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Archive for the ‘LIBROS’ Category

El cientifico tambien es un ser humanoHace rato me ronda la idea de dedicar un post largo a los libros del 2009. Lo que se estila en esta estación del año en nuestro hemisferio: ir preparando aquellos libros que vas a leer cuando llegue el momento de tirarte panza arriba en la arena, libros para leer mientras te tomás una caipirinha, libros para no dejar pasar. La lista iba a adolecer de un sesgo insalvable: sólo incluiría a los que leí a lo largo del año. Pero fueron tantos los buenos libros que esa lista creció demasiado. Así que, de a poco, le dedicaré un post a cada uno hasta fin de año.
El científico también es un ser humano, escrito por el profesor de la Universidad Nacional de Quilmes, el sociólogo Pablo Kreimer, está entre los mejores. Si digo “es un manual de técnicas de espionaje”, sería inexacto: los espías raramente se espían a sí mismos. Si agrego: “es un ensayo sobre ombliguismo científico”, me quedo corto. No estamos ante un mero retrato autocontemplativo. Si afirmo: “es una guía para entender la cocina de la ciencia”, por ahí va el asunto. Es un libro muy claro, la buena divulgación de la ciencia siempre lo es, sobre aquello que hacen los científicos “cuando nadie los ve” (nadie salvo el sociólogo, cuya presencia también es objeto de estudio). “…los científicos hacen pis, se resfrían, aman y odian, tejen alianzas y se pelean, y trabajan en instituciones tan ‘normales’ de la sociedad como las compañías de seguros, los talleres mecánicos o las agencias que venden autos”, resume el autor. Kreimer analiza, reflexiona y evalúa las manías, tensiones, prejuicios, rituales, celos, contradicciones, dudas, relaciones y tabúes de los científicos. Actitudes, desvelos e intereses que no desentonan con las de otros grupos y actividades sociales. Imprescindible para estudiantes de ciencias humanas, atrapará a interesados en la metodología de la ciencia, pero también a los que buscan paralelismos o diferencias entre el submundo de las creencias y los mecanismos de producción del conocimiento científico. Tiene 144 páginas y es parte de Ciencia que ladra, la excelente colección que dirige Diego Golombek para Siglo veintiuno Editores.

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Gustavo FernandezGustavo Fernández acaba de relanzar una vez más su hit “Manual de Autodefensa Psíquica: Básica y Avanzada” (Ed. KAN, que ya publicara su clásico “Ovnis sobre las Torres Gemelas”). Esta lujosa re-reedición reúne investigaciones, técnicas y herramientas que Fernández ha refritado de viejos textos. Exiliado desde hace más dos décadas en la ciudad de Paraná, Fernández mantuvo allí duras batallas contra cascarones astrales y subrepticias luchas cuerpo a cuerpo con peligrosísimos ectoplasmas encarnados.
Para no quedarnos en el elogio fácil, recordemos una controvertida costumbre de Fernández: copipastear textos ajenos. Pero, tarde o temprano, todo buen discípulo de Bucay aspira a la redención: en la segunda parte de su obrita parece reconocer picardías del pasado: “Sé que no es siquiera necesario explicarles cuántos afanes, cuántas horas robadas al descanso demandó preparar este modesto material”, escribe, o vaya a saber si no copia de alguna otra parte.

Su tesis sobre la existencia de larvas astrales, paquetes de memoria thanáticos, vampiros energéticos y vórtices psicoespirituales está disponible en Internet desde hace tiempo. No obstante lo cual, con su título “Manual de Autodefensa Psíquica: Básica y Avanzada” el autor porteño se jacta de haber logrado su libro número 17. Para su re-relanzamiento en papel, Fernández ha estirado su esfuerzo hasta alcanzar las 104 páginas, que extiende aún más con simpáticos dibujitos didácticos y una tipografía generosa, apta para amas de casa y jubilados cortos de vista.  Su índice temático incluye:

