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Posts Tagged ‘Daniel Riera’

El lunes 8 de marzo, Crítica de la Argentina eliminó a su blog Magia Crítica. Lo hizo sin darme tiempo para despedirme de mis lectores y sin dar explicaciones, ya que la causa fue un reclamo salarial.
Los directivos del diario ya demostraron qué clase de personas son. Daniel Capalbo, director de Crítica y émulo de Pilatos, sólo se comunicó conmigo para pedirme que tuviera la cortesía de quitarlo de mi lista de envíos. Nerina Sturgeon seguirá sin saber quién fue Theodore.
A los compañeros que objetaron la difusión que alcanzó esta pequeña historia de miserias humanas (“puede poner en peligro la fuente de trabajo”, oí decir), les quiero aclarar: preservarla es prioridad de la empresa, no de sus empleados pauperizados ni de sus colaboradores maltratados.
¿Cómo enfrentar los manejos turbios si no somos transparentes?
Desnudar los mecanismos de producción de los medios es un imperativo ético que debería ser practicado a diario, con más razón por quienes sacan pecho proclamándose paladines del periodismo independiente.
Magia Crítica termina aquí. Seguramente seguiré en otro blog. Con otro nombre y nuevas ideas. Podré dedicar más tiempo a la secuela de mi libro Invasores (con su propio blog y su comunidad de lectores) y a nuevos proyectos.
La experiencia en Crítica me dejó algo más importante: el afecto de lectores, amigos, colegas y bloggers, a quienes agradezco sus gestos de cariño y solidaridad.

Hasta siempre.

(Estoy en deuda con todos estos amigos, que difundieron el vergonzoso final de Magia Crítica en sus respectivas revistas y blogs)

Remetidos con el sur

Daniel Riera

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La leyenda del tiempo

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Malestar Pasajero

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Denken Über

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El noticiero

La espada vengadora

Resumidor científico

Online Journalism (en inglés)

Cultura digital (en portugués)

Tejiendo redes (respuesta de N. Sturgeon de Crítica Digital y réplica del autor).

Escaneo de los medios. Revista Contraeditorial. Por Diego Igal.

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Sandro (caricatura  de Alale)Roberto Sánchez, el gran Sandro, murió anoche. Hasta ahora, Magia Crítica no se detuvo ante los difuntos célebres (a menos que resulten canonizados, como pasó con Raúl Alfonsín, o cuando el finado fue Fernando Peña, un compañero de blog). Y no, la verdad es que sobre Sandro no tengo gran cosa para decir que competa a la temática de este blog: su vida pendió de un hilo durante demasiado tiempo, el suficiente como para dejar sin aire a los tejedores de conspiraciones; tampoco hay necesidad de salir en defensa del supuesto fracaso del “milagro médico” (un oxímoron, la medicina no es milagrosa). Aunque esa clase de chistes pueden fallar (ya pasó con Michael Jackson), todavía nadie denunció su primera reaparición fantasmal.
Pero un argentino muy querido murió y quiero decir tres o cuatro cosas sobre el tema.

* Como cada vez que se va un personaje admirado y popular, la televisión saturó la pantalla con horas de transmisión en vivo y dejó en claro que su única misión fue mantener el tema a flote a cualquier precio. Rezo a Betrand Russell para que esta serpiente de verano dure poco. Pero es inútil rezar a Russell.

* Ante las pérdidas sentidas, las almas tristes precisan silencio y calma. Y anoche el ruido fue excesivo. Ninguna pena justifica tanto bochinche. Astros, estrellas y entenados parlotearon sobre “el amigo” Sandro. Con lo difícil que es hablar sobre el amigo que acaba de morir, desfilaron las lenguas de todas las Susanas, Mirtas y Guillermos Blanc del país.

* Tras la noticia de su muerte, anoche no había mucho más que informar. Salvo buscar en su mansión de Banfield vecinos cogoteando por su minuto de fama, era evidente que la televisión no tenía nada que hacer allí.

De Sandro siempre me atrajo más su voz y el personaje que sus canciones. Pero tuvo un carisma que hubiese sido la envidia de cualquier gurú. Ya en la sonrisa se notaba que era un gran tipo. El amigo soñado con quien compartir unos vinitos. Yo no lo conocí, pero mi amigo, el periodista y fan Daniel Riera, sí. Dany, por si alguien no lo sabe, es de esos tipos capaces de escribir una gran historia a partir de un par de anécdotas indefectiblemente reveladoras. Eso hizo hace días en la revista colombiana Soho. Vale la pena leerla para conocer mejor a Sandro y el vínculo con sus fans.

