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Supongo que la situación justifica la autorreferencialidad: entrevista al autor de Magia Crítica en Fuera de Sector (con Ariel Valeri y Mario Redrado) en LR11 Radio Universidad Nacional de La Plata. Lunes 15 de marzo de 2010, FM 107.5. Para escuchar, pinchar el casete o acá. Duración: 13:20. Otros tantos minutos estuvo el viernes 19 en el espacio radial mendocino ¡Que Te Recontra! con Pablito Lozano, Beto Sabattini y Carlos Daniel Postizzi.

Notas por el estilo:

“El Lado B de los blogs periodísticos”, dice de Magia Crítica Radio Universidad.

Entrevista de Hernán Restrepo y Juan P. Calvas en Radio Nacional de Colombia (sobre el Mago Yin).

Entrevista de Carlos Del Frade. Radio Universidad de Rosario, sobre Invasores.

Entrevista de David Benito en La Zona Oculta (España), sobre Invasores.

Entrevista de Yohanan Díaz Vargas en Antena Cero (México), sobre Invasores.

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El pasado lunes 8 de marzo, Magia Crítica desapareció de su soporte natural (el medio que me lo encargó, Crítica de la Argentina). ¿Cuál fue el detonante? Tuve la indecencia de preguntar a Nerina Sturgeon, jefa de la edición digital del diario, si “contaba con ella” para influir en la gerencia de la empresa, Papel 2.0, para recuperar el sueldo que solía pagarme por hacer esta tarea.

Su respuesta fue inmediata. Digo más: tal vez, nunca recibí de su parte una respuesta tan veloz: ni Fumanchú hubiese desmaterializado un blog con la misma celeridad. Delete, ¡pum!, y a otra cosa: no hay mejor muerto que el privado de decir sus últimas palabras.

Me resulta imposible saber si, cuando borró Magia Crítica del Directorio de Blogs de Crítica de la Argentina, Sturgeon se sintió poderosa. Pero sé que eliminar de un plumazo un reclamo fastidioso causa placer entre ciertos espíritus morbosos, que disfrutan de unas facultades absolutamente temporarias y susceptibles de renovación, como lo son los puestos jerárquicos en los medios periodísticos.
Quienes trabajan en Internet saben que la memoria de la red también es poderosa. Desde hoy, Sturgeon cargará con el estigma de haber liquidado sin contemplaciones un blog del diario porque consideró “pseudoamenazante” un modesto reclamo salarial.

En estas circunstancias sería mucho más fácil y espontáneo para mí soltar a los diablitos que se me amontonan en la punta de la lengua. Pero si lo hiciera, quebraría la línea que mantuve desde diciembre de 2008, cuando comencé a hacer Magia Crítica.

Desde luego, moderar calificativos hacia unos no me exime de expresar mis propios sentimientos. Voy a mencionar uno: sentirme ultrajado cuando fui privado de la posibilidad de despedirme de los lectores del blog.
Hasta el sentenciado frente al pelotón de fusilamiento tiene derecho a un último deseo.
Sturgeon ni siquiera me permitió decir chau.
Por suerte, los 171 artículos generados a lo largo de 14 meses de trabajo están a salvo: Max Seifert, un amigo ajeno al diario, los acaba de rescatar en este blog.