– Prólogo e Introducción
– Capítulo I: Contra qué luchamos
– Capítulo II: ¿Existen los “hechizos” y “maleficios”?
– Capítulo III: Las costras astrales
– Capítulo IV: Los cascarones astrales
– Capítulo V: Vulnerabilidad de los chakras a los ataques espirituales,
psíquicos y energéticos
– Capítulo VI: Fabricación del ídolo negativo
– Capítulo VII: La “Sombra”, nuestra bomba de tiempo psíquica
– Capítulo VIII: Cromoterapia Esotérica
– Capítulo IX: Posesión por entidades no humanas
– Capítulo X: La envidia
– Capítulo XI: El Láser Mental
– Capítulo XII: Peligros del Plano Astral
– Capítulo XIII: Verdades, mentiras, peligros y beneficios de la “Tabla Ouija”
– Capítulo XIV: Evidencias físicas de las entidades
– Capítulo XV: Rescatando la Ceromancia
– Apéndice: una lectura crítica de los cultos afrobrasileros.

Gustavo M FernandezAhora bien, Gustavo Fernández solía ser “Prof.” o “Lic.”, galardones que parece haber perdido en alguna chakra mesopotámica a instancias del Colegio de Psicólogos de Entre Ríos y la Universidad Argentina John F. Kennedy. Si por ventura te interesa todo lo contrario a lo que enseña el ex licenciado Fernández (por ejemplo, aprender a conjurar falsas ciencias y desarrollar el pensamiento crítico), hay una oportunidad: Alejandro Borgo, director del CFI- Argentina, arranca con un curso anti-chantas los martes de 17 a 19 hs. en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la UBA, Junin 1063. Informes: 4952-7281. Y cumplimos con la premisa según la cual toda crítica mejora si el crítico ofrece alguna contraprestación.

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Autodefensa Psíquica 2

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Desde que salió Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina rezongué bastante por la nula atención que le dedicó al librito la televisión, lo cual prueba que la amistad (muchos y buenos amigos míos trabajan en la tele) es irrelevante a la hora de conseguir un poquito de difusión en la caja idiota. Ahora, cuando Terra TV me hace un precioso reportaje para hablar del libro, me quejo de mis tics y de lo mal que me queda la barba.

En el programa Tu Entrevista hablo de cuatro historias del libro (la abducción de Martha Green, el encuentro cercano de los empleados del Casino de Mendoza, el caso del celular abducido, la teleportación del matrimonio Vidal…) y hasta del caso Roswell. Los webespectadores enviaron muchas preguntas, que espero responder desde aquí o -mejor- desde el blog de Invasores, que anda por aquí. Gracias a los amigos de Terra (especialmente a Leo Gentile y Chris Delicia) por tanto interés y buena onda. También a los “lectores invitados”, mis amigos y colegas Gabriel Lembergier y Mariana Comolli. El programa se puede ver haciendo click acá.
En cuanto a la pregunta “¿Por qué amamos a los aliens?” (como se presenta la entrevista), nunca me la han formulado. ¡Qué pena! Es una gran pregunta. Vamos a aprovecharla, trasladándola a los lectores de este blog: el que deje en “Comentarios” la mejor respuesta (según mi caprichosísimo criterio) se gana un ejemplar de Invasores autografiado. Como el correo está caro, priorizaré las respuestas de residentes en la Argentina. (“¿De qué clase de amor escribirán?”, me pregunto).

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¿Oyó usted hablar del varkulets? Quizá no. Pero no hay de qué preocuparse, no es una omisión grave en su cultura general: este idioma es parte de una tradición hermética. La extraña lengua fue difundida por Eustaquio Zagorski (1904-1981), un contactado polaco establecido en la Argentina en 1929 que atendía una sastrería familiar en el barrio de Avellaneda. En los sesenta disfrutó de una módica fama cuando pasó por Sábados Circulares de Mancera. Soltero a sus 68 años, en 1973 se definía como católico, buen lector de la Biblia y memorioso. Tanto que alcanzaba a recuerdos de sus vidas anteriores. En junio de ese año, Eustaquio le confió al diario La Razón que era visitado desde 1967 por dos seres de otro mundo. No eran distintos de los humanos salvo por su mentón, algo prominente. Zagorski juró que los visitantes eran oriundos de Ummo, un planeta en órbita alrededor de la estrella Wolf 424. Sus embajadores en la Tierra remitían por correo ordinario informes científicos donde reiteraban el ruego más inquietante que alguien puede esperar de extraterrestres de verdad: “Por favor, no nos crean”.