ROMPAN TODO. Mi homenaje al cantor fue llamar a Dany, por si necesitaba consuelo. Estaba triste y solo en su casa de Banfield. Pese a vivir a diez cuadras del fortín de Sandro, tuvo que juntar coraje para ir a despedirse. Hablamos del día en que a Clarín se le filtró el suplemento que iba a publicar cuando el artista falleciera, una práctica espantosamente naturalizada (y hasta defendida) en las redacciones. Enseguida, Daniel dejó asentada la siguiente comprobación: si alguien creyó que –tras el papelón- el diario de Ernestina Herrera de Noble iba a encargar de vuelta o reescribir esas notas por el honor o para contagiar al texto con una pizca de sensibilidad, se equivocó y mucho.
Ayer, Clarín publicó los artículos conocidos. El indicio: Sandro murió anoche y anoche el diario escribió ayer. “Má si, total, ¿cuántos se van a avivar?”, habrá pensado el editor.
Mientras quienes tanto lo quisieron lloraban, Clarín le regaló rosas podridas al Maestro.

Posdata: En su blog Malas Palabras, Diego Rottman hace una minuciosa comparación entre la necrológica que se le escapó a Clarín mientras Sandro vivía y la edición maquillada de hoy. Ver Sandro, la única persona a la que Clarín le dedicó dos obituarios.

Crédito: La caricatura procede de Trazando.

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Los Beatles, en otra dimensiónDesde hace unas semanas circula la noticia de un álbum raro de Los Beatles. Digo raro, y no mágico y misterioso, porque ya saben con cuánto cuidado conviene analizar las evidencias. La historia es así: la tarde del 9 de septiembre pasado, James Richards (seudónimo) viajaba cerca de un sitio llamado Del Puerto Canyon, al oeste de Turlock, California. Como su perro, su único acompañante, comenzó a mostrarse inquieto, detuvo el coche a un costado de la ruta por si necesitaba hacer sus necesidades. En eso, un conejo llamó la atención de la mascota, que salió disparada para darle caza. James, que conoce la perseverancia del animalito, se unió al tren. En medio de la persecución nuestro hombre tropezó y cayó desmayado. Cuando despertó estaba en un living con la cabeza vendada y su pichicho al lado, moviendo la cola. Cerca de allí, un hombre alto, de cabello negro y algo impresentable que dijo llamarse Jonas, le preguntó cómo estaba. Miró a través de la ventana y el paisaje era irreconocible. “¿Dónde estoy?”, le preguntó a Jonas. Desde ese momento, la concepción de Richards de la realidad se puso patas para arriba. Su ángel salvador había resultado ser un viajero interdimensional que decidió intervenir para  prestarle ayuda. Le explicó que había infinidad de Tierras paralelas, que lo había llevado a la suya hasta que se pusiera mejor y le dio abundantes detalles del planeta en esa otra dimensión.
El casete que contiene "Everyday Chemistry"INCREÍBLE SOUVENIR. Mientras conversaban notó que en esa realidad paralela las cosas sucedían de un modo parecido, pero con ligeras diferencias. Otras no tan ligeras, bueno. En un momento, a las perdidas, Jonas le cuenta que su hermano acababa de volver de un concierto de Los Beatles. “¿Quieres decir que aquí todavía están juntos?”, preguntó. Sí, contestó Jonas, y le mostró una estantería llena de casetes. Vio algunos discos conocidos, como Sargento Peppers, pero la portada lucía algo diferente. También vio otros títulos totalmente desconocidos. Le pidió una copia, para traer a nuestro mundo, y a Jonas le cambió el humor. “¡No, nada de fotos, nada de recuerdos, nada de cintas, nada!”. Le explicó que, si se lo permitía, algo malo podía suceder. Richards dejó de mostrarse interesado y cambió de tema. Pero no bien su anfritrión se distrajo metió uno de los casetes en el bolsillo. “No soy el tipo de persona que va a pasar por todas estas cosas en un mundo paralelo sin tomar algo para demostrar mi experiencia”, explica en el web site The Beatles Never Broken Up, donde cuenta la historia completa. Como sea, Jonas lo acompañó hasta el portal dimensional y, en instantes, Richards ya estaba junto a su auto. Otra vez en la Tierra.
The Beatles, psicodelia paradimensionalEL CALVARIO. James Richards (quien asegura preferir el anonimato por temor a represalias de la otra dimensión), es uno de los pocos protagonistas que ha regresado de una experiencia paranatural con pruebas concretas. En este caso, el único disco de Los Beatles grabado en una realidad alternativa, una Tierra II donde el grupo no se deshizo, Mark Chapman no leyó El guardián entre el centeno y George Harrison sobrevivió al cáncer. Otro mundo donde Paul McCartney parece haber sido incapaz de componer “Yesterday” y la banda aceptó a Yoko Ono como quinto beatle.
El título del álbum en cuestión es Everyday Chemistry (algo así como Química Cotidiana) y Richards, o como se llame, lo subió entero a la red, no sea cosa de resultar acusado de lucrar con una obra cuyos derechos son, por lo menos, materia controvertida. Por cierto, pocos le creen. Richards no los culpa. “Todavía tengo problemas para creer lo que me pasó. Yo no esperaría que usted me creyera, seguro que yo no lo haría, por eso tomé la cinta como prueba de que mi experiencia fue real”, explica. Los lectores que comentan las notas publicadas en cada medio anglosajón que se hizo eco de la novedad le saltan a la yugular: de todos los adjetivos que recibió, “charlatán” y “tarado” son los más cariñosos.
Si bien Los Beatles me fascinan, admito que lo mío no es la crítica musical. Pero me preocupó que nadie sometiera al disco a una evaluación ponderada. No para saber si alguien puede volver con un casete de Los Beatles de un universo paralelo, pero sí para pensar en cómo deberían sonar en una realidad donde siguen juntos. Para remediar esto convoqué a mis amigos Daniel Riera, por años crítico de rock en la edición argentina de la revista Rolling Stone, y a Alejandro Borgo, a este último no por su militancia escéptica -faltaba más- sino por sus conocimientos sobre la historia de Los Beatles y por ser un intérprete exquisito de sus canciones.