LA TRASTIENDA. Si alguien quiere conocer más detalles, sólo puedo prometer una tediosa crónica sobre pequeñas miserias humanas. Trataré de ser sintético: dejé de recibir mi sueldo en septiembre de 2009. El despido fue por mail. En aquel texto, Sturgeon anunciaba que desde octubre “el sistema pago” no corría más para aquellos blogs que no recibían una X cantidad de visitas.
Para entonces, habían pasado nueve meses del inicio de Magia Crítica. Ya había publicado más de medio centenar de notas, suficientes para resguardar mis derechos indemnizatorios. Para el Estatuto del Periodista, yo, como colaborador, soy parte (olvidada, minimizada, patadoculeada, pero parte al fin) de la redacción de Crítica Digital.
En ese momento elegí no invocar mis derechos. Creí que así iba a defender a un blog que me encantaba hacer. Pero también sentí una enorme curiosidad por saber cómo continuaba la historia: haber recibido un “telegrama de despido virtual” era para mí toda una novedad.
Interesado en cómo seguía el asunto, le pedí a Sturgeon una reunión. Tras largas dilaciones me recibió. La situación le resultaba incómoda y se le notaba. Me informó que la empresa se reservaba el derecho de decidir cuál blog seguía y cuál no y Magia Crítica estaba entre los que no.
“¿Y entonces?”, dije. “Y entonces nada, si te sirve quedarte, quedate, pero desde octubre no recibimos más facturas tuyas”.
Trabajar gratis no estuvo entre mis planes. Nunca iba a aceptar, nunca acepté, tales condiciones. Por eso le pedí independencia para administrar el blog, la disponibilidad técnica para añadir banners publicitarios o, llegado el caso, la posibilidad de irme con el blog a otra parte. Semanas después en la empresa se desató un largo conflicto: éramos decenas los colaboradores sin cobrar.  El desprecio patronal por el sector más débil empezó a patear a los trabajadores. Unos perdieron por cansancio, otros siguen luchando. Parte de esa legión de desclasados, participé en los intentos por hacer reaccionar a la empresa:  financiar la salida de un diario en base al hambre o el endeudamiento de quienes lo hacen remonta a sus gerentes a las nubes de la canallada.
Mientras mi pedido no era escuchado, yo seguí mi rutina actualizando Magia Crítica.
Papel 2.0, por su parte, siguió agregando avisos de los anunciantes del diario.

EL CUCO DE LOS BLOGGERS.
Pese a que los salarios atrasados ni las respuestas llegaban, me distrajo la ilusión de suponer que Magia Crítica había pasado a ser un “mal necesario”. De hecho, era uno de los pocos blogs del diario que se actualizaba hasta tres veces por semana y no parecía que lo hubiesen “tolerado”, ya que sus titulares comenzaron a aparecer con frecuencia en la home del diario. Durante ese lapso hice lo posible por olvidar una larga tradición de maltrato, mentiras e indiferencia.

Pero no, resulta que Sturgeon creyó que yo estaba dispuesto a trabajar gratis para la empresa que -sin ser accionista- defiende a pisotones.

(Y abro aquí un paréntesis: en una nota publicada en Crítica de la Argentina el 11 de octubre de 2009, El cuco del periodismo digital, Sturgeon parecía lamentar que “las redacciones digitales son el desván de las grandes redacciones”, las cuales “suelen ser vistas como el mal necesario que llegó de la mano de la expansión de las nuevas economías y tecnologías”. Según esa escuela de pensamiento, ¿qué vendrían a ser los blogs de los medios digitales? ¿El baño de servicio? En la misma nota, Sturgeon cita a Washington Uranga, ex director de la Maestría de Periodismo de la UBA, quien en un foro exigió un análisis sobre “el proceso de precarización de las condiciones laborales de los periodistas, en particular aquellos que participan en medios digitales”. Es llamativo comprobar cómo la discontinuidad entre lo que se dice y lo que se hace malogra el prestigio de colegas que hubiesen hecho mejor negocio cerrando el pico.)

Algunos medios en papel –los grandes y, como se advierte, también los que están en vías de extinción- han inventado la modalidad según la cual se permiten incorporar periodistas para escribir blogs temáticos sin costo. “Es una vidriera para mostrar tu trabajo”, pretenden.

Los editores que reclutan mano de obra gratuita para generar contenido han dejado de ser periodistas. El empresario más negrero sabe que hasta los pasantes deben ser remunerados. Y la piolada de los serviles paga con el repudio de quienes fueron sus compañeros.

CRÍTICA MAYA. También podría hablar un buen rato de la precarización del blogger periodístico, pero podría agregar mucho más sobre la insensibilidad, la mediocridad y las agachadas de los editores que se creen campeones del profesionalismo desgraciándose en las conquistas gremiales de los periodistas. Que para más Inri asumen con torpeza la urgencia de ganar lectores a cualquier precio.

Es que, para toda una generación de alcornoques, la vara del “nuevo periodismo” parece ser el Google Analytics.

Mención aparte merecen los dispositivos contadores de visitas que sólo pueden ser monitoreados por los editores -y excepcionalmente por los autores-. Como muchos saben, hace muchos años que la UTPBA es una burocracia impávida frente a la destrucción de los puestos de trabajo. Si los trabajadores de prensa tuvieramos quienes nos defendieran, este recurso tecnológico introduce una variante nada considerada por quienes deberían vigilar los atropellos que cometen las empresas periodísticas y sus disciplinados amanuenses. Para ellos, noticias, titulares e imágenes son mera mercancía. El único horizonte en sus agendas es negociar con masas o masitas de lectores a quienes consideran cotos de caza (en las reuniones de sumario los deben llamar target cautivo). En suma, que la disposición de una empresa periodística a pagar por una tarea dependa del número de lectores menoscaba y degrada a la tarea del comunicador. Ningún periodista comprometido con su oficio debería ser despedido porque sus notas reciben “pocas visitas”. Y si lo es, a hacerse cargo. La excomunión del “redactor poco leído” tampoco figura en los códigos de ética periodística.

