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Posts Tagged ‘Jesse Jackson’

El color de la piel de Barack Hussein Obama me resultaría interesante si fuera verde. Eso no es todo: la negritud presidencial me importa menos desde que le oí decir a un locutor de TN que Michelle Obama es la primera dama “de color” (¿negro?) que tuvo los Estados Unidos; encima, lo dijo para mentar su centelleante vestido de seda verde musgo.

Me interesa poco el color de su piel -decía- porque no es verde. Sin embargo, algunos afirman que Obama es el primer presidente extraterrestre en la historia de los Estados Unidos. Yo sé que las cosas no son ciertas o falsas porque las diga una autoridad, pero admito que me atrae más conocer la opinión de Henry Jenkins, director del Programa de Estudios Comparativos de los Medios del M.I.T., que la de Mauro Viale.

VULCANO COMO SU PADRE. Jenkins creyó percibir en Obama un aire al Señor Spock. No sólo porque Spock es vulcano por parte de padre y humano por parte de madre, así como Obama es hijo de padre africano y madre yanqui. El ensayista destaca que la serie original de Star Trek (1966) “celebró ideales que animó a toda una generación a imaginar una sociedad más utópica”, integrando a culturas y razas en una comunidad multiplanetaria.

Con la pátina de exotismo que le da su origen hawaiano, el carisma de este abogado egresado en Harvard preocupó a Juan Carlos Castillón, un intelectual cubano exiliado en Barcelona. Antes de que se clausurase Guantánamo, que lo debió poner muy contento, Castillón escribió: “El primer recurso del mesianismo consiste en separar al político, y en hacernos creer que se trata de alguien no ordinario. De ahí al Iluminado, al ungido por Dios, sólo hay un paso”. ¡Peligro! Obama tiene los gestos de un profeta laico. Esos argumentos a lo mejor le caben al pastor Jesse Jackson, a Louis Farrakhan, Ministro Supremo de Nación del Islam o al mismísimo hijo de Bush, coautor del primer genocidio preventivo en nombre de Dios del siglo XXI.

Obama tiene ángel, pero no parece dar el perfil de líder religioso. Encarna, más bien, el estereotipo del héroe extraterrestre.

En Star Trek: La ira of Khan (1982), los fans se enojaron cuando el capitán Kirk dijo que Spock había sido la persona “más humana” que había conocido. “¿Se imaginan el escándalo si alguien elogiara a Obama por su blancura?”, se pregunta Jenkins.

No voy a decir lo que pienso de los que encuentran virtuosa la tez de Obama. Pero tampoco quiero ser injusto. Obama no parece ser a Bush lo que fue De la Rúa a Menem, aunque tanto el zapateado como el patilludo fueran repulsivos reptilianos.

 

Barack Obama no es Obi-Wan Kenobi ni Darth Vader. Es el Señor Spock, un pez híbrido que nada en una atmósfera cosmopolita. Como el ambiente que se respiraba en el USS Enterprise, la nave que lanzó al espacio Gene Roddenberry, creador de Star Trek. La serie surgió en tiempos de JFK, aquel presidente tan joven, bonito y bueno que merecía morir. En una línea parecida, un bloguer cristiano afinó la metáfora. Obama -escribió- fue separado al nacer de Tuvok, el vulcano negro que interpreta Tim Russ en Star Trek: Voyager (1995).

Antes del triunfo electoral, la revista Rolling Stone apostó a Obama. Subió al candidato demócrata a tres portadas. Creo que hubiera vendido más ejemplares si le corregían las orejas con photoshop. Naturales son poco vulcanas. Al contrario: en una tapa, RS tituló A New Hope, frase que evoca a la primera película de Star Wars. Sus editores no deben ignorar que son sagas rivales. Pero equivocaron el target.

