Jackson. Michael Luckman, en su libro Alien Rock: The Rock ‘n’ Roll Extraterrestrial Connection (2005), cuenta que Michael vio el film cientos de veces, también con los niños con los que compartía sus días en Neverland.
Hay una lectura muy oportuna sobre E.T., o lo que esa película representó para la cultura popular norteamericana. Por esos años, a contramano de la devoción universal, el escritor Ariel Dorfman no se mostró embelesado con el mostrenco. La criatura -cruza de tortuga, insecto y feto- “no es un ser absolutamente raro, no significa para el público un verdadero desafío ni exige un ajuste a fondo de sus percepciones o costumbres como un auténtico ser extraterrestre probablemente lo haría”. Para Dorfman, su cabezota y sus ojazos “son rasgos típicamente infantiles y tienen por objeto provocar la automática adhesión de nuestra raza, el deseo de proteger y acariciar al pequeño”. Con todo, el autor de Para leer el Pato Donald (1971) rescató al film porque propuso “tolerar a seres que no son idénticos a nosotros” (¿cómo le iba a restar ese mérito en tiempos de Reagan?). Dorfman destacó que el personaje poseía la inteligencia de un recién nacido “al que se le debe enseñar todo” y admitía -para terminar- que los norteamericanos habían adoptado a E.T. “como se adopta a tantos huérfanos del Tercer Mundo” (1).

¿ALGO MÁS EN COMÚN? Michael Jackson amaba a E.T. Refrendó su amor con los $ 200.000 dólares que pagó por una pintura al óleo donde pidió que lo representaran entre quienes consideraba sus pares: Albert Einstein, George Washington, Abraham Lincoln, la Mona Lisa y E.T. El cuadro (próceres e iconos usaban los mismos guantes y gafas que el Rey del Pop) estaba entre sus más preciadas posesiones en subasta cuando se declaró en quiebra.
La identificación con aquella criatura infantil y solitaria que sólo podía ser comprendida por otros niños pudo haber ido más lejos. Durante sus años en Neverland -rodeado de chicos a quienes, como él mismo reconoció, invitaba a su cama- Jackson soñó construir un platillopuerto donde filmar el primer aterrizaje extraterrestre y manifestó a sus íntimos la creencia -revelada al mismo Luckman y a su amiga Elizabeth Taylor- según la cual él mismo era originario de otro mundo.
Sus arreglos faciales, su impresionante nariz de gnomo cósmico y su vocación por someterse a tratamientos que supuestamente le permitirían ser “más blanco que los blancos” persistirán en el imaginario colectivo. Esos ajustes fisonómicos tuvieron que ver, sin duda, con cierta tensión por trascender su prisión racial. Pero ¿era un “negro vendido”, como alegaban sus críticos? Vamos a ver.

TERRÍCOLA RENEGAU. Jackson suscitaba el fervor de sus fans por sus talentosas performances musicales. Antes de 2005 -cuando comenzó el juicio por pedofilia, cargo del que fue absuelto- irritaba a sus no fans por su presunta condición de “negro renegado”.
La valoración de los norteamericanos blancos hacia el artista pasaba, inevitablemente, por un filtro racial. Eran la cadencia de su voz y su ritmo “típicamente afrobrasileño” las aptitudes que se imponían entre sus admiradores. Alejandro Frigerio señaló que -por más empeño que pusiera él, y sus millones invertidos en cirugías-, Jackson no podía ser sino negro. “Su osadía -escribe Frigerio, en una nota que aconsejo leer completa– fue su intento de quebrar barreras raciales”. Era su intención de “blanquearse” lo que indignaba. “No señor, eso no se puede”, ironiza el antropólogo. ¿Ser negro? ¿Ser blanco? “Son dos estados diferentes del ser”. Frigerio postula que el trabajo que hizo en su cuerpo el artista fue una iniciativa algo más compleja que “cambiar de color”. Y recuerda el tema donde Jackson cantaba: “No quiero pasar el resto de mi vida siendo un color”. Michael -interpreta Frigerio- “no quiso que su vida fuera definida solamente por su color” (2).
Quién sabe si además fue a buscar otras tonalidades a su planeta natal, al que imaginaba como “una caprichosa anomalía en el océano sideral”.
No, la verdad es que no debió resultar fácil ser Michael Jackson.

Notas
1) Dorfman, Ariel; Como se adopta a un huérfano, en Clarín, 5/05/83.
2) Frigerio, Alejandro; “Moonwalker”. En Afroamericanas, 26/06/09.

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El video corresponde al noticiero 12Minutos (en inglés). El exorcismo completo está aquí.

“¡Ven, demonio homosexual, sal de ahí y abandona este espíritu! ¡Afloja tu puño, Lucifer!”, grita una mujer, asistida por un morochón grandote. “¡Ahora mismo, en el nombre de Jesús!”, continúa. Patricia McKinney –pastora de la iglesia Manifested Glory Ministries– no expulsa demonios de cualquier espíritu caprichoso. Ella se especializa en liberar del cuerpo de los fieles al “culpable de su homosexualidad”. Que no es otro que el mismísimo Diablo.

El ministerio de McKinney funciona en Bridgeport, Connecticut, Estados Unidos. Los grupos que velan por los derechos de la comunidad gay-lésbica pusieron el grito en el cielo. Es que -si ya tienen bastante que lidiar con la Iglesia Católica, que considera a la homosexualidad una enfermedad- ahora tienen que enfrentarse con grupos evangélicos que equiparan su opción sexual con la posesión diabólica.