FIERRO PHONE HOME. El encuentro de Zagorski con los ummitas no fue tan extraordinario como otro que sucedió el mismo año en el Observatorio Astronómico Adhara de San Miguel, provincia de Buenos Aires. En el edificio, también sede de una misión jesuítica, Eustaquio fue recibido por el padre Benito Segundo Reyna (1900-1982), el más famoso religioso de la época interesado en los ovnis. Durante la charla, el contactado le explicó el origen del varkulets mientras el sacerdote examinaba un voluminoso manuscrito. Era una versión del Martín Fierro traducida a un idioma extraterrestre. La primera referencia conocida del incunable aparece en el libro Martín Fierro en el mundo de los idiomas (2003), escrita por el comodoro (RE) Santos Domínguez Koch (1926-2008). Tras algunas morosas gestiones, logré conversar con el autor del más completo catálogo de traducciones del poema fundacional de la literatura gauchesca. Quedamos en compartir un café en su casa, donde me iba a permitir hojear el maravilloso texto. Por teléfono, el militar me adelantó que en 1978 recibió en su oficina a un señor mayor acompañado por un sacerdote. El traductor sacó de un maletín el ejemplar y un bolígrafo, con el que escribió una dedicatoria en varkulets, como llamó a la lengua desconocida.

En su bibliografía, Domínguez apuntó que el varkulets era una lengua indoamericana. Mi información, le dije, era distinta. El idioma había sido utilizado por una sola persona: Eustaquio Zagorski.

El trotamundos polaco nunca había ocultado haber aprendido la lengua de los extraterrestres. Más bien, se ufanaba de ello. Yo esperé que Domínguez Koch rechazara mi comentario con indignación, sorpresa o con una carcajada, pero en la línea se produjo un silencio.

–Lo conversamos personalmente ¿le parece?

Me pareció bien.

Nuestro encuentro se fue postergando hasta que una zancadilla del destino la sepultó para siempre. El comodoro falleció el 2 de abril de 2008.

La historia del lenguaje de Ganímedes no hubiera trascendido la nota al pie si el padre Reyna no hubiera propuesto a Zagorski un ambicioso desafío: traducir el Martín Fierro a su lengua materna. Eustaquio y el padre Reyna visitaron a Domínguez Koch cuando éste coordinaba la División O.V.N.I. del Servicio de Inteligencia de Aeronáutica. Cuando el militar vio los poemas dibujados en esa exquisita caligrafía alienígena decidió comenzar a coleccionar las traducciones de la obra de José Hernández (1834-1886). Reunió cuarenta. Ninguna tan rara, inspiradora y a la vez familiar como el varkulets.

Zagorski también intercambió alguna correspondencia con el doctor Oscar Galíndez, un joven abogado cordobés que presidía el Círculo Argentino de Investigaciones Ufológicas (C.A.D.I.U.). En los setenta, Zagorski le envió un manuscrito de doscientas once páginas. En los primorosos caracteres del varkulets, impresos en carbónico azul y semejantes a trazos arábigos, el contactado exhumó su vida en el satélite de Júpiter. En 1974, Galíndez publicó un estudio lingüístico donde develó que tanto la fonética como la sintaxis del varkulets eran una mera trasposición del castellano. El lenguaje de Ganímedes no tenía identidad propia: era una creación consciente inspirada en el español. “No hay ninguna fundamentación científica –escribió Galíndez– para sostener su procedencia extraterrestre”.

Aquel artículo, que recordó el papel de la ciencia ante las afirmaciones sensacionales, también diseminó la idea de que la lengua extraterrestre de Zagorski fue una superchería que no tuvo otro escenario que la mente del contactado.

Pero estas historias no terminan con hallazgos fascinantes como el de Galíndez, según el cual la gramática de Ganímedes es idéntica al castellano. Para mí, la fantástica obstinación de Zagorski por revelar al mundo su experiencia, y deslumbrar con una obra a la que dedicó considerable tiempo y energía, tiene el mismo valor histórico que la del científico que se ocupó de refutarla.

La increíble saga vivida por el traductor, el sacerdote y el coleccionista es parte del primer capítulo de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Editorial Sudamericana, 2009), un libro dedicado a indagar cuánto hay de humano en la experiencia extraterrestre y cuánto hay de extraterrestre en la cultura humana.