Escuchar Everyday Chemistry

Daniel Riera

NUESTROS BEATLES SON MEJORES
Por Daniel Riera

No sé si es una buena noticia que exista una banda llamada “Los Beatles” en otra dimensión. Por lo menos, no me queda claro luego de haber escuchado su casete (en esa otra dimensión, sigue siendo el soporte sonoro favorito de los usuarios) Everyday Chemistry. Los Beatles de la otra dimensión se llaman John Lennon, Paul Mc Cartney, George Harrison y Ringo Starr, igual que los nuestros. Pero no son iguales: en Everyday Chemistry queda clarísimo. James Richards, el hombre que importó el casete de aquellos Beatles (que todavía hoy siguen tocando allí donde viven), no aclara si la banda grabó allí un álbum parecido a lo que de este lado conocemos como Album Blanco (aunque su verdadero título sea The Beatles). Si así fuera, uno deduciría que aquellos John, Paul, George y Ringo han decidido profundizar en la senda experimental iniciada con “Revolution 9”. Aquí hay cintas invertidas, caos sonoro, muy poco de lo que en esta dimensión denominaríamos “canciones”. Para aquellos que gustamos de la música de “nuestros Beatles”, este es un problema. Porque si algo hacían bien “nuestros” Beatles,  era precisamente… ¡canciones! En ese revoltijo sonoro que es Everyday Chemistry, podemos identificar sin dificultad fragmentos de temas de lo que aquí conocimos como Wings, como Band On The Run, o de la carrera solista que Lennon desarrolló en nuestra dimensión, como Isolation. Al no haberse separado jamás, aquellos Beatles fueron teniendo ideas con algún punto de contacto con las que se le ocurrieron a “nuestros” Beatles cuando se convirtieron en solistas. El problema es que en la otra dimensión no lograron desarrollarlas como lo hicieron en este: se disuelven en un collage monótono que por momentos evoca más a los Residents que a “nuestros” Beatles. Ignoro qué representa este álbum en la carrera de la legendaria banda que existe y hace música en otra dimensión. Si todos sus discos son como Everyday Chemistry,  no tengo ninguna duda de que “nuestros” Beatles son muchísimo mejores.
Alejandro Borgo

