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Posts Tagged ‘X-Files’

Vaya uno a saber si se filmará alguna vez El Eternauta. Pero no es temerario asegurar que Oesterheld, si viviera, celebraría Sector 9. Neill Blomkamp, su director, rodó una película sobre extraterrestres distinta. Distinta porque es una invasión extraterrestre al revés. Sus temas son la soledad, la discriminación, el egoísmo, la xenofobia, la explotación, la desconfianza y también, un poco, el amor. El gran hallazgo de Blomkamp es su escalofriante realismo, sobre todo el de la primera parte: haberse desviado de la previsibilidad que caracteriza al género y trasladar su historia a un entorno cotidiano, que es la segregación y los prejuicios interraciales.

langostinoINMIGRANTES ILEGALES. Los humanos, en nombre de una corporación privada, la MNU, abordan el gigantesco platillo averiado que flota sobre Johannesburgo. Y son humanos los que abducen a los forasteros, una raza alienígena bastante ajena al estereotipo al que nos tiene acostumbrados el cine de ciencia ficción. Humanoides, pero parientes cercanos de los langostinos, parecen poco inteligentes y la nueva situación los encuentra débiles, enfermizos y desorientados. Mientras la MNU piensa qué hacer con ellos, los visitantes son refugiados en el Sector 9, un derruido campamento que evoca sin vueltas al apartheid sudafricano. La MNU afirma velar por su bienestar, pero en realidad pretenden apropiarse de su tecnología con fines bélicos. El botín es poco accesible: su arsenal sólo funcionan en contacto con el ADN extraterrestre, lo cual les lleva a despedazar a los visitantes en laboratorios que recuerdan a los del doctor Menguele.
Entre el documental y el thriller, el film se centra en el vía crucis de Wikus van der Merwe, un entusiasta burócrata de la corporación devenido en mutante: durante una requisa se pescó un virus que alteró su ADN, transformándolo en un hombre en evolución a langosta. Por su espeluznante metamorfosis (el rumor oficial murmura que lo contrajo al acostarse con una alienígena), la MNU lo presenta como un peligroso terrorista que ha traicionado a la Tierra. Y lo persigue sin respiro.

Wirkus“¡SAL DE AQUÍ, ALIENÍGENA DE MIERDA!” La dinámica del film crece en violencia cuando el director de la MNU le encarga a su yerno, el agente Wikus, hacerles firmar una orden de desalojo del Sector 9. Y el criminal trato humano que reciben los alienígenas se desata en toda su crudeza. Los buenos no son tan distintos de los malos: si bien Wikus comprende el dialecto eté de los langostinos y se diferencia del jefe militar por su perfil piadoso, también se pavonea frente a las omnipresentes cámaras por los “limpios procedimientos” que les permiten desintegrar a los huevos alienígenas (“hay que verlos, saltan como palomitas de maíz”). En la opresiva atmósfera que consigue Blomkamp se respira la xenofobia. Hasta la de los negros, cuyos bustos parlantes en los noticieros reclaman “mandarlos de vuelta” a su planeta. Wikus es la presa codiciada por la MNU, que se convierte en el eslabón perdido capaz de activar las armas extraterrestres. Las ambiciones de la multinacional compiten en el ghetto con una pandilla nigeriana que intercambia sexo y comida de gato –el plato preferido de los alienígenas- por tecnología. Despreciado por sus amigos y hasta por su esposa, el único lugar en el mundo donde Wikus encuentra refugio es en el Sector 9.
La idea para Sector 9 nació en Live in Joburg, un corto de Blomkamp más sucio y convincente, cargado con el mismo clima histérico de cámara portátil.

District-9MAGIA HÍBRIDA. La película tiene otros ingredientes: un líder de la cofradía nigeriana que pretende absorber el poder de los crustáceos alienígenas, una alianza de conveniencia que acaba en una extraña amistad y la singular paradoja según la cual los únicos que defienden los derechos de los langostinos interplanetarios son los organismos de derechos humanos. Si bien Sector 9 rompe con la pulcritud estética y otras convenciones propias del género, hacia el final el director derrapa en un giro näif que no desentona con su experiencia como creador de videojuegos. Entonces, Sector 9 se parece más a Robocop o Transformers que a la película que estuvimos viendo.
Por contraparte, Blomkamp consigue dar una vuelta de rosca a un tema clásico de la ficción sobre extraterrestres de las últimas décadas: el hibridaje terrícola-alienígena. Si en films y series como V Invasión Extraterrestre, X Files, Taken, Alien y Battlestar Galáctica la fusión de ADN terrícola-extraterrestre pretende la salvación colectiva, en Sector 9 el mismo ADN busca la salvación del protagonista. O consumar la peor pesadilla posible: crear la más poderosa arma de destrucción del universo.