Por lo demás, los editores mimetizados con las empresas deberían recordar que existe algo llamado período de prueba: si durante ese lapso el contratista “olvida” quitarse un clavo de encima, no les queda otra que afrontar sus responsabilidades cuando “descubren” tarde que el rendimiento de ciertos trabajadores es insuficiente.

La afluencia de seguidores de Magia Crítica sin duda no reventaba los servidores. La empresa podría haber invitado a su autor a cuarteles de invierno: “prueba no superada”. Tuvo tiempo para hacerlo y no lo hizo. ¿Qué gana pisoteando nuestros derechos? Solamente tiempo.

Termino con una apelación al respeto intelectual por el lector que imagino de un diario como el que cobijó a mi blog.

Algunos medios eligen contenidos que, si bien no generan tanto rating, buscan lectores curiosos y exigentes. En suma, lectores que esperan un tratamiento crítico de la realidad.
Otros medios buscan aficionados al Calendario Maya.
Me pregunto si los fundadores de Crítica de la Argentina tuvieron en mente a ese tipo de lectores cuando bautizaron al diario “Crítica”.

Gracias a los que me siguieron hasta acá. Volveremos.

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Sandro (caricatura  de Alale)Roberto Sánchez, el gran Sandro, murió anoche. Hasta ahora, Magia Crítica no se detuvo ante los difuntos célebres (a menos que resulten canonizados, como pasó con Raúl Alfonsín, o cuando el finado fue Fernando Peña, un compañero de blog). Y no, la verdad es que sobre Sandro no tengo gran cosa para decir que competa a la temática de este blog: su vida pendió de un hilo durante demasiado tiempo, el suficiente como para dejar sin aire a los tejedores de conspiraciones; tampoco hay necesidad de salir en defensa del supuesto fracaso del “milagro médico” (un oxímoron, la medicina no es milagrosa). Aunque esa clase de chistes pueden fallar (ya pasó con Michael Jackson), todavía nadie denunció su primera reaparición fantasmal.
Pero un argentino muy querido murió y quiero decir tres o cuatro cosas sobre el tema.

* Como cada vez que se va un personaje admirado y popular, la televisión saturó la pantalla con horas de transmisión en vivo y dejó en claro que su única misión fue mantener el tema a flote a cualquier precio. Rezo a Betrand Russell para que esta serpiente de verano dure poco. Pero es inútil rezar a Russell.

* Ante las pérdidas sentidas, las almas tristes precisan silencio y calma. Y anoche el ruido fue excesivo. Ninguna pena justifica tanto bochinche. Astros, estrellas y entenados parlotearon sobre “el amigo” Sandro. Con lo difícil que es hablar sobre el amigo que acaba de morir, desfilaron las lenguas de todas las Susanas, Mirtas y Guillermos Blanc del país.

* Tras la noticia de su muerte, anoche no había mucho más que informar. Salvo buscar en su mansión de Banfield vecinos cogoteando por su minuto de fama, era evidente que la televisión no tenía nada que hacer allí.

De Sandro siempre me atrajo más su voz y el personaje que sus canciones. Pero tuvo un carisma que hubiese sido la envidia de cualquier gurú. Ya en la sonrisa se notaba que era un gran tipo. El amigo soñado con quien compartir unos vinitos. Yo no lo conocí, pero mi amigo, el periodista y fan Daniel Riera, sí. Dany, por si alguien no lo sabe, es de esos tipos capaces de escribir una gran historia a partir de un par de anécdotas indefectiblemente reveladoras. Eso hizo hace días en la revista colombiana Soho. Vale la pena leerla para conocer mejor a Sandro y el vínculo con sus fans.

