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Posts Tagged ‘Ronald Reagan’

Vean esta imagen de Michael. Todavía era joven, negro y tenía el pelo mota. Posa al lado de E.T., el extraterrestre que tenía miedo, estaba solo y perdido, a tres millones de años luz de su casa. La película E.T., El extraterrestre (S. Spielberg, 1982) fue un espejo donde se reflejó Jackson. Michael Luckman, en su libro Alien Rock: The Rock ‘n’ Roll Extraterrestrial Connection (2005), cuenta que Michael vio el film cientos de veces, también con los niños con los que compartía sus días en Neverland.
Hay una lectura muy oportuna sobre E.T., o lo que esa película representó para la cultura popular norteamericana. Por esos años, a contramano de la devoción universal, el escritor Ariel Dorfman no se mostró embelesado con el mostrenco. La criatura -cruza de tortuga, insecto y feto- “no es un ser absolutamente raro, no significa para el público un verdadero desafío ni exige un ajuste a fondo de sus percepciones o costumbres como un auténtico ser extraterrestre probablemente lo haría”. Para Dorfman, su cabezota y sus ojazos “son rasgos típicamente infantiles y tienen por objeto provocar la automática adhesión de nuestra raza, el deseo de proteger y acariciar al pequeño”. Con todo, el autor de Para leer el Pato Donald (1971) rescató al film porque propuso “tolerar a seres que no son idénticos a nosotros” (¿cómo le iba a restar ese mérito en tiempos de Reagan?). Dorfman destacó que el personaje poseía la inteligencia de un recién nacido “al que se le debe enseñar todo” y admitía -para terminar- que los norteamericanos habían adoptado a E.T. “como se adopta a tantos huérfanos del Tercer Mundo” (1).

¿ALGO MÁS EN COMÚN? Michael Jackson amaba a E.T. Refrendó su amor con los $ 200.000 dólares que pagó por una pintura al óleo donde pidió que lo representaran entre quienes consideraba sus pares: Albert Einstein, George Washington, Abraham Lincoln, la Mona Lisa y E.T. El cuadro (próceres e iconos usaban los mismos guantes y gafas que el Rey del Pop) estaba entre sus más preciadas posesiones en subasta cuando se declaró en quiebra.
La identificación con aquella criatura infantil y solitaria que sólo podía ser comprendida por otros niños pudo haber ido más lejos. Durante sus años en Neverland -rodeado de chicos a quienes, como él mismo reconoció, invitaba a su cama- Jackson soñó construir un platillopuerto donde filmar el primer aterrizaje extraterrestre y manifestó a sus íntimos la creencia -revelada al mismo Luckman y a su amiga Elizabeth Taylor- según la cual él mismo era originario de otro mundo.
Sus arreglos faciales, su impresionante nariz de gnomo cósmico y su vocación por someterse a tratamientos que supuestamente le permitirían ser “más blanco que los blancos” persistirán en el imaginario colectivo. Esos ajustes fisonómicos tuvieron que ver, sin duda, con cierta tensión por trascender su prisión racial. Pero ¿era un “negro vendido”, como alegaban sus críticos? Vamos a ver.

TERRÍCOLA RENEGAU. Jackson suscitaba el fervor de sus fans por sus talentosas performances musicales. Antes de 2005 -cuando comenzó el juicio por pedofilia, cargo del que fue absuelto- irritaba a sus no fans por su presunta condición de “negro renegado”.
La valoración de los norteamericanos blancos hacia el artista pasaba, inevitablemente, por un filtro racial. Eran la cadencia de su voz y su ritmo “típicamente afrobrasileño” las aptitudes que se imponían entre sus admiradores. Alejandro Frigerio señaló que -por más empeño que pusiera él, y sus millones invertidos en cirugías-, Jackson no podía ser sino negro. “Su osadía -escribe Frigerio, en una nota que aconsejo leer completa– fue su intento de quebrar barreras raciales”. Era su intención de “blanquearse” lo que indignaba. “No señor, eso no se puede”, ironiza el antropólogo. ¿Ser negro? ¿Ser blanco? “Son dos estados diferentes del ser”. Frigerio postula que el trabajo que hizo en su cuerpo el artista fue una iniciativa algo más compleja que “cambiar de color”. Y recuerda el tema donde Jackson cantaba: “No quiero pasar el resto de mi vida siendo un color”. Michael -interpreta Frigerio- “no quiso que su vida fuera definida solamente por su color” (2).
Quién sabe si además fue a buscar otras tonalidades a su planeta natal, al que imaginaba como “una caprichosa anomalía en el océano sideral”.
No, la verdad es que no debió resultar fácil ser Michael Jackson.

Notas
1) Dorfman, Ariel; Como se adopta a un huérfano, en Clarín, 5/05/83.
2) Frigerio, Alejandro; “Moonwalker”. En Afroamericanas, 26/06/09.

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La penúltima vez que oí hablar del retorno de V, Invasión Extraterrestre (1983-1985) fue hace cosa de un año. Su creador, Kenneth Johnson, se refirió a los preparativos de una película basada en la novela V Segunda Generación, secuela de la primera miniserie. Planteada como continuación y no como remake, el plan incluía rescatar al elenco original de la serie. Pero quedó en la nada.