McKinney se defiende. Dice que el exorcisado es mayor de edad. Que acudió a su templo pidiendo ayuda. “Pensamos que un hombre debe estar con una mujer y una mujer con un hombre. No tenemos nada contra los homosexuales. Simplemente, no estoy de acuerdo con su estilo de vida”, dijo a una agencia.

EXODO ROSA. Si la Iglesia Católica condena a la homosexualidad por decreto papal, ciertas congregaciones evangélicas no les van a la saga. Una de ellas, Exodus Internacional, ofrece terapias para “corregir la distorsión”. Hace unos años, un dirigente argentino se les dio vuelta. En 2007 dio a conocer en Youtube el retorno a “su” normalidad. Durante diez años, José Luis Maccarone lideró una sección de Exodus, uno de los más poderosos ministerios que reúne a ex gay. Dios -creía José Luis- no lo había creado “así”. En Exodus ocupó cargos jerárquicos. Su vida llegó a ser un símbolo. El testimonio de su conversión, cuenta, representó una esperanza para muchos evangélicos homosexuales que lo seguían. Pero en su mente libraba una lucha secreta. Tanta responsabilidad se tornó un infierno para él. Hasta que explotó. Se sintió un traidor, y ya no lo pudo manejar. Al punto que decidió quitarse la vida. Falló. Sobrevivió para contar que el grupo le hizo vivir una vida de fantasía. Su condición sexual era una cárcel y quiso dejar de ser un “ex gay”. Cuando salió -lo dice en el video- se sintió “como un bebé en una autopista”. Su experiencia no es menos dramática que la de la exorcista yanqui que expulsa diablitos gay del closet en nombre de Jesús.

Enlaces
Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM)

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Es periodista, editor, guionista, poeta, músico, letrista y cantor de milongas. Todo eso. Pruebas: es coautor de la ópera cumbia Mueva la Patria y del soberbio diccionario Puto el que lee. ¿Qué más decir de Pablo Marchetti? Que es un tipo talentoso, histriónico y reflexivo. Que es pelado, corpulento y alegre. Que compuso “Anarquía en la Republiqueta”, donde imagina la revolución menos pensada, y “Compañera”, una milonga triste, provocadora y fascinante destinada al amor que supo conseguir la montonera más hermosa del barrio. Que también escribió la maravillosa “Milonga paranormal”, que ya traje por aquí.
Terco buscador de lenguajes alternativos, Marchetti es un artista, digo, es un periodista que sabe trabajar en equipo y deshacer la realidad social mediante la sátira. Por eso es tan suya Barcelona, la pervertida revista que fundó con un grupo de amigos allá por 2004. Entre ellos, Daniel Paco Riera, escritor y ventrílocuo, quien con su inseparable Oliverio son anfitriones del show que Falopa presenta todos los viernes en (Hipólito Yrigoyen 1440).
En esta sección suelo hacer tres preguntas y ya. Iban a ser “¿Qué coche manejarías, en qué barrio vivirías, quiénes serían tus amigos si fueras estadounidense, holandés o franco-belga?”. No se las hice: son escenarios imposibles de imaginar. Marchetti es argentino. No le queda otra. Es argentino y hace lo que le gusta. De todo y bien: canta bien, escribe mejor, actúa y cuesta darse cuenta de que eso que sucedió fue una actuación.
Presencié una performance de Falopa el viernes 12 de junio. No haré una crítica musical –eso lo dejo a los que saben– pero quiero decir que fue una experiencia increíblemente placentera. Adictiva –te mata la ansiedad por disfrutar el tema que sigue- y divertida: hacía rato que no me reía tanto. ¿Qué es Falopa? Yo sé que es una obra de arte ácido hecha de guitarras, humor y poesía.
Pero fui a preguntárselo a Pablo.

1. ¿Qué es Falopa?
-Creo que es música urbana porteña, pero música orillera. O sea, con las influencias de todo lo que puede traer el río marrón que confluye en la ciudad. La base rítmica es la milonga, y la base poética, las décimas, pero de allí el barco puede traer una zamba, una chacarera o aires litoraleños. Aunque también estamos abiertos a lo que hay en la ciudad, sin necesidad de ver qué trajo el río: tango, cumbia, vals, y sobre todo es música de guitarras: son canciones que se pueden tocar sin amplificación, en un fogón o en el living de una casa.
2. ¿Cómo surgió?
-Fede Marquestó (a quien conocí porque mi hija y su hijo eran compañeros de jardín y con quien me subí por primera vez a un escenario para tocar en el acto de fin de curso de sala de cinco) me propuso hacer algo con esta formación y quiso que yo cantara. El quería hacer tangos satíricos y bizarros de las décadas del 20 y 30, pero yo le dije que no, que quería hacer temas propios. El problema es que no sabía el tono que quería que tuvieran los temas. Así estuve como cuatro meses medio empantanado, sin saber para dónde ir. Obviamente, en cuanto surgió el primer tema, la composición empezó a fluir como catarata y hoy tenemos unos 40 temas, entre los que están y los que están ahí, en gateras.
3. ¿Cómo se te ocurrió Milonga paranormal? (perdón, esta nota sale en Magia Crítica).
-“Milonga Paranormal” fue el tema fundacional del conjunto Falopa. Desde el título, es una parodia a “Milonga sentimental”. Pero yo no quería hacer un grupo paródico, odio eso. Como también odio cierta tendencia de letristas nuevos del tango que creen que para actualizar el género hay que reemplazar los adelantos tecnológicos: en lugar del farolito, la conexión wi-fi; en lugar del empedrado, la autopista; en lugar de la cartita de amor, facebook. Y junté esas dos cosas que odio y las llevé al extremo, como una declaración de principios o un escupitajo, pero también con la intención de encontrar allí una buena historia. Hay ahí una enumeración de todos los lugares comunes de lo paranormal. Y el tema comienza “Milonga para olvidarte, milonga paranormal”, cuando milonga sentimental dice “milonga pa’ recordarte, milonga sentimental”. Hay otros temas en los que se juega con el nombre de temas conocidos (“Zamba de mi escepticismo”, “Anarquía en la Republiqueta”, “Strawberry Fizz Forever”) pero este es el único que tiene una referencia directa a la canción a la que alude.

