Todavía seguía contentísimo por el recibimiento en Mendoza de Invasores. Varias entrevistas televisivas y radiales, la portada del suplemento espectáculos del diario Los Andes para una excelente nota de la colega Mariana Guzzante (ya traducida al inglés por Scott Corrales) y otra entrevista de Fernando Toledo en el Diario Uno. Pero, sobre todo, estaba feliz por celebrar el reencuentro con viejos y nuevos amigos: mis anfitriones de la Revista PPP (Pablito Lozano, Romina Cuqui, Beto Sabattini y Daniel Postizzi), el pastor-científico Fernando Saraví, mi madrina de la vida, Susana Tampieri, el amigazo Miguel Títiro y su esposa Ana, y el músico Rodo Castagnolo, la mejor herencia que recibí en vida de Nacho Cabria. Todos ellos, el domingo 31, estuvieron en la cantina Los Dos Amigos para escuchar la historia de Juan Carlos Peccinetti y Fernando Villegas, entre otras del libro. Los empleados del Casino de Mendoza, protagonistas de Mensaje de Ganímedes, sexto capítulo de Invasores, al final no vinieron. Me dieron razones atendibles. “Otra vez será”, dijo Peccinetti, quien acusó enfermedad. Villegas tenía mal a su mujer. Tras leer las entrevistas del domingo, me llamó para agradecer y acotó: “Eppur si muove”. Tampoco dio señales de vida Victorio Corradi, ufólogo oficial de la tierra del sol y del buen ovni. Sí vino el principal investigador del caso, el vicecomodoro retirado Luis Cunietti. El militar, cuando era teniente de la Fuerza Aérea Argentina, realizó una completa pesquisa a pedido de la Junta de Seguridad Aérea. Tras refrescar las conclusiones a las que llegó en su época, se perdió en recuerdos más bien humorísticos sobre sus persecuciones aéreas a unos enanitos verdes, como apoda la cultura menduca a los marcianos, cualquiera sea su raza o linaje. Un público participativo y atento coronó esa formidable noche.
FINAL DE UNA HISTORIA DE AMOR EXTRATERRESTRE
Pero la alegría es un don efímero. No bien pisé Buenos Aires recibí el llamado de Liliana Murga, hija de Martha Green, protagonista de Corazón partío, el capítulo que cierra mi libro sobre extraterrestres en la Argentina. Por si no leíste Invasores, esa mujer preciosa que ves en la foto me reveló que sus encuentros clandestinos con Enis, un científico procedente del planeta Ozonis, comenzaron cuando ella tenía treinta y tres años. En 1956, Martha seguía casada con Miguel Angel Murga, un militar peronista cuya carrera truncó la dictadura del general Pedro Eugenio Aramburu. Enis llevó a Martha a Ozonis y la invitó a quedarse. Declinó la oferta: amaba demasiado a su marido y a su hija Liliana, de apenas un año. Tras su primer y único parto, una enfermedad congénita le impidió traer más hijos al mundo. A éste. Porque Martha concibió dos hijos más en el otro. Ella nunca consideró que su relación con el alienígena fuera un caso de infidelidad. “Eso sucedía en otro plano, en otra dimensión”, se justificó. Cuando confesó su verdad a Miguel Angel, su esposo, él no le reprochó nada. Al contrario, la mimó más, se interesó en sus manuscritos y le ayudó a registrarlos. El destino le iba a reservar otras adhesiones, como la de su segundo marido en la Tierra, la de su propia hija y tal vez la de los lectores de Ozonis, en algún lugar del Universo (Ediciones Silzú, 1998), único libro publicado de los dos que le dedicó a su experiencia, que ya se ha traducido al italiano y se conoce hasta en el Japón.
Guardé el relato del secreto romance entre Martha y Enis para el final de Invasores porque quise premiar al lector que entendió que valía la pena avanzar: es la historia más fantástica del libro. Tan fantástica que Martha conocía mejor que nadie sus efectos. “Creer en una cosa así es muy difícil”, me dijo, mientras sus ojitos verdes entraban en órbita rápida y yo estudiaba sus huesitos delgados, arrumbados en el sillón del geriátrico. Sin embargo, no hay incredulidad que impida disfrutar de su historia, que es la historia de la lucha solitaria de una mujer por volver creíble lo increíble.