Debí andar muy distraído, porque recién ayer, hojeando el blog de Maximiliano Poter en la Rolling Stone, me enteré que la nueva versión de la mítica miniserie está por estrenarse en los Estados Unidos. Serán cuatro temporadas de trece capítulos cada una que emitirá la cadena ABC. El colmo del nuevo programa sería que quedase inconcluso: eso fue lo que pasó en 1985, cuando la serie se canceló sin preaviso y obviamente sin final.

La historia de la resistencia encabezada por el camarógrafo Michael Donovan y la doctora Juliet Parish contra la flota invasora de Sirio marcó a toda una generación de adolescentes que hoy son cuarentones o treintañeros memoriosos. Hay escenas bien ancladas en la cultura pop, como el día en que Juliet desenmascaró ante millones de televidentes al comandante reptiliano, un papelón que los humanos serviles defendieron como un montaje para desacreditar a los buenos alienígenas.

No creo equivocarme si afirmo que “V” también contribuyó a inyectar adrenalina y ansias de rebelión tras la sangrienta tradición de dictaduras militares que asoló América Latina y los duros tiempos (luego sabríamos que podían ser mucho más duros) de la presidencia de Ronald Reagan en los Estados Unidos.

“V” trazaba un explícito paralelismo con el nazismo, aunque los invasores fingieran bonhomía, la base de su dieta fueran ratas y sus planes de conquista incluyeran procesar, elaborar y exportar a su planeta carne humana. También recuerdo sentimientos ambivalentes. Ellos nos necesitaban para sobrevivir y nosotros éramos otro eslabón de la cadena alimentaria, en un rincón perdido de la galaxia.

¿Cómo olvidar a la abominable/hermosa Diana transformando su delicada boca en bocaza para deglutirse un enorme roedor? El paso del tiempo dio a la saga un giro enternecedor. Ejemplo: hoy, la actriz Jane Badler publicita ositos de peluche vestidos con el uniforme de los visitantes.

LOS REPTILES NUNCA SE FUERON
Pero ya no veremos a aquella Diana (Badler) ni a Donovan (Marc Singer) en la serie producida por Scott Peters, creador de Los 4400. La remake, protagonizada por Elizabeth Mitchell (Lost) y Joel Gretsch (Taken, Los 4400), promete un despliegue de efectos visuales que no tuvo la miniserie de los ochenta.

De “V”, la primera generación, pasaron casi veinticinco años. ¿Qué sucedió desde entonces? Varias cosas. Los visitantes que convencieron a parte de la humanidad que habían llegado en son de paz y prometían compartir sus conocimientos tecnológicos reaparecieron, pero no ya como ficción sino en el mundo real. Esas criaturas inverosímiles –sus delicadas máscaras humanas jamás podían cubrir sus repulsivos rasgos reptilianos- revivieron en la subcultura ufológica de los noventa con la aparición en escena del ex futbolista inglés, y vocero del Partido Verde, David Icke. En libros, conferencias y shows televisivos, Icke denunció que una raza reptiloide sedienta de sangre humana había usurpado el cuerpo de los líderes más poderosos de la Tierra. Pero a la identidad de los invasores ya no era traicionada por sus meñiques erectos sino por cierto destello en sus ojos, que delataba el iris elíptico de los reptiles.

Probablemente, el primer reptoide humanizado surgió de la escultura que creó en 1982 paleontólogo Dale Russell cuando un museo le pidió que imaginara cuál podría haber sido el aspecto del Troodon (o Stenonychosaurus) si hubiese seguido evolucionando, una idea que ya había propuesto Carl Sagan en Los dragones del edén (1977). (*)

Por otro lado, el concepto de alianza entre fuerzas alienígenas enemigas y el poder militar vivió su edad de oro poco antes del auge reptiliano. En 1987 -año de regreso triunfal del caso Roswell, en Nuevo México- se conocieron varios documentos falsos (conocidos como MJ-12) que impusieron el rumor según el cual el gobierno de los Estados Unidos había sellado un siniestro pacto con unas Entidades Biológicas Extraterrestres (EBE’s) procedentes de la constelación Zeta Reticuli. En 1988, un libro de circulación casi clandestina, The Matrix, escrito por un tal Valdemar Valerian, y un documental televisivo, UFO’s Cover-Up Live!, difundieron que los visitantes mutilaban ganado, secuestraban ciudadanos y violaban abducidas para crear una nueva raza híbrida. En fin, cómo olvidar la belleza de Elizabeth, la joven nacida de la mística cópula entre un reptil y una militante de la resistencia. Esta pequeña híbrida fue la predecesora directa de Allie Keys, la niña cósmica protagonizada por Dakota Fanning en Taken (2002).

En suma: todas las ideas que florecieron con el relanzamiento del misterio Roswell y el reverdecer paranoico promovido por Icke y otros anti-lagartos, ya estaban en “V”, la serie cuyo retorno ahora celebramos. Con las salvedades expuestas, claro.

(*) Kottmeyer, Martin (2003); “Reptoid Fever” en The REALL News, Vol. 11, Nº 1. Descargar pdf.

(**) Más detalles sobre la evolución de la más escamosa raza alienígena en el capítulo “Si ves una vaca volar, creéme” en Invasores, historias reales de extraterrestres en la Argentina (Editorial Sudamericana, 2009).

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