Enlaces
“Milonga Paranormal” y “Anarquía en la Republiqueta” aquí.
Poema que Pablo Marchetti dedicó a Raúl Alfonsín, el padre de nuestro escepticismo, aquí.

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Hoy murió Fernando Peña. Tenía 46 años. Actuaba, escribía, pensaba. A veces irritaba, otras enardecía. O enternecía. Pero siempre, siempre, fogoneaba. Era de esas inteligencias atropelladoras, impulsivas, que se las arreglaba para dejarte pensando. No era santo de mi devoción -no lo escuchaba en la radio-, pero seguía sus notas, que publicaba acá al lado. Algunas veces me dije: “¡Genial!” Y otras: “¿Cómo puede decir semejante barbaridad?”. Es que él decía, simplemente, lo que pensaba. Muy inusual el tipo: no tenía filtro. Y no lo tenía porque era libre. O todo lo libre que es posible ser en esta prisión.

Peña fue, ante todo, un extraordinario artista. Alguien que generaba pasiones. Pasiones en toda la gama del espectro.

Cuando en su debate con Luis D’Elía éste le dijo: “perdiste el ángel, Peña”, le dí la razón. El piquetero le había pasado por encima. Nunca había visto a Peña desangelado. “Le puso límites a su soberbia otro de su estatura”, pensé. Ahora no sé. Me alcanza con saber que es una gran pérdida. Si esta noche estuviera Tinelli, mi sugerencia hubiera sido que apagaras la tele y salieras a la calle a ver el eclipse. Se fue un ángel molesto de la cultura rioplatense y se lo va a extrañar, a él y a sus benditas insolencias.

Peña sobre sí mismo: “Sóy un pulpo que absorbe todo lo que el mundo tiene para dar”.

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¿Oyó usted hablar del varkulets? Quizá no. Pero no hay de qué preocuparse, no es una omisión grave en su cultura general: este idioma es parte de una tradición hermética. La extraña lengua fue difundida por Eustaquio Zagorski (1904-1981), un contactado polaco establecido en la Argentina en 1929 que atendía una sastrería familiar en el barrio de Avellaneda. En los sesenta disfrutó de una módica fama cuando pasó por Sábados Circulares de Mancera. Soltero a sus 68 años, en 1973 se definía como católico, buen lector de la Biblia y memorioso. Tanto que alcanzaba a recuerdos de sus vidas anteriores. En junio de ese año, Eustaquio le confió al diario La Razón que era visitado desde 1967 por dos seres de otro mundo. No eran distintos de los humanos salvo por su mentón, algo prominente. Zagorski juró que los visitantes eran oriundos de Ummo, un planeta en órbita alrededor de la estrella Wolf 424. Sus embajadores en la Tierra remitían por correo ordinario informes científicos donde reiteraban el ruego más inquietante que alguien puede esperar de extraterrestres de verdad: “Por favor, no nos crean”.

FIERRO PHONE HOME. El encuentro de Zagorski con los ummitas no fue tan extraordinario como otro que sucedió el mismo año en el Observatorio Astronómico Adhara de San Miguel, provincia de Buenos Aires. En el edificio, también sede de una misión jesuítica, Eustaquio fue recibido por el padre Benito Segundo Reyna (1900-1982), el más famoso religioso de la época interesado en los ovnis. Durante la charla, el contactado le explicó el origen del varkulets mientras el sacerdote examinaba un voluminoso manuscrito. Era una versión del Martín Fierro traducida a un idioma extraterrestre. La primera referencia conocida del incunable aparece en el libro Martín Fierro en el mundo de los idiomas (2003), escrita por el comodoro (RE) Santos Domínguez Koch (1926-2008). Tras algunas morosas gestiones, logré conversar con el autor del más completo catálogo de traducciones del poema fundacional de la literatura gauchesca. Quedamos en compartir un café en su casa, donde me iba a permitir hojear el maravilloso texto. Por teléfono, el militar me adelantó que en 1978 recibió en su oficina a un señor mayor acompañado por un sacerdote. El traductor sacó de un maletín el ejemplar y un bolígrafo, con el que escribió una dedicatoria en varkulets, como llamó a la lengua desconocida.

En su bibliografía, Domínguez apuntó que el varkulets era una lengua indoamericana. Mi información, le dije, era distinta. El idioma había sido utilizado por una sola persona: Eustaquio Zagorski.