ROMPAN TODO. Mi homenaje al cantor fue llamar a Dany, por si necesitaba consuelo. Estaba triste y solo en su casa de Banfield. Pese a vivir a diez cuadras del fortín de Sandro, tuvo que juntar coraje para ir a despedirse. Hablamos del día en que a Clarín se le filtró el suplemento que iba a publicar cuando el artista falleciera, una práctica espantosamente naturalizada (y hasta defendida) en las redacciones. Enseguida, Daniel dejó asentada la siguiente comprobación: si alguien creyó que –tras el papelón- el diario de Ernestina Herrera de Noble iba a encargar de vuelta o reescribir esas notas por el honor o para contagiar al texto con una pizca de sensibilidad, se equivocó y mucho.
Ayer, Clarín publicó los artículos conocidos. El indicio: Sandro murió anoche y anoche el diario escribió ayer. “Má si, total, ¿cuántos se van a avivar?”, habrá pensado el editor.
Mientras quienes tanto lo quisieron lloraban, Clarín le regaló rosas podridas al Maestro.

Posdata: En su blog Malas Palabras, Diego Rottman hace una minuciosa comparación entre la necrológica que se le escapó a Clarín mientras Sandro vivía y la edición maquillada de hoy. Ver Sandro, la única persona a la que Clarín le dedicó dos obituarios.

Crédito: La caricatura procede de Trazando.

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Las noticias ahora corren a velocidad de espam y nadie quiere quedar rezagado. Un hombre dijo que se le escapó un globo tripulado por su hijo de seis años y logró que infinidad de medios se interesaran por su falsa historia. El padre era un excéntrico que quería hacerse rico y famoso para salvar a su familia del fin del mundo. Terra inventó una invasión de ovnis en Galicia para promover su portal. Una compañía telefónica en Letonia difundió el video de un meteoro y fabricó un cráter para vender más teléfonos móviles. Hace unos meses, una serie de falsos documentales colaron en la realidad social argentina –con la complicidad rentada de varios programas de televisión- para decir que un futbolista, Javier Mascherano, tenía un motor Fiat implantado en el cuerpo. El mensaje de una modesta página web se instaló en la prensa y generó otro fenómeno social apócrifo, This Man.

VER SLIDESHOW

El sitio dice que una cara, siempre la misma cara, aparece en los sueños de pacientes psiquiátricos en distintas partes del mundo. El creador del sitio, Andrea Natella, resultó ser discípulo del extinto colectivo Luther Blissett, un grupo de hacktivistas italianos que propagaba noticias sobre sucesos inexistentes para denunciar la verdadera farsa, que es el concepto de realidad que venden los medios.
El objetivo de Natella no suena tan altruista: al parecer, pretende posicionar a Guerriglia Marketing, una empresa que promete “obtener el máximo de visibilidad con un mínimo de inversión”.

The Blair With ProjectEFECTO CHAPULÍN COLORADO. El mercado devora la realidad y casi nadie zafa. La prensa que hace de la falta de rigor una fiesta cae en su propia trampa. Poderosos medios compraron con voracidad la historia del globo perdido con el nene adentro. Otros tantos –con la bendición de ciertos ufólogos- se tragaron el plato gallego. Varios científicos asomaron sus bustos parlantes en los noticieros para pontificar sobre el meteorito que nunca había caído. ¿El bluf es tendencia? No. Desde la caminata sobre el agua de Cristo hasta la muñecopsia de Roswell pululan las falsas noticias. Internet ahora facilita su expansión, pero la radio y el cine cantaron primero. Se acaban de cumplir diez años del estreno de The Blair Witch Project (D. Myric y E. Sanchez, 1999). Fue una película de bajísimo presupuesto que desbancó a superproducciones mediante una astuta estrategia de marketing viral. Hicieron creer que el film iba a contar una historia de terror real. Ahora es un truco trillado, pero había que jugarse cuando los conectados éramos tan pocos.
Entre ciertos lechuginos, el efecto de estas historias -el nene en el globo, el tipo que aparece en sueños, el jugador con un motor turbodiesel en el estómago o el falso cráter de meteorito- recuerda a las veleidades del Chapulín Colorado: “Lo sospeché desde un principio”, dicen. Cuando se devela el truco, todos somos genios. Que nadie se autoengañe: los medios las publican porque son mercancías valiosas. ¿Son sapos o lo parecen? Me ne frega, deben pensar. Mañana pasamos a otro tema.