RAROS IDIOMAS NUEVOS. La creación de jeringonzas artificiales no siempre ha sido una afición ocultista. También ha buscado soluciones prácticas. El volapük, creado por el clérigo bávaro Johann Martin Schleyer (1831-1912), y el esperanto, iniciativa de otro polaco, el médico L. L. Zamenhof (1859-1917), pretendieron facilitar la comunicación entre diferentes culturas. Las dos lenguas fueron acusadas de “fomentar la conspiración sionista” por el nazismo. La primera casi ha muerto; la segunda sobrevive; en Brasil, curiosamente, es activamente promovida por el movimiento espiritista. Otras lenguas persiguieron fines artísticos. Xul-Solar (1887-1963) creó la panlengua y el neocriollo, J.R.R. Tolkien (1892-1973) jugó con el idioma élfico en El Señor de los Anillos (1954-55), Oliverio Girondo (1891-1967) creó su propio argot en En la masmédula (1956) y Charly García compuso Eiti Leda (luego Serú Girán, 1978). En una línea parecida, es irresistible mencionar a la lengua alienígena más popular del universo de Star Trek (Viaje a las Estrellas, Gene Roddenberry, 1966). Millares de fans de la serie adoptaron el klingon como segunda lengua. Sin embargo, nadie acusaría a los trekkies de tener sus facultades mentales alteradas: usan el idioma por hobby, devoción o para conversar con fans que comparten el mismo compromiso con la serie. La compañía de Roddenberry concretó proyectos heroicos.

En 1985, el lingüista Marc Okrand, creador del idioma klingon, escribió El Diccionario Klingon. En el 2000, el Instituto del Lenguaje Klingon, dedicado a su estudio y enseñanza, tradujo Hamlet, de William Shakespeare (1564-1616), al idioma oficial de Qo’noS, el planeta natal del teniente Worf. El kligonés es limitado: si alguien quiere hablar de otra cosa fuera de batallas galácticas, le faltarán palabras. Pero ya alcanzó la misma difusión que el esperanto. Sitios web como Google lo ofrecen como una lengua más. También sufrió equívocos que no tienen nada que envidiarle a mitologías espontáneas. En el 2003, la agencia Associated Press informó que funcionarios del condado de Multnomah, Oregon, buscaban intérpretes de klingon para un hospital psiquiátrico local. “Tenemos que dar información en todos los idiomas que hablan nuestros pacientes”, decía el cable. David Samuels, doctor en antropología de la Universidad de Texas en Austin, Estados Unidos, consideró que creerse un klingon no era imposible, especialmente si un fan de la serie sufría un brote psicótico. Samuels dio la versión por buena sin notar que la noticia era falsa. Pero la parodia fue tan sutil que desató una leyenda urbana.

¿Qué depara a los argentinos que esperan soluciones del cielo? Quién sabe. Pero una pléyade de contactados, ufólogos y profetas extraterrestres jura tener la respuesta.

Resumido y adaptado del primer capítulo de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Sudamericana, 2009)

Bibliografía consultada

Galíndez, Oscar A. “Criptoanalisis del varkulets”, en revista OVNIS, Un Desafío a la Ciencia (1974), Nº 1, CADIU, Córdoba, pgs. 22/25.

Samuels, David; “Alien Tongues” (2005), en E.T. Culture: Anthropology in Outerspaces (Debbora Battaglia comp.) Durham, N.C.: Duke University Press. Pp.116.

Finkelstein, Seth. ‘Klingon Language’ Interpreter Urban Legend (2003).

(c) Alejandro Agostinelli. Publicado en revista Noticias Nº 1694, 13-06-09. Descargar nota original de aquí). Detalle sobre el dibujo del genial Fedhar que ilustra esta nota: el artista tradujo el texto (“Martín Fierro”) al varkulets. Resumen del Capítulo I de Invasores.

Enlaces

Comentario de Oscar A. Galíndez sobre Invasores.