El trotamundos polaco nunca había ocultado haber aprendido la lengua de los extraterrestres. Más bien, se ufanaba de ello. Yo esperé que Domínguez Koch rechazara mi comentario con indignación, sorpresa o con una carcajada, pero en la línea se produjo un silencio.

–Lo conversamos personalmente ¿le parece?

Me pareció bien.

Nuestro encuentro se fue postergando hasta que una zancadilla del destino la sepultó para siempre. El comodoro falleció el 2 de abril de 2008.

La historia del lenguaje de Ganímedes no hubiera trascendido la nota al pie si el padre Reyna no hubiera propuesto a Zagorski un ambicioso desafío: traducir el Martín Fierro a su lengua materna. Eustaquio y el padre Reyna visitaron a Domínguez Koch cuando éste coordinaba la División O.V.N.I. del Servicio de Inteligencia de Aeronáutica. Cuando el militar vio los poemas dibujados en esa exquisita caligrafía alienígena decidió comenzar a coleccionar las traducciones de la obra de José Hernández (1834-1886). Reunió cuarenta. Ninguna tan rara, inspiradora y a la vez familiar como el varkulets.

Zagorski también intercambió alguna correspondencia con el doctor Oscar Galíndez, un joven abogado cordobés que presidía el Círculo Argentino de Investigaciones Ufológicas (C.A.D.I.U.). En los setenta, Zagorski le envió un manuscrito de doscientas once páginas. En los primorosos caracteres del varkulets, impresos en carbónico azul y semejantes a trazos arábigos, el contactado exhumó su vida en el satélite de Júpiter. En 1974, Galíndez publicó un estudio lingüístico donde develó que tanto la fonética como la sintaxis del varkulets eran una mera trasposición del castellano. El lenguaje de Ganímedes no tenía identidad propia: era una creación consciente inspirada en el español. “No hay ninguna fundamentación científica –escribió Galíndez– para sostener su procedencia extraterrestre”.

Aquel artículo, que recordó el papel de la ciencia ante las afirmaciones sensacionales, también diseminó la idea de que la lengua extraterrestre de Zagorski fue una superchería que no tuvo otro escenario que la mente del contactado.

Pero estas historias no terminan con hallazgos fascinantes como el de Galíndez, según el cual la gramática de Ganímedes es idéntica al castellano. Para mí, la fantástica obstinación de Zagorski por revelar al mundo su experiencia, y deslumbrar con una obra a la que dedicó considerable tiempo y energía, tiene el mismo valor histórico que la del científico que se ocupó de refutarla.

La increíble saga vivida por el traductor, el sacerdote y el coleccionista es parte del primer capítulo de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Editorial Sudamericana, 2009), un libro dedicado a indagar cuánto hay de humano en la experiencia extraterrestre y cuánto hay de extraterrestre en la cultura humana.

RAROS IDIOMAS NUEVOS. La creación de jeringonzas artificiales no siempre ha sido una afición ocultista. También ha buscado soluciones prácticas. El volapük, creado por el clérigo bávaro Johann Martin Schleyer (1831-1912), y el esperanto, iniciativa de otro polaco, el médico L. L. Zamenhof (1859-1917), pretendieron facilitar la comunicación entre diferentes culturas. Las dos lenguas fueron acusadas de “fomentar la conspiración sionista” por el nazismo. La primera casi ha muerto; la segunda sobrevive; en Brasil, curiosamente, es activamente promovida por el movimiento espiritista. Otras lenguas persiguieron fines artísticos. Xul-Solar (1887-1963) creó la panlengua y el neocriollo, J.R.R. Tolkien (1892-1973) jugó con el idioma élfico en El Señor de los Anillos (1954-55), Oliverio Girondo (1891-1967) creó su propio argot en En la masmédula (1956) y Charly García compuso Eiti Leda (luego Serú Girán, 1978). En una línea parecida, es irresistible mencionar a la lengua alienígena más popular del universo de Star Trek (Viaje a las Estrellas, Gene Roddenberry, 1966). Millares de fans de la serie adoptaron el klingon como segunda lengua. Sin embargo, nadie acusaría a los trekkies de tener sus facultades mentales alteradas: usan el idioma por hobby, devoción o para conversar con fans que comparten el mismo compromiso con la serie. La compañía de Roddenberry concretó proyectos heroicos.

En 1985, el lingüista Marc Okrand, creador del idioma klingon, escribió El Diccionario Klingon. En el 2000, el Instituto del Lenguaje Klingon, dedicado a su estudio y enseñanza, tradujo Hamlet, de William Shakespeare (1564-1616), al idioma oficial de Qo’noS, el planeta natal del teniente Worf. El kligonés es limitado: si alguien quiere hablar de otra cosa fuera de batallas galácticas, le faltarán palabras. Pero ya alcanzó la misma difusión que el esperanto. Sitios web como Google lo ofrecen como una lengua más. También sufrió equívocos que no tienen nada que envidiarle a mitologías espontáneas. En el 2003, la agencia Associated Press informó que funcionarios del condado de Multnomah, Oregon, buscaban intérpretes de klingon para un hospital psiquiátrico local. “Tenemos que dar información en todos los idiomas que hablan nuestros pacientes”, decía el cable. David Samuels, doctor en antropología de la Universidad de Texas en Austin, Estados Unidos, consideró que creerse un klingon no era imposible, especialmente si un fan de la serie sufría un brote psicótico. Samuels dio la versión por buena sin notar que la noticia era falsa. Pero la parodia fue tan sutil que desató una leyenda urbana.