La autopsia de un ETSABOTAJES INSTRUCTIVOS. Las diferencias de algunas de estas historias con el fraude a secas caen de maduras: tras tomarte el pelo, te cuentan cómo lo hicieron. Así nos reímos todos.
Al parecer, el engaño a corto plazo es virtuoso. Tiene glam. No sólo hay show: mostrar la trastienda del montaje es parte del show.
El ardid de generar campañas de misterio tiene sus años. Sin ir tan lejos, se cumplen 71 desde la celebérrima emisión radiofónica de Orson Wells. Parece que fue hace un siglo, pero en 1995 causó furor la autopsia de Roswell, el pseudo documental del extraterrestre descuartizado que vendió por bueno el productor Ray Santilli. Diez años después, el mismo Santilli produjo una comedia basada en el fraude (Alien Autopsy, J. Campbell, 2006). Pero tanto su cara de piedra como sus pretextos se caían a pedazos. Santilli llegó tarde. Quiso pasarse de listo.
Algunos invocan a una moraleja de Esopo, El Pastor y el Lobo: creen que la proliferación de engaños con fines propagandísticos puede volver al público incapaz de diferenciar la realidad pura y dura (si llegase a existir cosa así) de realidades inventadas. Para otros, estos engaños –seguidos de su explicación- enseñan a captar un matiz básico del mundo contemporáneo: la industria de los medios -atascada en la pelotudez frivolidad- propicia la circulación de gloriosas patrañas. En 2004, Luis Alfonso Gámez, creador del Proyecto Magonia, anunció la inminente fabricación de falsos platos voladores para que los participantes de una jornada de observación nocturna de naves extraterrestres mantuvieran la guardia alta. Nadie participó en el Proyecto, pero los promotores de la “Alerta Ovni” estaban enardecidos. Magonia proporcionó un ejemplo de fraude (en realidad, amenaza de fraude) instructivo, una modesta contribución a aguzar el escepticismo de la población.
Silo¿QUIÉN ES ESTE TIPO? Hay quienes minimizan el potencial de estas cruzadas. En los sesenta, los simpatizantes de Mario Rodríguez Cobos, el gurú de Punta de Vacas, pusieron inodoros en la calle para llamar a la gente a votar en blanco y salieron a dibujar en las paredes la consigna “Silo vence”. En los ochenta, su grupo reclutó tropa suficiente para impulsar el servicio militar optativo. En 1994, el crimen del soldado Carrasco precipitó la suspensión de la ley. Por pesado que Silo caiga, no cuesta pensar que sus seguidores contribuyeron a crear el estado de opinión que favoreció la medida. En 2002, el surrealista show raeliano -el falso anuncio de la bebé clonada- fue parte sustancial del debate político-científico que siguió sobre la clonación humana (que arde desde que la justicia de surcoreana condenó por fraude al ex héroe asiático de la clonación, Hwang Woo-suk).
Estos precedentes sugieren poner atención a cualquiera que se atreva a pedir lo imposible. O lo que parece imposible. Hace poco, el escritor argentino Martín Caparrós propuso acabar con las Fuerzas Armadas. ¿Y por qué no? ¿Esto no es la Argentina, acaso?
Muchos periodistas guardamos algún fiasco con moraleja en el ropero. En el Día de los Santos Inocentes de 2005 difundí una (falsa) primicia: a partir de un sueño, se me ocurrió trucar una noticia, según la cual un devoto le había arrancado la peluca a Sai Baba. Envié el texto a varias listas de correo de aficionados a lo paranormal, creyentes y escépticos. El mail circuló rápido. Admití al otro día que era una broma y publiqué los resultados del experimento en la revista Pensar, pero aún así el Equipo de Difusión del Consejo Central de la Organización Sri Sathya Sai Baba de Buenos Aires salió a desmentir el brulote. No se dieron cuenta que mi modesta prueba había revelado que los prejuicios salpicaron parejo: escépticos y creyentes no sólo consideraron plausible que Baba usara un postizo sino que un disidente colérico dejara al avatar con la calva al aire.
Me acordé de aquella inocentada cuando ví la cara de This Man y la falsa noticia de miles de pacientes obsesionados, prisioneros de un retrato. Bien podría ser Sai Baba sin peluca. Los devotos también juran que se les aparece en sueños.

Enlaces

¿Has soñado con este hombre? Descargar afiche en español de This Man, en PDF.

El día que le arrancaron la peluca a Sai Baba Descargar artículo completo, en PDF.

Agradecimiento

A mi hermano Javier Agostinelli, por el montaje digital de This Man y Sai Baba.

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