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Todavía seguía contentísimo por el recibimiento en Mendoza de Invasores. Varias entrevistas televisivas y radiales, la portada del suplemento espectáculos del diario Los Andes para una excelente nota de la colega Mariana Guzzante (ya traducida al inglés por Scott Corrales) y otra entrevista de Fernando Toledo en el Diario Uno. Pero, sobre todo, estaba feliz por celebrar el reencuentro con viejos y nuevos amigos: mis anfitriones de la Revista PPP (Pablito Lozano, Romina Cuqui, Beto Sabattini y Daniel Postizzi), el pastor-científico Fernando Saraví, mi madrina de la vida, Susana Tampieri, el amigazo Miguel Títiro y su esposa Ana, y el músico Rodo Castagnolo, la mejor herencia que recibí en vida de Nacho Cabria. Todos ellos, el domingo 31, estuvieron en la cantina Los Dos Amigos para escuchar la historia de Juan Carlos Peccinetti y Fernando Villegas, entre otras del libro. Los empleados del Casino de Mendoza, protagonistas de Mensaje de Ganímedes, sexto capítulo de Invasores, al final no vinieron. Me dieron razones atendibles. “Otra vez será”, dijo Peccinetti, quien acusó enfermedad. Villegas tenía mal a su mujer. Tras leer las entrevistas del domingo, me llamó para agradecer y acotó: “Eppur si muove”. Tampoco dio señales de vida Victorio Corradi, ufólogo oficial de la tierra del sol y del buen ovni. Sí vino el principal investigador del caso, el vicecomodoro retirado Luis Cunietti. El militar, cuando era teniente de la Fuerza Aérea Argentina, realizó una completa pesquisa a pedido de la Junta de Seguridad Aérea. Tras refrescar las conclusiones a las que llegó en su época, se perdió en recuerdos más bien humorísticos sobre sus persecuciones aéreas a unos enanitos verdes, como apoda la cultura menduca a los marcianos, cualquiera sea su raza o linaje. Un público participativo y atento coronó esa formidable noche.

FINAL DE UNA HISTORIA DE AMOR EXTRATERRESTRE
Pero la alegría es un don efímero. No bien pisé Buenos Aires recibí el llamado de Liliana Murga, hija de Martha Green, protagonista de Corazón partío, el capítulo que cierra mi libro sobre extraterrestres en la Argentina. Por si no leíste Invasores, esa mujer preciosa que ves en la foto me reveló que sus encuentros clandestinos con Enis, un científico procedente del planeta Ozonis, comenzaron cuando ella tenía treinta y tres años. En 1956, Martha seguía casada con Miguel Angel Murga, un militar peronista cuya carrera truncó la dictadura del general Pedro Eugenio Aramburu. Enis llevó a Martha a Ozonis y la invitó a quedarse.  Declinó la oferta: amaba demasiado a su marido y a su hija Liliana, de apenas un año. Tras su primer y único parto, una enfermedad congénita le impidió traer más hijos al mundo. A éste. Porque Martha concibió dos hijos más en el otro. Ella nunca consideró que su relación con el alienígena fuera un caso de infidelidad. “Eso sucedía en otro plano, en otra dimensión”, se justificó. Cuando confesó su verdad a Miguel Angel, su esposo, él no le reprochó nada. Al contrario, la mimó más, se interesó en sus manuscritos y le ayudó a registrarlos. El destino le iba a reservar otras adhesiones, como la de su segundo marido en la Tierra, la de su propia hija y tal vez la de los lectores de Ozonis, en algún lugar del Universo (Ediciones Silzú, 1998), único libro publicado de los dos que le dedicó a su experiencia, que ya se ha traducido al italiano y se conoce hasta en el Japón.
Guardé el relato del secreto romance entre Martha y Enis para el final de Invasores porque quise premiar al lector que entendió que valía la pena avanzar: es la historia más fantástica del libro. Tan fantástica que Martha conocía mejor que nadie sus efectos. “Creer en una cosa así es muy difícil”, me dijo, mientras sus ojitos verdes entraban en órbita rápida y yo estudiaba sus huesitos delgados, arrumbados en el sillón del geriátrico. Sin embargo, no hay incredulidad que impida disfrutar de su historia, que es la historia de la lucha solitaria de una mujer por volver creíble lo increíble.
Liliana, su hija, me había llamado para darme la noticia de su partida. Martha Green, seudónimo de Marta Rodríguez, autora de la más sorprendente autobiografía de una mujer sobre su relación con un extraterrestre, había fallecido el martes 2 de junio, a las 8 AM.
Liliana me contó que le llegó a leer el capítulo de mi libro. Martha le pidió que lo hiciera varias veces, como si quisiera asegurarse de la precisión de mi versión de su vida. Sí, lloré. Claro que lloré. También porque supe que ya no iba a volver a escuchar las historias de esta abuela dulce y hermosa. Por su hija supe que la vida de Martha tuvo momentos dolorosos. Pero sus experiencias -con las que nunca pretendió lucrar- le otorgaron una dimensión diferente. Sus viajes -hayan sido al espacio exterior o interior- fueron un escalón empinado y transgresor en su singular búsqueda de la felicidad.