¿Qué depara a los argentinos que esperan soluciones del cielo? Quién sabe. Pero una pléyade de contactados, ufólogos y profetas extraterrestres jura tener la respuesta.

Resumido y adaptado del primer capítulo de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Sudamericana, 2009)

Bibliografía consultada

Galíndez, Oscar A. “Criptoanalisis del varkulets”, en revista OVNIS, Un Desafío a la Ciencia (1974), Nº 1, CADIU, Córdoba, pgs. 22/25.

Samuels, David; “Alien Tongues” (2005), en E.T. Culture: Anthropology in Outerspaces (Debbora Battaglia comp.) Durham, N.C.: Duke University Press. Pp.116.

Finkelstein, Seth. ‘Klingon Language’ Interpreter Urban Legend (2003).

(c) Alejandro Agostinelli. Publicado en revista Noticias Nº 1694, 13-06-09. Descargar nota original de aquí). Detalle sobre el dibujo del genial Fedhar que ilustra esta nota: el artista tradujo el texto (“Martín Fierro”) al varkulets. Resumen del Capítulo I de Invasores.

Enlaces

Comentario de Oscar A. Galíndez sobre Invasores.

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El 10 de junio de 2009, el Tribunal Nº 1 de Morón consideró al padre Julio César Grassi -fundador de la Fundación Felices Los Niños– autor penalmente responsable del delito de abuso sexual, agravado por tener a su cargo la educación y guarda de la víctima. La sentencia no es firme, pero tampoco liviana. Recibió una condena a 15 años de prisión por abuso sexual y corrupción de menores. Fue absuelto por las acusaciones de otros dos denunciantes, pero sus defensores todavía pueden apelar. Y sigue en libertad porque para el tribunal “no hay riesgo de fuga” del procesado –una medida excepcional que ya ha sido cuestionada por penalistas-. Luego, podrá ir preso.

Hasta aquí la noticia. Ahora, mi comentario: Raúl Portal, principal defensor mediático del sacerdote, siempre se mofó de los adivinos. Pero, a minutos de conocer el fallo, vaticinó: “Estoy feliz porque sé que el padre Grassi no irá a prisión”. El amigo del cura agregó: “Esta es una victoria dolorosa pero recuerden que nadie ganó un partido sin perder un set. Mirá lo que quedó del violador serial. Si te acordás, eran como treinta los chicos que lo acusaban, le decían ´violador serial´, ahora resulta que solamente violó a uno y dos veces, es un chiste”, le dijo a Mirtha Legrand. “¡Quedó uno. Fue uno sólo Julio!”, dice La Nación que exclamó Portal, en referencia a que el tribunal aceptó solamente el testimonio de uno de los tres denunciantes.

Yo me pregunto: ¿Cuál es el chiste? Entre los que pueden tomarse este asunto a risa, ¿de qué se reirían? Si no entiendo mal, a Portal le alegra que Grassi -según los jueces- “sólo violó a uno y dos veces”. Ya sé: la condena no fue tan dura como algunos esperaban, el religioso sigue en libertad condicional y, para Portal, el sacerdote merecía ser declarado inocente. Pero, reitero, ¿cuál es la gracia? ¿Qué festeja Portal? ¿No había dicho hasta el hastío que iba a confiar en el veredicto judicial? ¿Hay algo que me pierdo? No entiendo. Juro que no entiendo. No voy a abundar sobre el caso Grassi. Voy a ver qué se me ocurre decir sobre “el caso Portal”.

PRENDO EL TIRAMERDIS. Digo que no entiendo, pero también puedo intentar algo. ¿Quién es Portal? Al parecer, un tipo convencido de la inocencia de su amigo. Nunca habrá nadie en el mundo capaz de convencerlo de que el padre Grassi es otro oxidado eslabón de la larga cadena de abusos sexuales que jalona la historia de la Iglesia Católica.

No tengo nada a favor ni en contra de Portal, por favor. Pero algunos recuerdos tengo. Por ejemplo, me acuerdo de su ardorosa adhesión al Proceso, estigma del que no se libró ni siquiera cuando reclutó para su programa PNP (Perdona Nuestros Pecados) a Federica, hija de Miguel Pais, un arquitecto secuestrado y desaparecido por la dictadura militar. O de Notidormi. Cómo olvidar aquel programa, que predicaba un optimismo militante -adobado con generosas raciones de escapismo terapéutico-, y de sus asertivas consignas morales: “¡Apaguen el tiramerdis!”, “¡Hop!”, “¡Todo maravilloso!”. Su oferta de alegría mayorista no era menos mala que la actual decadencia de la tele, que excedió holgadamente la de la era menemista. Pero su euforia, en aquel momento, contrastaba. Revistas como Humor lo acusaban de promover una lobotomía pública y de ocultar la realidad. (Vale recordar que su expresión “¡Abajo el caraculismo!” es deudora del periodista Aquiles Fabregat. El notable humorista creó el concepto “caraculismo”. Sin pedir permiso, Portal lo tomó de un artículo de Humor. Fabre, un caballero oriental, jamás se lo reprochó.)