Liliana, su hija, me había llamado para darme la noticia de su partida. Martha Green, seudónimo de Marta Rodríguez, autora de la más sorprendente autobiografía de una mujer sobre su relación con un extraterrestre, había fallecido el martes 2 de junio, a las 8 AM.
Liliana me contó que le llegó a leer el capítulo de mi libro. Martha le pidió que lo hiciera varias veces, como si quisiera asegurarse de la precisión de mi versión de su vida. Sí, lloré. Claro que lloré. También porque supe que ya no iba a volver a escuchar las historias de esta abuela dulce y hermosa. Por su hija supe que la vida de Martha tuvo momentos dolorosos. Pero sus experiencias -con las que nunca pretendió lucrar- le otorgaron una dimensión diferente. Sus viajes -hayan sido al espacio exterior o interior- fueron un escalón empinado y transgresor en su singular búsqueda de la felicidad.


Me alegra que todo haya ido bien, Alejandro. En cuanto al link a la nota, esa versión digital está incompleta. La versión completa está aquí.
Saludos
Sensacional la historia de Marta Green y su amante ET. Sensacional, pero imposible de creer. En tu nota escribís que la dejaste para el final como premio. ¿Pero premio a qué? ¿a la credulidad humana? ¡Que raye tenía la pobre!
Hola Marcelo. Arriba digo: “quise premiar al lector que entendió que valía la pena avanzar” (en la lectura del libro, evidentemente). También agrego: “es la historia más fantástica del libro”.
No sé a la credulidad de quién -o de quienes- debería premiar.
Insisto: indagué en la biografía de Martha porque sus experiencias -su vida en la Tierra, sus “viajes” a Ozonis, su regreso y el lugar que ella encontró en el mundo- la volvieron un personaje excepcional. Y eso, en mi opinión, tiene poco que ver con lo que cada cual decida hacer con sus propias creencias frente a lo que ella contaba. Ahora bien, si hay algo de lo que estoy seguro es que “raye” no es la expresión más afortunada para describir la rica complejidad de su vida. Descalificarla -mantenerla lejos de nuestra cordura ordinaria- puede resultar tranquilizador para sacarse rápidamente las dudas de encima. Pero no me parece justo, y no me lo parece porque en estos casos la descalificación no ayuda a comprender mejor los sucesos que acompañaron a personas como Martha a lo largo de su vida.
Me gustaría que leyeras el capítulo que le dedico a su historia en Invasores. Si lo hacés, contame si todavía pensás que Martha era “simplemente una rayada” o si hay algún sortilegio más de su aventura que merece la pena tratar de descifrar.
Gracias por tu mensaje.
El que se acuesta con extraterrestres amanece meado. Guarda con eso.
Si es así, ¡viva la lluvia amarilla! ¡Vivan los invasores! Entiendo la intención de Alejandro: su libro se explica solo. Nunca pensé que iba a leer un libro así sobre “ovnis”. ¡Es adictivo, no puedo dejarlo! ¡Felicitaciones Ale!
¡Gracias Fernán! Como sea, prefiero dormir con extraterrestres a tener pesadillas con dinosaurios :-)
Justamente , tuve durante mucho tiempo pesadillas horripilantes tras ver un clásico del cine B: “Reptílicus”. Aunque también, debo reconocer que tenía miedo a dormirme porque temía que me despertara de golpe y al lado de la cama estuviera Francisco Atienza (el extraterrestre con el que se encontraba F. Sinod) y empezara a darme consejos antes del amanecer = :-o
[...] hacia Mariana Guzzante, del diario Los Andes, y Fernando Toledo, de Diario Uno, por sus entrevistas cuando visité Mendoza. Otras noticias, como el amable comentario de Diego Rojas en Veintitrés, no están online. Por eso [...]
Hola Alejendro: buscando datos sobre la vida de Martha encontré datos sobre tu libro y voy a leerlo seguramente, Martha marcó una confirmacion en mi vida, si somos rayadas o locas viva todo eso, algo similar me pasó a mi y queria ver la posibilidad de conectarme con su hija Liliana, ya que la muerte de ella me produjo un vacio y mucha tristeza, ahora a quien le cuento mis experiencias y me cuenta las suyas? en que año murio Martha? estoy muy triste por la noticia.
Prometo leer tu libro y si podes darme informacion para conectarme con Liliana el unico lazo que tengo para poder hablar.
Muchas gracias
Stella Maris