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El próximo domingo 31 de mayo a las 20 horas, presento en la ciudad de Mendoza mi libro Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina en el bar Los Dos Amigos (Santa Fe e Ituzaingó), auspiciado por la Revista PPP y Andesmar.

Me van a acompañar los periodistas Pablo Lozano (Revista PPP) y Miguel Títiro (Diario Los Andes) y, si se anima, uno de los protagonistas del supuesto encuentro de dos empleados del Casino con cinco humanoides en Mendoza, la madrugada del 31 de agosto de 1968. “Mensaje de Ganímedes”, a mi juicio uno de los capítulos más jugosos de Invasores, es la historia que mencioné en la presentación del libro en Buenos Aires.

Más info aquí.

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Una de las ideas falsas que circulan sobre el cáncer es su incurabilidad. Hoy, la mitad de los enfermos oncológicos tienen cura. Y entre los que no, un importante porcentaje de ellos –si reciben a tiempo el tratamiento adecuado– pueden disfrutar de una buena calidad de vida.
Los éxitos de la medicina no impiden la abundacia de ofertas mágicas. Algunas son eficaces muletas mentales: no son caras, no dañan y pueden mejorar el ánimo del enfermo mientras descansa de la terapia. Otras ni siquiera eso: hacen perder tiempo, dinero y, a veces, causan daños directos. El más grave: suspender o postergar tratamientos de eficacia comprobada. Para el paciente o el familiar cercano es difícil sustraerse de las propuestas milagrosas que hacen con la mejor voluntad familiares, amigos o conocidos. Nunca falta el que recomienda alguna medicina alternativa o complementaria “inocua” que sanó o mejoró el estado de alguien. Estos consejos suelen ser acompañados por testimonios o anécdotas impactantes. Algunos aceptan hacer la prueba: “Total, peor es nada”. A veces eso es cierto. Las “opciones inocuas serias” pueden ayudar, como compensador psicológico, cuando el propio oncólogo suspendió el tratamiento: en ocasiones, sobre todo cuando la enfermedad ha avanzado, la quimioterapia puede ser más agresiva que la enfermedad. Un paliativo que ilusiona sin dañar no necesariamente está mal, puede contribuir a seguir tirando y completar un estado de bienestar. Pero atención: en esos momentos también es habitual entregarse a la impotencia y la desesperación. Lo cual conduce a tomar las decisiones equivocadas.
Ya le había dedicado una entrada anterior al “libro gordo del cáncer”, en realidad una obra en dos tomos titulada Introducción a la Oncología Clínica. Esta compilación a cargo de Adrián Huñiz, Daniel E. Alonso y Daniel E. Gómez (Ed. Universidad Nacional de Quilmes, 2009), es de esas joyas a precios duros de alcanzar pero de lectura indispensable para personas comprometidas con el tema. Desde que el segundo tomo se publicó, pedí permiso a los responsables de la editorial de la UNQ para difundir el artículo que escribí con el oncólogo Alejandro Turek, Terapias Alternativas en el Paciente con Cáncer (pp. 865-879).
La UNQ estuvo de acuerdo en la utilidad de que esta información circule ampliamente y me autorizó su publicación, lo cual hago ya mismo en Magia Crítica. ¡Muchas gracias!
Casi todos tenemos amigos o familiares con cáncer. Tenemos que estar unidos para vencer a esta enfermedad y sus secuelas. Las abundantes ofertas de medicinas no probadas, el fraude y el abuso de la credulidad no son temas menores en este contexto.
El capítulo íntegro en pdf se puede descagar desde aquí.

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