Allá lejos también quedaron sus embates contra curranderos y manochantas, tan contradictorios como selectivos. En 1988 solía invitar a un programa de cable a un malandrín conocido como “profesor Lotito” (¿vale la pena aclarar que no era profesor de nada?) y en 1997 tenía a un columnista -un tal “doctor Kerschen”- que prometía enfrentar el cáncer con una sospechosísima medicación homeopática.
Pero Portal se ríe de las personas que dijeron que su amigo, el padre Grassi, las hizo sufrir. Sus relatos, por fin, se traducen en justicia. El sacerdote acusado de pedofilia y sus amigos ahora mandan secuaces rentados a victorearlo en los tribunales.

CARA DE PIEDRA GRASSI. Tengo otros recuerdos. Algunos exasperantes. Como los aprietes y amenazas que recibieron los testigos. O la cara del cura, petrificada desde la entrevista que Miriam Lewin le hizo para Telenoche Investiga. Su imagen victimizándose, una y otra vez, su imagen denunciando la existencia de un sórdido complot, una vez y otra, no dejará de repiquetear en la memoria colectiva de los argentinos.

Con todo, el servilismo mediático ya no parece rozar los niveles de escándalo que alcanzó hace algunos años. A fines de 2002, cuando obtuvo el régimen de libertad vigilada, Canal 9 musicalizó su salida con el Himno de la Alegría como cortina de fondo de la escena del cura y sus amigos, llevándolo en andas como si celebraran la resurrección del Mesías.

No sé por qué se me hace que la reacción de Portal, cuando dice estar feliz, cuando dice “fue sólo uno”, piensa más en su amigo que en sus víctimas. Su profecía, opuesta a la orientación del dictamen, seguramente fracasará. Y ojalá que al cura lo sigan todos los que abusan de su autoridad para doblegar la voluntad de personas inocentes. Pero, si somos realistas, debemos tener claro que las cosas nunca serán así. En este tipo de casos, las evidencias son muy difíciles de reunir. Si los verdugos además son influyentes, más difícil todavía. Por eso me parece casi milagroso que el padre Grassi no haya sido absuelto de todos los cargos. Pero no estoy feliz por eso. Ni por ninguna otra cosa que tenga que ver con una historia que ha dejado a unas cuantas vidas destrozadas, especialmente la de los chicos que encontraron en la Fundación Felices Los Niños su único hogar.

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El 22 de febrero de 1993, Alejandro Borgo, Enrique Márquez, Enrique Carpinetti, Arturo Belda y quien escribe participamos en Metete, un programa que emitía ATC (ahora Canal 7) y conducían Horacio De Dios, Raúl Urtizberea y Luisa Delfino. Aquel día el tema era “Parapsicología: ¿ciencia o superstición?”. Una semana antes, en el mismo programa, Antonio Las Heras había defendido a la parapsicología científica y parecía sostener una actitud crítica hacia los cultores de las mancias. Pocos sabían que Las Heras comercializaba sus propios talismanes enchantados. Total, que su doble discurso me cayó pesado y llevé al talk-show la grabación de una tanda comercial del amuleto “contra la magia negra, hechizos y brujerías” que Las Heras vendía en su Instituto.

Un ignoto personaje -bajo el sugestivo nick Terrible Nieto– comenzó a subir a Youtube varios videos de aquellos tiempos, cuando dividíamos nuestro tiempo entre la confección de la revista El Ojo Escéptico y la militancia racionalista en nombre de la Fundación Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia (CAIRP).
Yo no sé si será la edad o qué, pero admito que ya no tengo el mismo fervor que ayer para deschavar a esta clase de atorrantes. Como Las Heras ha reaparecido en algunos medios, me pareció oportuno refrescar este material.

El fragmento del programa en cuestión dura nueve minutos. Vale la pena verlo completo, especialmente la última parte, cuando Luisa Delfino se acerca a Las Heras para decirle que se sentía decepcionada. El parapsicólogo se pone de pie (si uno fuera malpensado podría creer que la quiere intimidar) y le pide a Delfino “más respeto”. Pero la conductora del programa le dice que no: había dejado de respetarlo porque -para ella- “vender talismanes debería ser considerado un delito, aunque usted crea en lo que dijo que cree”.

La demolición del prestigio de Las Heras fue tan aplastante que podría inspirar pena. Pero hoy sigue en la misma línea, ejerce la psicoterapia y usa tragedias para promocionarse. Tres motivos suficientes para poner los sentimientos piadosos en otra parte.

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El avión cruza las nubes sobre el océano y en menos de cuatro minutos 228 vidas se apagan. El Airbus-330 se esfuma de los radares y desaparece del mapa, en un punto equidistante del Atlántico. Pasan las horas, los días. El vuelo de Air France 447 se ha desvanecido. No hay sobrevivientes. Ni testigos. Bueno, sí: un puñado de señales automáticas comunicaron el siniestro. Pero no las causas. ¿Un temporal? ¿Un atentado? ¿Una falla humana? ¿Una avería? La respuesta está, tal vez, en una caja negra. En el fondo del mar.

Pero la ansiedad no espera. Las especulaciones basadas en indicios -su fatídica ambigüedad- desata la desconfianza. Los claroscuros, a veces, se completan con más oscuridad.