UN REGRESO A LA NADA AUTORAL
Por Alejandro Borgo

No suenan a temas compuestos y desarrollados de acuerdo a ideas centrales. Un pedazo de letra por acá, una voz por allá, una base rítmica que se repite. No parecen temas que tengan una línea melódica y armónica coherente. Se deben haber renovado bastante en esa realidad paralela, porque no parecen Los Beatles. Pero ellos eran así, innovadores. Lamentablemente, este disco marca, yo diría, una involución. Comparado con la última obra conocida grabada por Los Beatles, Abbey Road, este disco representa una verdadera regresión a la nada autoral. Igualmente, resulta grato saber que se mantuvieron en actividad, volviendo a ingerir gran cantidad de drogas psicodélicas al componer y grabar. O tal vez una suerte de Alzheimer prematuro les afectó la creatividad y balbucearon aleatoriamente lo que recordaban de sus vidas anteriores.

Vía Casco de Kamikaze

Enlaces

The Beatles Never Broke Up…

Descargar disco completo

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El Gauchito Kali, o la Diosa Gil, ¿baratija populista o acierto diplomático?Este año mis hijas fueron dos veces abanderada y escolta en una escuela pública (donde no hay profe de informática pero tienen varias pecé); mi novia Teresita Escario termina un curso de posicionamiento en webs mientras yo me desayuno (después de casi un año de pataleo) que este blog -dejado y anti-comercial- recibió el mes pasado más de 9000 visitas; Paco -el tutor de Oliverio- sigue buscando dueño a un perrito callejero mientras ambos se preparan para reventar Mu el 6 de noviembre; mi amigo Alejandro Borgo firmó contrato con Editorial Planeta para escribir un libro sobre sus temas; en España, mi segunda patria, el Colectivo de Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales escandalizó a la Iglesia al presentar su Calendario Laico 2010, donde los íconos del travestismo madrileño posan como vírgenes; y, para rematar octubre, Cristina Fernández regresó de su travesía por la India sin hallar rastros de Julio López no sin dejar una glamorosa estela de diplomacia de santería: según la revista Barcelona, la Jefa de Estado le obsequió al Gobierno una estatuilla del Gauchito Gil con ocho brazos, en alusión a la diosa Kali. “La idea era regalar algo que fusionara la cultura milenaria gauchesca con las creencias de estos tipos”, reflexionó un allegado al canciller Jorge Taiana (déle un doble clik a la imagen de arriba, señora).
El Calendario Maya –que me tiene por enlazador de mundos– me vaticinó un año negro. Pero la Diosa Gil, o el Gauchito Kali, me susurra que no va a terminar tan mal, a pesar de todo.

Calendario Laico 2010: Galería


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«Muchos interesados en los fenómenos extraños de mi generación descubrimos que la ciencia ortodoxa escondía tantas o más maravillas que las ciencias heterodoxas cuando nos la develó Carl Sagan (1934-1996). La serie Cosmos marcó un antes y un después en el campo de la divulgación científica. Tal vez me excedo, y el lector me acusa de sufrir de una sobredosis de nostalgia por el ídolo/ícono perdido», escribí hace años en una reseña sobre las críticas de Sagan a la Parapsicología. «En Cosmos -continuaba-, Sagan probó que se podía llevar la ciencia a la TV en un lenguaje ameno, didáctico y atractivo. Cosmos sigue siendo un ejemplo fastidioso para los ejecutivos de la industria del entretenimiento que se dicen unos a otros que la ciencia no puede ser un éxito de audiencia».
Cada vez que alguien dice que los científicos nada saben o no les interesa lo paranormal, el ejemplo más a mano de lo contrario es El mundo y sus demonios (1997). Y cuando alguna productora o editorial cree haber inventado un nuevo formato para transmitir conocimientos, vuelvo a pensar que la fórmula de Cosmos –repuesta hace poco por Canal Encuentro– es imbatible: el tono poético de Sagan para hablar de ciencia, su aporte a la comprensión de la ciencia, siguen siendo fabulosos.