DISCURSO COSMICO-JUSTICIALISTA. Todavía rebotan los ecos del discurso inagural de Obama, y no faltaron susurros sibilinos para los cuales algún gen peronista debe tener, porque dejó contentos a (casi) todos. El (casi) vale porque hablamos de un presidente que no quiere confraternizar sino “recuperar el liderazgo”. Y que se olvidó del Tercer Mundo y del brutal genocidio perpetrado en Gaza, como denunciaron Robert Fisk y Atilio Borón.

El consuelo cristiano fue que citara cuatro veces a Dios y jurase no una sino dos veces sobre la Biblia. Los musulmanes se habrán tranquilizado cuando en vez de bombardeos prometiera “un nuevo camino basado en el interés y el respeto mutuos”.

Hasta aquí nada del otro mundo.

Obama es un cristiano que se afilió tempranamente en la Trinity Church, la iglesia de la elite negra de Chicago. En una sociedad donde el 90 por ciento de la población reza o siente que Jesús le habla, es previsible que respetara la liturgia consistente en jurar sobre la Biblia, como lo es que despidiera con unas palmaditas sobre la espalda al presidente saliente.

Tampoco fue inesperado -a la luz de su biografía- que le dedicara un generoso párrafo a la diversidad religiosa. El golpe de gracia fue el furgón de cola. Obama dijo: “…sabemos que nuestra herencia multiétnica es una fortaleza, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes, y de no creyentes”. ¡De no creyentes! Este hombre no podía ser de la Tierra. Por primera vez, un presidente yanqui admitía que no gobernará una nación poblada únicamente por creyentes. Lástima que la hasta hoy ignorada minoría arreligiosa carece de alma. Si la tuviera, se le hubiera conmovido. Para más INRI, Obama clamó por restituir la ciencia “a su debido lugar” y a usar “las maravillas de la tecnología para incrementar la calidad de nuestro sistema de salud y reducir su costo”. Verse representados catapultó a ciertos infieles a un fervor cercano al delirio místico. “Esos son los valores del humanismo secular”, celebró D.J. Grothe, portavoz del Center for Inquiry y editor asociado de Free Inquiry, la revista top de los no creyentes. No lo culpo. Angel Moyano me presta una píldora para la memoria: “Los ateos no deberían ser considerados ciudadanos ni patriotas”, dijo Bush padre en 1987.

MIMETIZACIÓN. Hay norteamericanos virtuosos en muchos aspectos. Pero viven en una sociedad ombligocéntrica e intolerante. Todavía no se cumplió un año desde que se sembró la sospecha de que Obama era un “musulmán encubierto”, como si adherir a esa religión fuera denigrante (y de hecho lo es para miles de estadounidenses). La derecha cristiana compraró a Obama con el Anticristo. El rumor corrió con tanta fuerza que Glenn Beck, periodista de CNN, entrevistó a un evangélico conservador para determinar cuán probable era esa versión. El mismo Leonard Nimoy, alter ego del Señor Spock, explicó que durante un encuentro cercano que mantuvo con Obama éste desmintió tanto “ser musulmán como un vulcano secreto”. (Lo de musulmán vaya y pase, pero ningún vulcano infiltrado confesaría alegremente su origen).

Con todo, al estado de ánimo que lleva a sospechar del que tiene creencias diferentes, y al capitalismo como herramienta de control social, no le importan un cuerno el carisma obamita. Son factores que corren a donde los lleva el viento. Los personajes que secundan a Obama -herencia de un pasado reciente espantoso- recuerdan que el poder real siempre está en otra parte. Obama puede ser más de lo mismo. Sin embargo, su presencia “fascina e inquieta”, como dijo el sociólogo Manuel Castells. “Lo insólito no es el color de su piel. Es la vida de Obama, una vida multicultural en búsqueda de identidad, una larga experimentación personal, lo que hace de él un personaje inusitado en la política mundial”. Fascina e inquieta, dijo. “Por eso -continúa Castells- se nos encogerá el corazón cuando la política se lo trague hasta hacerlo irreconocible”. Lo mismo pasa con los extraterrestres. Existen, pero se mimetizan tan rápido con el entorno que se vuelven invisibles.

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