Por estos días, un zahorí ecológico detectó que el punto 38 de “la malla de energía cósmica” (suerte de red de meridianos de acupuntura, pero que rodean a la Tierra) coincide con la zona de la catástrofe (ver video). La incertidumbre engendra teorías desmesuradas. La esperanza -o fe, cuando es excesiva- también.

Algunos medios han comparado la tragedia con el argumento de la serie Lost. ¿Y por qué no? Si hasta las víctimas parecen actores de una novela. Dentro del mismo clima, un show televisivo argentino le pidió opinión a un esoterista. Sus productores no han considerado un despropósito convocar a un ufólogo para poner en palabras lo que tantos imaginan: “Un plato volador secuestró el avión”. Porque ya sucedió. Ahí está el caso del piloto australiano Frederick Valentich, desaparecido en octubre de 1978. Además, el legendario vórtice devorador de naves de manufactura humana no está lejos: para hacer cuadrar el Triángulo de la Bermudas basta estirar un cachitín uno de sus vértices.

El viernes 5, el inefable doctor Antonio Las Heras apareció en Hechos y protagonistas, el programa que conduce Anabela Ascar en Crónica TV. Al parecer -me han comentado, yo no lo ví- Las Heras descartó que los pasajeros del Airbus vayan a reencarnar en la isla de Lost. Arriesgó una hipótesis sensiblemente menos novelesca, o con más inserción social: los pasajeros del vuelo 447 podrían haber sido abducidos por una nave alienígena. En 2001, el contactado Sixto Paz Wells postuló el mismo destino para los cuerpos volatilizados en las Torres Gemelas. “Qué raro, semejante desastre y ningún cadáver”. Algo así, dijo. Desde el sábado 6, los rescatistas empezaron a descubrir cuerpos flotando sobre el Atlántico. Serían del vuelo 447. Pase lo que pasare, si la noticia se confirma o no, para el caso da igual: no todos los restos de las víctimas serán recuperados. El conspiracionista no diseña sus teorías con evidencias. Su arte es posible gracias a una astucia superior: teoriza en base a las piezas que faltan. Ahí, en la ausencia de evidencias, reside su poder de persuasión. No puede demostrar nada. Pero tampoco es la idea. El misterio es más jugoso sin respuestas concretas. La sospecha, esa cadena de racionalizaciones ancladas en la imaginación, vuelve a estas conjeturas invulnerables. Más entre los que tienen fe. Como le llaman a la esperanza, cuando es mucha por razones más emocionales que intelectuales.

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Todavía seguía contentísimo por el recibimiento en Mendoza de Invasores. Varias entrevistas televisivas y radiales, la portada del suplemento espectáculos del diario Los Andes para una excelente nota de la colega Mariana Guzzante (ya traducida al inglés por Scott Corrales) y otra entrevista de Fernando Toledo en el Diario Uno. Pero, sobre todo, estaba feliz por celebrar el reencuentro con viejos y nuevos amigos: mis anfitriones de la Revista PPP (Pablito Lozano, Romina Cuqui, Beto Sabattini y Daniel Postizzi), el pastor-científico Fernando Saraví, mi madrina de la vida, Susana Tampieri, el amigazo Miguel Títiro y su esposa Ana, y el músico Rodo Castagnolo, la mejor herencia que recibí en vida de Nacho Cabria. Todos ellos, el domingo 31, estuvieron en la cantina Los Dos Amigos para escuchar la historia de Juan Carlos Peccinetti y Fernando Villegas, entre otras del libro. Los empleados del Casino de Mendoza, protagonistas de Mensaje de Ganímedes, sexto capítulo de Invasores, al final no vinieron. Me dieron razones atendibles. “Otra vez será”, dijo Peccinetti, quien acusó enfermedad. Villegas tenía mal a su mujer. Tras leer las entrevistas del domingo, me llamó para agradecer y acotó: “Eppur si muove”. Tampoco dio señales de vida Victorio Corradi, ufólogo oficial de la tierra del sol y del buen ovni. Sí vino el principal investigador del caso, el vicecomodoro retirado Luis Cunietti. El militar, cuando era teniente de la Fuerza Aérea Argentina, realizó una completa pesquisa a pedido de la Junta de Seguridad Aérea. Tras refrescar las conclusiones a las que llegó en su época, se perdió en recuerdos más bien humorísticos sobre sus persecuciones aéreas a unos enanitos verdes, como apoda la cultura menduca a los marcianos, cualquiera sea su raza o linaje. Un público participativo y atento coronó esa formidable noche.