El gran Carl revive de las formas más inesperadas. En este videoclip, el músico John Boswell hace “cantar” a Sagan. Recupera y mezcla escenas de Cosmos y suma al cosmólogo Stephen Hawking con fragmentos tomados de la serie Stephen Hawking’s Universe.

Mi amigo Daniel Riera encontró el clip en el blog de la escritora Pola Olaixarac y acabo de descubrir la misma versión subtitulada al español. La traducción no es impecable, pero ayuda a los que no entienden inglés. La canción original se puede descargar aquí.

“La superficie de la Tierra es la costa del océano cósmico”, dice Carl. Y recién empezamos a mojar los pies en la orilla.

Por favor, conecten el audio y disfrútenlo.

Enlaces

“A Glorious Dawn” (Cosmos Remixed)

Cosmos online

La reseña citada arriba de El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad (Ed. Planeta: Buenos Aires, 1997) todavía flota en web.archive.

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Soy agnóstico, pero tengo rituales. Uno de ellos es almorzar al menos una vez al mes con mi amigo, el escritor Daniel Riera. Este mediodía hablamos, entre otras cosas, de pelotudos. Los que más bronca me dan, le dije, son los latentes. Uno se autoengaña: tiene que darse alguna situación -un diálogo, una idea, un conflicto- para descubrirlos. A veces lleva cierto tiempo darse cuenta.
De regreso a casa recordé a Fontanarrosa. De cuando en el Congreso Internacional de la Lengua develó el secreto de la fuerza de la palabra pelotudo. También recordé mi propia resistencia a usar el adjetivo cuando me referí a unas sonadas declaraciones de José Pablo Feinmann. El escritor había dicho: “cualquier pelotudo tiene bloc” (sic). El epíteto me pareció elitista y petulante. Pero, sobre todo, excesivo. Tanto que en mi comentario lo reemplacé por “boludo”. Y “bloc” por “blog”. En fin, cosas de uno.

EL EFECTO BUMERANG. El tema me llevó a otra reflexión. Los insultos muy agresivos tienen un efecto kármico; para usarlos, tenés que estar seguro de que el sayo no te cabe: te puede pegar en la nuca.
De regreso a casa también pensaba en releer una nota cuyo enlace me envió Diego Golombek, doctor en Biología, escritor y voz cantante del dignísimo Proyecto G, el programa que emite Canal Encuentro.
El artículo, titulado El triunfo de la virtualidad absoluta, publicado en Página/12 el pasado 20 de julio, es una de las defensas más vehementes jamás escritas sobre el “engaño lunar”. Su autor, en nombre de “su amigo”, el finado Jean Baudrillard, dice que con la noticia del alunizaje “triunfó el show sobre la realidad”.
Esa nota constituye una paradoja perfecta de la “virtualidad” que denuncia el columnista: inventa una escenografía surrealista –acaso inspirada en la parodia Operación Luna– sobre cómo el poder tramó un falso alunizaje para llegar a la siguiente conclusión:

“Señores, ustedes no fueron a la Luna y eso me parece mucho más admirable que si mediocremente, realmente, sumidos en la tosca realidad-real hubieran ido. Pero no fueron. Crearon todo el gran relato. Demostraron que la entera humanidad puede ser engañada. Crearon la nueva era. La del poder de lo virtual mediático.” (Leer aquí la nota completa).

Hacia el final, el articulista asegura que están dadas las condiciones para que, en el 2011, Francisco De Narváez “dé su discurso de final de campaña desde Saturno”, ya que este señor, a quien vislumbra dueño de las nuevas tecnologías comunicacionales, “será Dios”. Y todo el mundo le creerá.
El paciente lector se preguntará a quién pertenecen conclusiones que subestiman tan profundamente la inteligencia popular. Bien: su autor es el mismísimo filósofo presidencial, José Pablo Feinmann.
El efecto bumerang se había cobrado una nueva víctima.