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En 1999, el crítico cultural Mark Dery anunció que los desbordes de subversión minimalista que caracterizaron el fin del siglo XX eran un videoclip precognitivo del Tercer Milenio. Sus apuntes sobre el carnaval infernal -su manicomio pirotécnico– vaticinaban el tembladeral en que iba a entrar el mundo con los atentados en los EE.UU. el 11 de septiembre de 2001, en Madrid el 11 de marzo de 2004 y en Londres el 7 de julio de 2005 y la brutal respuesta de Bush y cía: los bombardeos a Afganistán, la invasión a Irak y la amenaza de guerra preventiva a toda aquella nación incapaz de interpretar la misión pacificadora de los cruzados del mundo libre.
Este nuevo perfil planetario activó un terremoto cultural que abrió paso no a una, sino a centenares de variantes de la Teoría de la Conspiración. ¿Cómo definirla? Es la ansiedad por buscar un orden en el caos. Hallar racionalidad allí donde no la hay (porque nunca la podría haber). El instinto por descubrir que todo tiene un significado oculto. Según la Teoría, los contornos del Bien están perfectamente delineados, claramente separados del Mal. “Que todos los cabos aparentemente sueltos de la historia –escribe Dery– están entretejidos en una oscura red cósmica”. Porque la verdad, se sabe, está allá afuera. “La teoría de la conspiración es al mismo tiempo un síntoma de la angustia milenaria y un remedio casero contra ella. Es una manifestación ectoplásmica de nuestra pérdida de fe en las autoridades de todo tipo y confirma nuestros peores temores de que la realidad oficial”. También es un hechizo mágico contra eso que abunda en la Era de la Información: los datos. Esos fragmentos de realidad que tanto cuesta hilvanar.

LA TEOLOGÍA DE LOS PARANOICOS
Hoy, Barack Obama emerge como una pálida sombra en un mundo caótico, agitado y febril. El panorama es perturbador y pocos parecen dispuestos a discutir los conflictos culturales que sobrevienen ahora, entre los desolados sobrevivientes.
Pero no todo está perdido. Hay gente que todavía se junta para conspirar de verdad.
Desde el 2 al 4 de abril, un tenebroso grupo de periodistas, artistas, activistas y ufólogos serán parte de un encuentro predestinado a convocar gente con gabardinas de cuellos altos, grabadores subrepticios y miradas de reojo. Allí muchos hablarán –y otros tantos presenciarán- conferencias sobre complots económicos, neorracismo, política-ficción, religión y tutti cuanti. La cueva donde se discutirán esos sórdidos asuntos -me informa uno de los panelistas, Vicente-Juan Ballester Olmos– será el Centro de Cultura Contemporánea Octubre, en Valencia, España.

FICHA DEL ENCUENTRO
Segundo Simposio Mundial sobre Teorías de la Conspiración.
Nombre clave: Spectra 09: Política y Conspiración.
Fechas: 2, 3 y 4 de abril de 2009
Temas de análisis: Política. Paranoia. Espacio Exterior. TV.
Organizadores: Octubre CCC y Mess/Age.
Lugar: Centro de Cultura Contemporánea Octubre, Calle Sant Ferran, 12, Valencia.
Web: http://www.spectra.cat/

La conferencia inaugural, a cargo de Javier Cavanilles (periodista de El Mundo, coautor de Los caras de Belmez, 2007), se consagrará a “La cara oscura de Obama”. Vicente-Juan Ballester Olmos, por su parte, distenderá a la audiencia con su charla “Fenómeno OVNI e ideas conspiranoicas”. Le seguirá una intervención de quien -se murmura- es el alma mater del encuentro, Mike Ibáñez, quien hablará de la televisión como territorio conspiranoico.
Durante la segunda jornada se proyectará “638 Ways To Kill Castro”, un documental dirigido por Dolan Cannell dedicado a reseñar los atentados fallidos contra el líder de la revolución cubana.
Encontré este trailer:

El novelista y decano del periodismo de investigación Mariano Sánchez Soler -autor, entre otros, del ensayo Simplemente fascistas– se referirá a la violencia skinhead neonazi en España y en el mundo.
Si los temas que el público enfrentará son polémicos, lo dicho hasta ahora es nada. Porque la piedra del escándalo será la proyección de “Fitna” (2008), el film del diputado holandés Geert Wilders que insufló -en pequeña escala- la Guerra de las Civilizaciones. La película (poco recomendable para corazones sensibles) intercala pasajes de suras del Corán con imágenes y artículos de prensa que describen escenas de violencia por parte de extremistas musulmanes. Wilders, que pretende demostrar que la cultura islámica instiga a odiar a quienes no sigan las enseñanzas del Corán, acaba de salir escaldado de Londres, a donde había llegado invitado por el derechista Partido Independiente del Reino Unido para presentar el film en la Cámara de los Lores.
En Spectra 09 también se proyectará “Mock Up On Mu” (2008), flamante icono del cine under de ciencia ficción paranoica de Craig Baldwin, el escritor inglés Ken Hollings dará la charla “Welcome to Mars” y el dúo italiano “My Cat Is An Alien” presentará el concierto “CosmiConspiracy”.
Durante la jornada de cierre habrá tiempo para una maratón de X-Files, performances en vivo de Djs y exhibiciones multimedia. Es probable que el sigiloso congreso estará en las noticias. Magia Crítica no le perderá pisada, especialmente porque abriga la ilusión de organizar un simposio similar en nuestro país. A propósito, entre las teorías conspiranoicas argentinas ¿cuáles son tus favoritas?

Enlaces
El manicomio pirotécnico: el sueño norteamericano en llamas.
Programa completo de Spektra 09
Geert Wilders regresa a Holanda tras negársele la entrada en el Reino Unido (12/2/09)

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Estuvo bien la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Los discursos siempre están bien. También está bueno criticar en un discurso discursos ajenos. “No es posible escuchar discursos de quienes parece que bajaron de un plato volador y aparecieron hoy en la República Argentina”, exhortó el pasado martes 11 de marzo en la inauguración de un hospital de ojos en Hurlingham, provincia de Buenos Aires. Por esos golpes de realismo mágico a los que nuestro país nos tiene acostumbrados, ese mismo día se cumplía un año exacto del inicio de la guerra gaucha. Y en menos de lo que canta un gallo, los amantes de los misterios –resueltos o sin resolver- celebraremos un año de la aparición del retrato presidencial sobre un rastrojo de soja cerca de Paraná, provincia de Entre Ríos. El enigma, del que se ocupó hasta la National Geographic, era modestísimo. Y duró poco. En mayo de 2008, un grupo de diseñadores y agrimensores dirigidos por Gonzalo Rodríguez, se atribuyó la obra. “Quisimos sintetizar el conflicto que atraviesa a los argentinos desde hace dos meses”, explicó Rodríguez sin parpadear y ante la mirada desconfiada de los ufólogos.

Según el film Señales, estos cerealogramas –unos extraños círculos que comenzaron a aparecer en los cultivos del sur de Inglaterra en los ochenta- eran algo así como anclas cósmicas que precedían a la invasión extraterrestre. Que años después -ugh- acabó siendo una maquiavélica idea que se le ocurrió a dos campeones del arte efímero.
Tampoco están lejos los tiempos en que un gurú chileno, Carlos Warter, llegó al país y dijo: “Los que somos extraterrestres, conscientes de lo cósmico… ¿qué les está diciendo nuestro agente Menem? Les dice: miren la realidad del otro lado. No es un político tradicional. No, es un agente. Lo pusimos acá para que haga una transformación”. O cuando trascendió que Alberto Rodríguez Saa, en una nota que el gobernador de San Luis desmintió tiempo después, estaba en contacto con seres del ignoto planeta Xilium. “La Argentina es un país bendito”, sostenía don Pedro Romaniuk. Bendito y generoso, agregamos.
Para algunos, no hay que ver más allá de lo evidente. La presidenta hizo alusión a los dirigentes del campo. O al exabrupto de Susana Giménez, cuando llamó a “matar a los que matan” y “acabar con esa estupidez de los derechos humanos”. O a los políticos de la oposición. Pero Cristina no dio nombres. Entonces, los que fuimos ufólogos y tenemos la piel curtida en encubrimientos cósmicos, sabemos que estos comentarios no son casuales. ¿Acaso una raza extraterrestre se ha infiltrado entre los argentinos? ¿Estamos ante una inminente revelación?
Si el cerebro presidencial incuba la decisión de liberar información clasificada, este es su momento. Queremos conocer los nombres. Magia Crítica quiere saber quiénes bajaron de un plato volador. Los argentinos tenemos derecho a saber.

Enlaces
Cristina contra la invasión extraterrestre
Discurso de Cristina Fernández de Kirchner
National Geographic News
Cristina en el campo
Todo el poder a ET

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