FINAL DE UNA HISTORIA DE AMOR EXTRATERRESTRE
Pero la alegría es un don efímero. No bien pisé Buenos Aires recibí el llamado de Liliana Murga, hija de Martha Green, protagonista de Corazón partío, el capítulo que cierra mi libro sobre extraterrestres en la Argentina. Por si no leíste Invasores, esa mujer preciosa que ves en la foto me reveló que sus encuentros clandestinos con Enis, un científico procedente del planeta Ozonis, comenzaron cuando ella tenía treinta y tres años. En 1956, Martha seguía casada con Miguel Angel Murga, un militar peronista cuya carrera truncó la dictadura del general Pedro Eugenio Aramburu. Enis llevó a Martha a Ozonis y la invitó a quedarse.  Declinó la oferta: amaba demasiado a su marido y a su hija Liliana, de apenas un año. Tras su primer y único parto, una enfermedad congénita le impidió traer más hijos al mundo. A éste. Porque Martha concibió dos hijos más en el otro. Ella nunca consideró que su relación con el alienígena fuera un caso de infidelidad. “Eso sucedía en otro plano, en otra dimensión”, se justificó. Cuando confesó su verdad a Miguel Angel, su esposo, él no le reprochó nada. Al contrario, la mimó más, se interesó en sus manuscritos y le ayudó a registrarlos. El destino le iba a reservar otras adhesiones, como la de su segundo marido en la Tierra, la de su propia hija y tal vez la de los lectores de Ozonis, en algún lugar del Universo (Ediciones Silzú, 1998), único libro publicado de los dos que le dedicó a su experiencia, que ya se ha traducido al italiano y se conoce hasta en el Japón.
Guardé el relato del secreto romance entre Martha y Enis para el final de Invasores porque quise premiar al lector que entendió que valía la pena avanzar: es la historia más fantástica del libro. Tan fantástica que Martha conocía mejor que nadie sus efectos. “Creer en una cosa así es muy difícil”, me dijo, mientras sus ojitos verdes entraban en órbita rápida y yo estudiaba sus huesitos delgados, arrumbados en el sillón del geriátrico. Sin embargo, no hay incredulidad que impida disfrutar de su historia, que es la historia de la lucha solitaria de una mujer por volver creíble lo increíble.
Liliana, su hija, me había llamado para darme la noticia de su partida. Martha Green, seudónimo de Marta Rodríguez, autora de la más sorprendente autobiografía de una mujer sobre su relación con un extraterrestre, había fallecido el martes 2 de junio, a las 8 AM.
Liliana me contó que le llegó a leer el capítulo de mi libro. Martha le pidió que lo hiciera varias veces, como si quisiera asegurarse de la precisión de mi versión de su vida. Sí, lloré. Claro que lloré. También porque supe que ya no iba a volver a escuchar las historias de esta abuela dulce y hermosa. Por su hija supe que la vida de Martha tuvo momentos dolorosos. Pero sus experiencias -con las que nunca pretendió lucrar- le otorgaron una dimensión diferente. Sus viajes -hayan sido al espacio exterior o interior- fueron un escalón empinado y transgresor en su singular búsqueda de la felicidad.

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“¿Qué rol desempeñan los blogs en el mapa de los medios de comunicación?”. Este disparador inaguró la sección “Foro” en Rumbos, la revista dominical que sale con los principales diarios provinciales. Los dejo con mis reflexiones, publicadas con las del colega Juan José Panno, el pasado domingo 31 de junio. (Ilustración: bLaugh).

“Hoy cualquier boludo tiene un blog” (*). La descalificación se ha instalado en el imaginario social y tiene eco, más entre los internautas que se incendian los ojos ante el monitor. Ellos lo dicen porque “no leen el blog de cualquier boludo”. Ellos saben cómo deslizarse sobre las olas virtuales. Saben cuáles sitios valen la pena, cuáles le darán letra, cuáles les divertirán y cuáles los desasnarán.
¿Qué es un buen blogger? Es gente que trabaja sus temas con profesionalismo, pasión y solidaridad. Si informan citan sus fuentes, si opinan argumentan con criterio y si además te mantienen interesado, ya oiremos hablar de ellos. Algunos tienden a satisfacer la curiosidad del visitante: no descuidan a los interesados en su palabra. Aman sociabilizar y compartir aquello que saben: cómo arreglar un telescopio, cocinar un puchero, hacer soñar, hacer reír, organizar una revolución. ¿A cambio de qué? La compensación es módica o sublime, según se mire. Le basta con demostrar a su cliente -ese cliente en un contrato social donde circulan valores diferentes del dinero- que su elección fue acertada. Que hizo bien en confiar en él y anexarlo a sus favoritos.

Alguno pensará: “Su descripción del blogger es algo idealista, ¿no será usted uno de esos boludos?”. Todo es posible, si bien hasta ahora sólo hablé del sector perdurable de la blogósfera. El blog masificó la posibilidad de publicar. Pero permanecer es otra cosa. Es obvio que en el mundo hay grandes boludos y muchos tienen blog. Hay bloggers tirabombas, mercenarios, copypasteros, insoportablemente vanidosos y tipos que no tienen idea sobre lo que escriben. La categoría de los irresponsables es la más dañina. No todos comen su carne podrida, pero si escriben decentemente aumenta su capacidad para colar falsedades. Algunos consiguen influir sobre ciertos grupos sociales y llamar la atención de medios comerciales que abrevan de su blog por lo que ya sabe: el tiempo vuela, la paga es mala, falta tiempo de verificar lo que se publica, etcétera.
Hoy, miles de boludos transvasaron sus causas indeseables a las redes sociales. Ciertos usuarios se mueven en manadas y los que fagocitan eso que los boludos escriben emigraron a Facebook, sumándose así al menú de explicaciones sobre su expansión. ¿Qué hacer con los boludos? Poco: siempre andarán por ahí. Ninguna campaña de responsabilidad social educará al boludo. Menos porque están en todas partes. Algunos, incluso, dirigen o conducen influyentes medios masivos de comunicación. Perdón, los no-boludos podemos hacer algo. Estimular la reflexión crítica. Piénsenlo. Ahí puede haber un negocio.

(*) Ah, y también mis disculpas a Feinmann: utilicé la expresión “boludo” en vez de “pelotudo” por razones puramente estéticas.

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