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Es periodista, editor, guionista, poeta, músico, letrista y cantor de milongas. Todo eso. Pruebas: es coautor de la ópera cumbia Mueva la Patria y del soberbio diccionario Puto el que lee. ¿Qué más decir de Pablo Marchetti? Que es un tipo talentoso, histriónico y reflexivo. Que es pelado, corpulento y alegre. Que compuso “Anarquía en la Republiqueta”, donde imagina la revolución menos pensada, y “Compañera”, una milonga triste, provocadora y fascinante destinada al amor que supo conseguir la montonera más hermosa del barrio. Que también escribió la maravillosa “Milonga paranormal”, que ya traje por aquí.
Terco buscador de lenguajes alternativos, Marchetti es un artista, digo, es un periodista que sabe trabajar en equipo y deshacer la realidad social mediante la sátira. Por eso es tan suya Barcelona, la pervertida revista que fundó con un grupo de amigos allá por 2004. Entre ellos, Daniel Paco Riera, escritor y ventrílocuo, quien con su inseparable Oliverio son anfitriones del show que Falopa presenta todos los viernes en (Hipólito Yrigoyen 1440).
En esta sección suelo hacer tres preguntas y ya. Iban a ser “¿Qué coche manejarías, en qué barrio vivirías, quiénes serían tus amigos si fueras estadounidense, holandés o franco-belga?”. No se las hice: son escenarios imposibles de imaginar. Marchetti es argentino. No le queda otra. Es argentino y hace lo que le gusta. De todo y bien: canta bien, escribe mejor, actúa y cuesta darse cuenta de que eso que sucedió fue una actuación.
Presencié una performance de Falopa el viernes 12 de junio. No haré una crítica musical –eso lo dejo a los que saben– pero quiero decir que fue una experiencia increíblemente placentera. Adictiva –te mata la ansiedad por disfrutar el tema que sigue- y divertida: hacía rato que no me reía tanto. ¿Qué es Falopa? Yo sé que es una obra de arte ácido hecha de guitarras, humor y poesía.
Pero fui a preguntárselo a Pablo.

1. ¿Qué es Falopa?
-Creo que es música urbana porteña, pero música orillera. O sea, con las influencias de todo lo que puede traer el río marrón que confluye en la ciudad. La base rítmica es la milonga, y la base poética, las décimas, pero de allí el barco puede traer una zamba, una chacarera o aires litoraleños. Aunque también estamos abiertos a lo que hay en la ciudad, sin necesidad de ver qué trajo el río: tango, cumbia, vals, y sobre todo es música de guitarras: son canciones que se pueden tocar sin amplificación, en un fogón o en el living de una casa.
2. ¿Cómo surgió?
-Fede Marquestó (a quien conocí porque mi hija y su hijo eran compañeros de jardín y con quien me subí por primera vez a un escenario para tocar en el acto de fin de curso de sala de cinco) me propuso hacer algo con esta formación y quiso que yo cantara. El quería hacer tangos satíricos y bizarros de las décadas del 20 y 30, pero yo le dije que no, que quería hacer temas propios. El problema es que no sabía el tono que quería que tuvieran los temas. Así estuve como cuatro meses medio empantanado, sin saber para dónde ir. Obviamente, en cuanto surgió el primer tema, la composición empezó a fluir como catarata y hoy tenemos unos 40 temas, entre los que están y los que están ahí, en gateras.
3. ¿Cómo se te ocurrió Milonga paranormal? (perdón, esta nota sale en Magia Crítica).
-“Milonga Paranormal” fue el tema fundacional del conjunto Falopa. Desde el título, es una parodia a “Milonga sentimental”. Pero yo no quería hacer un grupo paródico, odio eso. Como también odio cierta tendencia de letristas nuevos del tango que creen que para actualizar el género hay que reemplazar los adelantos tecnológicos: en lugar del farolito, la conexión wi-fi; en lugar del empedrado, la autopista; en lugar de la cartita de amor, facebook. Y junté esas dos cosas que odio y las llevé al extremo, como una declaración de principios o un escupitajo, pero también con la intención de encontrar allí una buena historia. Hay ahí una enumeración de todos los lugares comunes de lo paranormal. Y el tema comienza “Milonga para olvidarte, milonga paranormal”, cuando milonga sentimental dice “milonga pa’ recordarte, milonga sentimental”. Hay otros temas en los que se juega con el nombre de temas conocidos (“Zamba de mi escepticismo”, “Anarquía en la Republiqueta”, “Strawberry Fizz Forever”) pero este es el único que tiene una referencia directa a la canción a la que alude.

Enlaces
“Milonga Paranormal” y “Anarquía en la Republiqueta” aquí.
Poema que Pablo Marchetti dedicó a Raúl Alfonsín, el padre de nuestro escepticismo, aquí.

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